La Leyenda de Isthar #3. La Batalla por la Tierra

PARTE VIII: NUEVAS FUERZAS, NUEVOS ALIADOS

Robert

Después de salir de aquel hangar esquivando a las naves kamikazes, y tras hablar con mi hermano y que mi padre me transmitiera los acuerdos del Consejo de Seguridad. Marcus y yo pusimos rumbo hacia la gigantesca nave, que nos acogió la primera vez que subimos al espacio, una vez que el engendro al que habíamos atacado por sorpresa se había ido, pero ahora era diferente sabía que algo habíamos logrado. Por la radio había escuchado los gritos de júbilo de mis compañeros en la Tierra, pero también las expresiones de sorpresa y de halagos hacia nosotros por parte de todas las fuerzas aliadas y me pareció que debía dejar claro nuestro respeto y admiración por la Gran Canciller aunque pienso que cierto personajillo cercano a mi hermano mayor intentará desacreditarme ante él, como viene insistentemente haciendo.

Robert: "Águila 1 a Centro de Coordinación, necesito que me indiquen a que hangar debo incorporarme."

C.C.C.: "Aquí Centro de Coordinación del Combate sus naves deben dirigirlas hacia la zona de los propulsores alfa, allí tienen un comité de bienvenida de parte de todos los que formamos estas Tropas Imperiales. K1."

Prácticamente nos enviaban a estribor, así fue como los dos lo entendimos a la perfección, el chisme este que nos colocaron es bastante efectivo, no solamente nos traduce literalmente sino que si hay algún tipo de segunda intención lo detectamos enseguida. Estaba en mis elucubraciones mentales cuando Marcus me habló por la línea interna.

Marcus: "Robert, ¿Crees que estará la Gran Canciller esperándonos?"

Robert: "Sinceramente no lo sé... para... tú no quieres ver a la Gran Canciller, lo que deseas es que libere del servicio a la Capitana para poder seguir haciendo de Romeo..."

Marcus: "La verdad es que sí que me gustaría es poco, deseo volver a estar con ella... además el pequeño Matías le ha cogido enseguida cariño, a pesar de que él no entiende nada de lo que le dice..."

Robert: "Tranquilo si necesitas que yo te excluya del equipo para que te quedes como soldado raso con tu Capitana no tengo problema..."

Marcus: "Joder Robert..."

Pocos momentos después nos posamos en el hangar que nos habían indicado, y, al igual que la otra vez, una especie de andamio bajó de las alturas hasta situarse a una posición más cómoda para salir nosotros de nuestros cazas. Nada más de subir al andamio se me cuadraron, a nuestro estilo, un grupo de chicas y chicos.

Chica Líder: "Se presenta la Comandante Lucinda Jefa de aprovisionamiento y responsable de encriptación de comunicaciones del Equipo Vía Láctea."

Robert: "Un placer conocerla Lucinda. Se presenta el Capitán Robert Jefe del Escuadrón Águila, y a mi derecha el teniente Marcus.", respondiendo con el mismo saludo.

Lucinda: "Es un honor y un placer recibir a tan distinguidos visitantes, si me hacen el favor, les guiaremos hasta su Alteza Imperial, la Gran Canciller Isthar."

Robert: "El placer y el honor es nuestro, nunca pensé en encontrarme con los descendientes de los exiliados..."

Marcus: "Menos perorata y más caminar que yo ya estoy cansado..."

La salida de Marcus nos hizo reír a todos los presentes, el no entiende de protocolos ni de esas zarandajas como dice. Él prefiere las cosas sencillas y sin tanto caché. La otra vez no me di cuenta, pero ahora veo que, aunque vamos por otra ruta, cada vez que llegamos a una puerta la Comandante teclea un código y podemos seguir avanzando.

Robert: "Lucinda, disculpa si es indiscreta mi pregunta. ¿Porqué cada vez que nos acercamos a una puerta tecleas algo parecido a un código?"

Lucinda: "Muy sencillo, casi todos nosotros, aparte del dispositivo de entendimiento, llevamos otro que nos permite ir hacia nuestro lugar de trabajo. Ustedes si se acercasen a cualquier puerta, se encendería una señal negra indicando que no está autorizado, y vendrían las tropas locales de seguridad, por lo que nosotros, que estamos autorizados, tecleamos el código de invitados y la cúpula de seguridad no lo escanea."

En aquel momento la plática cesó, pues nos encontrábamos en un amplio salón repleto de militares alienígenas, y en medio de todos la Gran Canciller Isthar, y siempre que la miro, aunque la máscara me oculte su rostro, veo un aire de mucha tristeza, y no quiero preguntarle el motivo por no ser descortés, pero alguien con unos ojos tan bellos como esos debería estar alegre y contenta.




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