Se dice que el monte Emei, en Sichuan, es uno de los lugares mas celebres de la tierra de Shu. Los antiguos afirmaban que los paisajes del oeste de Shu eran extraordinarios, y que Emei los superaba a todos. No exageraban.
En el oeste de Shu abundaban los templos, monasterios y santuarios. Cada ano llegaban devotos desde miles de li de distancia para venerar la montana. Ademas, Emei reunia cumbres altas, aguas claras, laderas superpuestas y vistas cambiantes; por eso tambien acudian muchos viajeros que solo deseaban contemplar el paisaje.
La parte posterior de la montana era aun mas misteriosa.
Desde antiguo se decia que en montes hondos y grandes pantanos nacen dragones y serpientes, y que los bosques cerrados y valles profundos son refugio de tigres, leopardos, chacales y lobos. Quienes se aventuraban por la parte trasera de Emei a menudo no regresaban. La gente, sin saber la verdad, inventaba explicaciones: unos decian que habian sido devorados por fieras o monstruos; otros, que inmortales y budas los habian llevado a otra existencia. Nadie se ponia de acuerdo.
Los hombres, al fin y al cabo, son de carne y hueso. Ocho o nueve de cada diez tienen voluntad fragil. Con tantos ejemplos de viajeros desaparecidos, cada vez menos personas se atrevieron a internarse en aquella zona. Eso favorecio a los hombres extraordinarios que buscaban retiro en la parte posterior de la montana: libres de ruido y de polvo mundano, pudieron disfrutar en paz de aquel paraje espiritual.
Pero dejemos eso por ahora.
Tras las revueltas de Zhang Xianzhong al final de la dinastia Ming, Sichuan quedo devastada. De diez casas, nueve estaban vacias. A veces se recorrían cientos de li sin encontrar humo de cocina ni rastro de gente. La antigua tierra de abundancia parecia entonces una ciudad de fantasmas.
Cuando los manchues entraron en China y se establecio la nueva dinastia, los funcionarios de frontera propusieron trasladar poblacion desde provincias cercanas, como Hunan, Hubei, Jiangxi y Shaanxi. Sichuan era extensa y fertil; tenia cuanto se necesitaba. Muchos de los recien llegados acabaron sintiendose tan comodos que casi olvidaron sus lugares de origen. Poco a poco, la region recupero la vida y la densidad de otros tiempos.
En el segundo ano del reinado de Kangxi, una pequena barca subia por el rio desde las gargantas de Wu.
Ademas de los barqueros, viajaban en ella solo un padre y su hija. Llevaban poco equipaje: un fardo sencillo, muy pobre, y otra bolsa mucho mas pesada, como si dentro hubiera piezas de hierro.
El anciano tenia apenas cincuenta anos, pero el cabello y la barba ya se le habian vuelto blancos. Al levantar la cabeza, sus ojos lanzaban una luz penetrante. Las arrugas le cubrian el rostro. Bastaba verlo una vez para saber que habia sufrido mucho.
La muchacha tendria doce o trece anos. Era de una belleza poco comun. Se apoyaba junto a su padre y, con voz suave y respetuosa, le senalaba las nubes y las laderas envueltas en humo, preguntando una cosa tras otra. En ella se veian inocencia y profundo carino filial.
Ya caia la tarde. El humo del crepusculo se alzaba por todas partes. La luz se volvia azul y remota. Desde una esquina de la montana salio una luna redonda, clara, capaz de iluminar cejas y cabellos.
De pronto, el anciano exclamo:
- Como soportar mirar atras hacia la patria perdida bajo esta luna brillante? Con montanas y rios como estos, cuando podre recuperar lo que fue de mi casa?
Su voz se quebró. Las lagrimas le llenaron las mejillas.
La muchacha dijo:
- Padre, vuelve a entristecerte. Las cosas del mundo tienen su destino. Lamentarse sin fin no ayuda. Lo importante es que cuides tu salud.
Mientras hablaban, el barquero se acerco.
- Senor, ya es tarde. Delante esta el famoso Pico del Cuervo. Hay una aldea alli. Podemos atracar, descansar y comprar vino y comida.
El anciano respondio:
- Esta bien. Ve tu. Hoy estoy cansado y no bajare a tierra.
Al poco rato llegaron al lugar. Los barqueros amarraron la embarcacion y subieron a la orilla.
La luna brillaba como si fuera de dia.
Padre e hija sacaron el vino y las viandas que traian y las dispusieron en la proa. Bebian juntos sin mucho animo cuando, a lo lejos, entre los arboles, aparecio un hombre vestido de blanco. Bajo la luna se lo veia con claridad. Caminaba hacia la barca mientras cantaba. Su voz era alta y limpia, de una pureza capaz de hacer vibrar metal y piedra.
Cuando ya estaba cerca, el anciano, movido por el momento, lo llamo:
- Buena noche, buena luna. No deberia desperdiciarse un paisaje asi. En esta barca hay vino y comida. Hermano, por que no bajas y compartes unas copas?
El hombre de blanco cantaba con alegria. Al oir la invitacion, penso: "En esta zona vive sobre todo gente de Sichuan y Hunan; rara vez se encuentra a alguien del norte. Este hombre habla con acento de la capital. Sin duda es paisano mio. Si me invita, no estara mal aceptar unas copas".
Mientras pensaba eso, llego a la barca.
Los dos hombres se miraron fijamente. En cuanto se reconocieron, se abrazaron y rompieron a llorar.
El anciano dijo:
- Desde que nos separamos en la capital, quien habria imaginado que volveriamos a encontrarnos aqui? Las personas siguen siendo las mismas, pero montanas y rios ya no son los de antes. Como no va a romperse el corazon?
El hombre de blanco respondio:
- Tras lo de Yangzhou, oi decir que mi hermano mayor habia muerto de forma horrible. Quien iba a pensar que nos veriamos en tierra extranjera? Desde hoy, en mi destierro bajo el cielo, tengo un amigo verdadero mas. Ya no puedo decir que mi camino este solo. Esta muchacha debe de ser tu hija, no?
El anciano dijo:
- Al verte, me sobrecogieron la sorpresa y la alegria, y olvide presentarte a mi hija Yingqiong.
Luego llamo:
- Yingqiong, ven a saludar a tu tio Zhou.