Zhou Chun y Yaner entraron en Zhiweilou para comer. Apenas cruzaron el umbral, vieron algo colgado junto al mostrador que llamaba mucho la atencion.
Al mirarlo con cuidado, reconocieron la gran calabaza de laca roja que usaba para el vino el daoista borracho encontrado al pie de Emei.
Miraron alrededor, pero no habia rastro de aquel hombre.
Al principio pensaron que en el mundo habia muchos objetos parecidos y que tal vez solo fuera una coincidencia. Se sentaron, pidieron vino y comida, y comieron sin darle demasiadas vueltas. Pero cuanto mas pensaba Zhou Chun en ello, mas extrano le parecia.
Llamo al camarero y pregunto:
-Esa calabaza roja que tienen en el mostrador parece muy apropiada para guardar vino. Donde la compraron?
El camarero respondio:
-Si preguntan por esa calabaza, senores, no es de la casa. Hace cinco dias vino un daoista pobre, vestido con harapos. La llevaba a la espalda. Aunque parecia muy miserable, tenia una capacidad enorme para beber. Cada dia venia a nuestra tienda y bebia, como minimo, diez jin. No paraba hasta emborracharse. Cuando se emborrachaba, dormia; al despertar, bebia de nuevo.
El camarero, al recordar aquellos dias, no pudo evitar cierta admiracion.
-Al principio, al verlo tan pobre, pensamos que tal vez venia a estafarnos vino, que beberia y luego se haria el violento para no pagar. Pero despues de comer y beber nunca le faltaba ni una moneda. Al marcharse, siempre llenaba esa gran calabaza para llevarla consigo. Cada dia le vendiamos al menos cincuenta o sesenta jin de nuestro mejor licor daqu. Al final se convirtio en un buen cliente.
-Cuando bebia hasta caer dormido, salvo para pedir mas vino, apenas hablaba. Era de muy buen comportamiento en la bebida, asi que lo tratabamos con respeto.
El camarero senalo la calabaza.
-Esta manana bebio aqui como de costumbre y se llevo otra calabaza llena. Dos o tres horas despues volvio con una tunica acolchada de la gente comun bajo el brazo. Bebio casi una hora mas. Esta vez, al marcharse, dijo que no habia traido dinero y que dejaba la calabaza como prenda. Tambien dijo que, antes de dos horas, alguien vendria a pagar por el.
-Como en estos cinco o seis dias ya nos habia comprado doscientos o trescientos jin de vino, mas de lo que solemos vender en un mes, no nos atrevimos a faltarle al respeto. Preferiamos apuntarle la deuda y no aceptar su objeto. Pero el insistio. Dijo que en toda su vida nunca habia recibido nada gratis; que esta vez habia olvidado traer dinero, y que cuando otros trajeran el pago, la calabaza serviria de senal. No pudimos convencerlo y tuvimos que dejarla aqui por el momento.
El camarero concluyo:
-Aunque a usted le guste, nuestra casa no puede venderla en su nombre, y tampoco sabemos donde podria comprarse una igual.
Zhou Chun escuchaba mientras reflexionaba.
Luego dijo:
-Cuanto debe ese daoista en total? Anadanlo a nuestra cuenta.
El camarero sospecho que Zhou Chun queria pagar para llevarse la calabaza, asi que respondio:
-Ese daoista es un cliente conocido de la casa. No creo que deje la deuda sin pagar. No hace falta que usted se moleste.
Yaner estaba por hablar, pero Zhou Chun le hizo una sena rapida para que callara. Comprendio la preocupacion del camarero y dijo:
-No sospeches. Ese daoista es amigo nuestro. Es correcto que yo pague su cuenta de vino. La calabaza debe seguir bajo su cuidado. Si el no viene en persona, no se la entreguen a nadie.
Solo entonces el camarero entendio que habia malinterpretado la intencion de Zhou Chun. En realidad, tambien temia que la deuda del daoista no fuera segura. Lo habian atendido tanto que les daba verguenza negarle credito, pero si alguien se llevaba la calabaza y despues el daoista volvia a reclamarla, tendrian problemas.
Ahora, al ver a Zhou Chun tan generoso, acepto de buena gana. Junto con la comida de maestro y discipulo, la cuenta total fue de dos taeles, un qian y cinco fen de plata.
Zhou Chun pago la cuenta y anadio algo para el vino. Luego salio con Yaner hacia la casa del muchacho.
Yaner queria preguntar por el origen del daoista, pero Zhou Chun le dijo que no hablara y solo lo apuro a caminar.
No tardaron en llegar a la puerta de la casa de Yaner. La anciana madre de Zhao Yaner estaba alli, mirando hacia el camino por donde venian. Al ver a su madre, Yaner dejo a Zhou Chun y se lanzo a sus brazos.
Zhou Chun, al ver aquella escena, asintio en silencio.
La madre de Zhao sostuvo a su hijo y recibio a Zhou Chun en la casa. Aunque la vivienda tenia solo tres habitaciones de barro, estaba limpia y ordenada. En la sala habia un telar. Sobre el bastidor quedaba una pieza de tela a medio tejer. En un costado descansaban una tunica acolchada de seda hu y un gran paquete que parecia contener plata.
Yaner exclamo:
-Maestro, mire! No es esta la tunica que usted le dio al daoista pobre? Como llego a mi casa?
La madre de Zhao explico:
-Hace poco vino un daoista. Dijo que el senor Zhou y Yaner se habian retrasado en el camino y que llevaban demasiada plata encima, lo que les resultaba incomodo, asi que le habian pedido traerla primero. Yo conozco bien las artes superiores del senor Zhou; incluso Yaner tiene bastante fuerza bruta. Como iba a parecerles pesada una cosa asi? Por eso no quise aceptarla.
-El daoista entonces mostro como prueba esta tunica del senor Zhou. Esta prenda la hice yo con mis propias manos; aunque los puntos ya no se vean tan claros, todavia puedo reconocerlos. La acepte a la fuerza, pero segui dudando. Como el daoista dijo que el senor llegaria pronto, sali a mirar desde la puerta. Y en efecto, al poco tiempo usted vino.
Zhou Chun, al escucharla, abrio el paquete de plata. Habia mas de trescientos taeles. Dentro venia tambien un papelito con ocho palabras escritas con trazo vivo, como dragon y serpiente en movimiento: