Padre e hija quedaron profundamente conmovidos al oir el relato de Yuncong.
Yuncong les pregunto entonces como lo habian salvado.
El anciano dijo:
-Este viejo se llama Zhang Laosi. Como siempre he sido hombre honrado, otros me pusieron el apodo de Zhang Laoshi, Zhang el Honesto. Mi esposa murio hace anos. Solo quedamos mi hija Yuzhen y yo. Llevamos mas de diez anos cultivando el huerto de verduras de ese templo. No imaginaba que esos monjes fueran tan feroces.
El anciano fruncio el ceño.
-Segun lo que usted cuenta, aunque ahora haya escapado con vida, manana, cuando pare la lluvia, los monjes iran a revisar la cueva de piedra. Sin duda veran por donde huyo y entenderan que llego a mi casa. En mi juventud aprendi algo de puno y baston, pero dos punos no vencen a cuatro manos. Mi hija y yo no somos rivales para esos monjes. Si nos arrastran con usted, eso no importa tanto; pero su vida, joven senor, estaria perdida.
Luego conto:
-Esta noche yo ya estaba dormido. Fue mi hija Yuzhen quien me desperto diciendo que un joven habia caido del muro. Al principio pense que seria algun amigo del jianghu herido al pedir dinero de viaje en el templo, y que habia escapado a mi patio. Pensaba despertarlo, preguntarle su origen y luego ayudarlo a marcharse. No esperaba que fuera usted un joven noble, y ademas nuevo juren. Ya casi amanece. La situacion es peligrosísima. Debe decidir rapido.
Yuncong, al oirlo, se lleno de miedo. Olvido el dolor de manos y pies, se arrodillo y suplico que le salvaran la vida.
Zhang Laosi dijo:
-Joven senor, levantese. Deje que hable con mi hija y pensemos.
Llamo a Yuzhen afuera. Padre e hija discutieron durante un buen rato. Luego volvieron y el anciano dijo:
-Ahora no hay manera perfecta de resolverlo. Si pensara solo en la seguridad de mi hija, lo mejor seria atarlo y devolverlo al templo. Asi nos quitariamos responsabilidad y tal vez recibiriamos recompensa de los monjes. Pero esa clase de cosa no podria hacerla Zhang Laosi.
-Hay dos caminos, elija uno. El primero: abro ahora la puerta y lo dejo huir. No avisare a nadie. Pero en diez li a la redonda casi todas las familias cultivan tierras del templo, y en varios lugares tienen ojos puestos. Si logra escapar o no dependera de su suerte.
-El segundo: mi hija y yo escapamos con usted. No es seguro, pero es mucho mas probable. Este viejo no quiere dejar su tierra; pero ya tengo mas de cincuenta anos y solo una hija. No quiero contrariar su voluntad. Ahora bien: si abandono casa y arriesgo la vida para salvarlo, cuando usted escape, donde viviremos mi hija y yo? A eso debe darme una respuesta clara.
Yuncong vio que el anciano tenia espiritu vivo y ojos brillantes. Supo que no era un simple campesino. Ademas, en medio de la calamidad, estaba dispuesto a abandonar su hogar para salvarlo. La gratitud lo desbordo.
-Anciano, usted es un hombre justo y caballeroso. Aunque diera mi vida no podria pagarle. Yo heredo las nueve ramas de mi familia y tengo algunas propiedades. Lo que usted ordene, obedecere. Solo me duele pensar que, por mi causa, deje la casa donde ha vivido tantos anos.
En ese momento la joven salio.
Zhang Laosi dijo:
-Ya que entiende el peligro, no perderemos tiempo. Ademas, no temo que usted sea ingrato. Es hombre de libros, y sabra que entre hombre y mujer debe guardarse decoro.
Yuncong respondio:
-Anciano, esas palabras no son justas. Desde pequeno estudio y conozco algo de rectitud. Aunque viajara con su hija de noche, incluso sin usted en el camino, como me atreveria a portarme mal? Eso me convertiría en una bestia.
Zhang Laosi fruncio el ceño.
-De verdad eres un raton de biblioteca. Solo piensas en salvar la vida, pero sabes como vas a huir?
Yuncong no entendio.
El anciano dijo:
-Creciste en una casa rica, mimado desde pequeno. Despues de varios dias de terror y cansancio, de escapar casi muerto bajo viento y lluvia, tienes manos y pies heridos. La lluvia aun no cesa. No digamos recorrer un camino largo; temo que no puedas caminar ni medio li.
Yuncong recordo sus heridas. Intento dar dos pasos. El dolor era insoportable. Las lagrimas le corrieron por el rostro.
Zhang Laosi dijo:
-No te desesperes. Si no tuviera un modo de ayudarte, por que mi hija y yo arriesgariamos la vida contigo?
Yuzhen entro con dos bultos y una pieza de lino de verano.
-Ya se hace tarde. Todo lo necesario esta preparado. Padre, envuelva bien la espalda del joven Zhou. Yo ire por comida. Comeremos y partiremos enseguida, para que la demora no traiga cambios.
Zhang Laosi rasgo el lino en dos partes. Con una amarro la espalda de Yuncong en forma de cruz; con la otra preparo una sujecion entre piernas y muslos.
Yuzhen trajo una bandeja con vino frio, verduras frias y arroz. Con agua tibia preparo tres cuencos. Los tres comieron deprisa.
Luego Yuzhen volvio a la otra habitacion y entro a apurarlos.
Zhang Laosi cargo a Yuncong en la espalda, paso las telas por el pecho y tambien hizo una cruz. Luego aseguro las piernas del joven. Yuzhen se quito la ropa larga, vistio una chaqueta corta gris, abrocho el cierre marcial sobre el pecho, coloco en diagonal las armas de padre e hija y cargo los dos bultos, uno a cada lado.
Zhang Laosi apago las lamparas de aceite. Los tres abrieron en silencio la puerta trasera y, pegados al muro, caminaron hacia el camino oficial.
La lluvia habia disminuido, pero no cesaba. El camino estaba fangoso hasta los tobillos y era dificil avanzar. No habia luz. Padre e hija caminaron tropezando hasta casi el amanecer, y apenas habian recorrido cinco o seis li.
Bajo las estrellas palidas de la manana, vieron a lo lejos una choza junto a un gran arbol. De ella salia humo de cocina.
Yuzhen dijo:
-Padre, mire. Esa casa no es la tienda de tofu del tio Qiu? Por que no entramos a descansar las piernas y cambiar la carga?