La Joven y la Legión de Sapos

CAPÍTULO 1

En una ciudad donde los transeúntes vivían sus vidas cotidianas, había un gran contraste entre quienes mostraban respesto hacia los anfibios y aquellos que los molestaban. Sin embargo, la vida de una joven estaba a punto de cambiar para siempre.

Mel, una chica de 21 años, era conocida por su naturaleza amable y su gran creatividad. Vivía con su madre, en una pequeña pero acogedora casa, y mantenía una bonita relación con su familia y amigos. Sin embargo, había un secreto que la atormentaba: un profundo miedo a los sapos.

Era una noche tranquila y el aire fresco del exterior traía consigo los sonidos familiares de la ciudad. Mel se asomó por la ventana, su mirada se fijó en el jardín, donde algunos sapos saltaban de un lado a otro, alimentándose de los insectos. El simple hecho de verlos le provocaba escalofríos. Se apartó, intentando ignorar la situación que le generaba angustia.

—¡Mamá! —exclamó al acercarse a la sala —. Necesito hablar contigo.

Su madre, una mujer sabia y comprensiva, levantó la vista de un libro que leía y sonrió.

—Claro, Mel. ¿Qué sucede?

Mel se sentó al borde del sofá, con las manos entrelazadas.

—Es sobre los sapos... empezó con voz temblorosa. No puedo soportarlos, me hacen sentir tan incómoda. No quiero sentir este miedo, pero aquí estoy, asustada cada vez que los veo.

Su madre dejó el libro a un lado y se acercó, poniendo su mano en el hombro de Mel con ternura.

—Entiendo, cariño. Pero debes saber que los sapos no son peligrosos. Son seres inofensivos, solo quieren vivir en paz con nosotros. ¿Recuerdas lo que aprendiste en la escuela sobre ellos?

Mel frunció el ceño, recordando las clases de biología.

—Sí, pero sigo pensando que son... asquerosos. ¡Tienen esos ojos saltones y su piel!

Su madre suspiró, intentando encontrar las palabras adecuadas.

—Los sapos son importantes para el ecosistema, Mel. Ayudan a controlar a los insectos. Quizás, si conoces más sobre ellos, podrías sentirte menos asustada. Podríamos investigar juntos.

Los ojos de Mel se iluminaron parcialmente, pero aún había una sombra de duda.

—¿Y si no puedo? ¿Y si siguen asustándome?

—Tal vez necesitas enfrentarlo, poco a poco. ¿Qué tal si hacemos una visita a un parque donde haya sapos? Solo para observarlos. Te prometo que estaré contigo.

Mel dudó, pero la idea de tener a su madre era reconfortante.

—Está bien. Puede que lo intente. Pero no prometo que no gritaré.

Ambas rieron suavemente, y en ese momento, Mel sintió que había esperanza de superar su miedo. Sin saberlo, esa decisión iba a desencadenar una serie de eventos extraordinarios en su vida, descubriendo que los sapos no solo eran criaturas misteriosas, sino que también guardaban secretos que Mel jamás habría imaginado.

Y así, con la noche arropando sus miedos y la calidez del amor materno a su alrededor, Mel se preparó para el día que cambiaría su vida. Su aventura con la legión de sapos estaba a punto de comenzar.



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En el texto hay: joven, sapos

Editado: 24.03.2026

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