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La leyenda de Atzin

-Amox-

En el verano del 3010, los árboles tlaxcaltecas se pintaron de blanco y el agua quedó congelada.

Ese día, fue la primera vez que vi, quien realmente era ella.

Para un muchacho de 16 años era normal pasear con sus amigos por el bosque, sobre todo cuando las vacaciones estaban por llegar y la simple idea de librarnos de los molestos profesores robóticos aumentaban nuestra alegría, así que el tema en aquella ocasión, eran los planes para disfrutar el descanso como buenos niños despreocupados por el dinero.

—Sigan presumiendo sus planes—dijo Pedro torciendo la boca mientras con desgano le tiraba un poco de nieve a uno de los árboles—, mis padres solo quieren visitar a mi abuelo en la Ciudad de México.

—¡Pero eso es genial! —animó Germán—, podrías ver el mundial Tlachtli. Dicen que Ricardo García tiene nuevos movimientos de cadera para desbaratar esa pelota. —Comenzó a brincar de un lado a otro moviendo sus brazos y cadera imitando de la peor manera a un jugador profesional del juego de pelota, causando la risa de todos.

—A ti no te queda —burló Pedro— Eso déjaselo acá a mi carnal Amox —dijo señalándome con el pulgar.

Germán palmeo mi espalda.

—El orgullo de nuestra generación —me sonrío y siguió caminando.

—No soy tan buen jugador —dije encogiendo los hombros.

—Y lo dice el capitán popular —se carcajeo Pedro.

Era verdad que tenía cierta popularidad en el instituto, pero no me sentía la gran cosa, no es como si tuviera un grupo de fans o una chica obsesionada conmigo, o eso pensaba.

—De todas maneras, no suena tan mal su plan. —Traté de desviar el tema.

—Eso dices porque no conoces a nuestro abuelo—dijo Xóchitl abrazando a su hermano Pedro desde la espalda—, él es muy tradicionalista y cada vez que vamos quiere que juguemos con él en una de esas consolas manuales retro de videojuegos.

—Aburrido— expresé alargando la “u”— Apuesto que ni siquiera tiene una sala holográfica.

—Acertaste chapirul. —Pedro cargó a su hermana en su espalda mientras ella le tranzaba el cabello.

Yo solo sonreí por su insulto infantil y solté una carcajada cuando Xochitl le tiró un sape para defenderme.

—¡Hey, controla a tu novia por favor Amox!

—Yo no soy su novia —gritó avergonzada mientras me apuntaba con el dedo— ¿verdad que no somos novios Amox?

—¿Y no te gustaría? —pregunté sonriente mientras me recargaba en un muro en ruinas.

Xochitl tartamudeo y se aferró a los cabellos de su hermano.

—Oigan… ¿Si saben que sigo aquí verdad? —preguntó Pedro aguantando los jalones en su cabeza.

Pero antes de que me rechazaran, o eso pensaba que iba a hacer, los gritos de Germán nos alarmaron.

—OIGAN, VEGAN RAPIDO—gritó desde lo profundo del bosque.

Fui el primero en llegar. German estaba de espaldas en cuclillas bajo un enorme árbol y observaba hacia el suelo.  

—Nos asustaste ¿Qué pasó?

Al rodearlo vi como cubría su nariz y tenía ojos de terror. Con algo de miedo, seguí el rumbo de su mirada.

Por el susto resbalé con la nieve. Lo primero que vi fue un libro de papel, de esos que ya no se ven tan fácilmente, ensangrentado a un lado de un cervatillo destrozado de manera espeluznante, pero lo que enserio me alteró, fue ver a la chica que desprendía una tenue luminosidad mientras estaba tendida cubierta de trozos del animal.

Pedro y Xochitl llegaron enseguida y cuando vieron la escena, Pedro salió corriendo para vomitar cerca de un árbol y Xochitl palideció.    

—¿Cre-cren que sea una —German tartamudeo.            

—Tlahuelpuchi —expresó Xochitl.

—No, no, imposible —dije levantándome y tapando mi nariz para dejar de percibir el fétido olor—, la última de ellas murió hace 10 años y eso que ya era una veterana de la guerra.

—Esperen —dijo Xochitl acercándose—, la conozco. Es… ¡Atzin!

—Imposible —se quejó Pedro tratando de no mirar a donde estábamos— ¡¿La nerda del salón?!

—¿Quién? —pregunté. A pesar de estar en el mismo salón que ellos, no la reconocía.

—Cre-creo que solo está desmayada —Germán se ocultó atrás de mi—. Vámonos, si enserio es una vampira puede atacarnos.

—No seas tonto ¡¿Qué no ves que ni respira!? —le regaño Xochitl.

—Le hablaré a papá. —Pedro presionó su lóbulo izquierdo y su oreja comenzó a parpadear— ¡Papá, estamos en el bosque, creo encontramos una Tlahuelpuchil!...No, está en su forma humana creo que está muerta… ¡bueno pero!…de-deacuerdo.

Su oreja dejó de brillar y se dirigió a nosotros secando su frente.

—¿Qué te dijo? —pregunté.

—Dice que no nos movamos de aquí… que no tardará en llegar.

Xochitl bufó y se sentó en un tronco cercano cruzando las piernas.

—Que pérdida de tiempo —cruzó los brazos—, es obvio que la nerd terminó siendo una vampira ¡¿Y a mí qué?!, con razón era tan rara. Mejor me voy.

—Espera —la detuvo German—. Si tu papá dice que lo esperemos tenemos que hacerlo. Él sabrá porque, después de todo es un experto.  

—Lo que quiere es que nadie le robe el cuerpo de la investigación —dijo Pedro desde un par de metros más lejos.

—¡Exacto!—segundó Xochitl.

—Un momento —me desprendí del agarre de Germán para acercarme a la chica y ver su rostro bajo esos anteojos.

Mi bota se hundió en la nieve llena de sangre hasta que estuve muy cerca de ella. Tenía cabello corto color castaño claro, de la misma tonalidad que sus pecas sobre las mejillas que eran más notorias por su tono de piel. Además, vestía tan solo un blanco vestido con unos bordados, de los cuales, no pude reconocer de que región eran.

—No te acerques tanto —chilló Germán.

—¿Están diciendo que ella es la niña que siempre se sienta al fondo del salón? —cuestioné.




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