Tao Jun estaba todavia preguntandose por que la monja Suyin lo habia llamado por su nombre de infancia cuando vio una luz blanca, larga como una pieza de seda, volar hacia el campo de batalla. Creyo que ella iba a matar a Xu Yue con una espada voladora y se estremecio.
Al mirar de nuevo, los dos combatientes que peleaban a vida o muerte ya habian sido separados. Quien los habia apartado era nada menos que el maestro que Tao Jun habia esperado con tanta ansiedad: Zhu Mei, el Anciano Bajo. Tao Jun se alegro hasta perder el dominio de si mismo, corrio hacia el y se arrodillo junto con Xu Yue.
Suyin habia temido que Yinggu, arrebatada por la ira, soltara su espada. Sabiendo que el peligro era extremo, envio su propia espada para interceptarla. Pero entonces vio aparecer de pronto a un viejo, que tomo en la mano la espada de Yinggu. Suyin se quedo atonita. Al fijarse mejor, reconocio al antiguo inmortal de la espada Zhu Mei, uno de los famosos Dos Ancianos de Songshan.
Quince anos antes, cuando acompano a su maestra a Emei, al risco Motian, para visitar al maestro Yizhen, lo habia visto una vez a media montana. Como era el primer inmortal de la espada que encontro al entrar en el Camino, y ademas tenia una figura tan singular, la impresion le habia quedado grabada. No se atrevio a demorarse y fue de inmediato a saludarlo.
Al principio, Yinggu y Xu Yue habian luchado durante varias horas sin decidir la victoria. Yinggu, despues de todo, tenia poca experiencia y no podia contener el temperamento. Varias veces estuvo a punto de caer en las tretas de Xu Yue; lejos de agradecerle que el se contuviera, se enfurecia aun mas por verguenza.
Mientras Suyin miraba a Tao Jun, Xu Yue, que habia combatido con Yinggu toda la manana, pensaba que aquello no podia seguir asi. No queria herirla, pero ella no sabia avanzar ni retirarse. Decidio entonces darle una leccion severa. Reunio el animo, sostuvo la lucha y empezo a preparar una trampa.
Yinggu tambien se impacientaba por no poder vencer. Penso que aquel hombre era demasiado astuto y que no caeria en el engano si no se le ofrecia una ventaja. No sabia que, frente a la Lihua Qiang de la familia Xu, cualquier astucia barata se pagaba cara.
En ese momento Xu Yue le lanzo una estocada de frente. Yinggu penso que el volvia a usar una finta con golpe real oculto y lo maldijo para sus adentros. Supuso que repetiria la maniobra anterior, pasando la lanza a la mano izquierda para sorprenderla. Por eso fingio una abertura, hizo ademan de levantar la espada y dejo descubierto el pecho, lista para volar contra la parte alta del cuerpo de Xu Yue cuando la punta entrara.
Pero el arte de Xu Yue era ya demasiado puro. Su lanza seguia el principio de mover mil jin con cuatro liang: si no llegaba al punto justo, no retiraba en falso. Al ver que Yinggu venia un poco tarde, retrocedio, avanzo de improviso, inclino apenas la vara de la lanza y la presiono sobre el lomo de la espada. Luego giro con fuerza.
Sono un repiqueteo de metal. Yinggu no alcanzo ni a retirar ni a avanzar la espada. La potencia de Xu Yue le abrio la mano entre el pulgar y el indice; la espada salio disparada y cayo al suelo. Al mismo tiempo, la lanza de Xu Yue rozo el filo y quedo cortada en dos, de modo que en la mano solo le quedo media vara.
Xu Yue no se detuvo. Con aquel tramo de cuatro o cinco pies ejecuto una entrada rapida como un relampago hacia el bajo vientre de Yinggu. Ella, avergonzada y furiosa, no pudo resistir y salto atras. Cuando esquivo el golpe, Xu Yue ya habia recogido su espada. No la persiguio. Se quedo sonriendo, con la espada entre las manos.
Al ver que su arma estaba en poder del enemigo, Yinggu ardio de rabia. Ya no penso en sus palabras anteriores ni en otra cosa que en vengarse. Saco del pecho la espada Qingni, que su maestra habia refinado anos atras para defenderse de demonios.
Xu Yue vio el enojo en el rostro de Yinggu y la pequena caja de espada que ella sacaba de la cintura. Comprendio que algo iba mal. Antes de que pudiera hablar, Yinggu abrio la caja. Una luz verde salio disparada hacia su cara. Xu Yue supo que no podia escapar; suspiro, cerro los ojos y espero la muerte.
En ese instante, cuando ya no habia remedio, oyo una carcajada. Paso un buen rato sin que ocurriera nada. Al abrir los ojos, vio ante si al Anciano Bajo Zhu Mei, el mismo que habia encontrado junto al rio dias antes. Una luz blanca, como seda extendida, regresaba hacia la joven monja. La luz de espada del enemigo estaba ya en la mano de Zhu Mei, doblandose y estirandose como una pequena serpiente, con un frio brillo verdoso.
Suyin y Tao Jun llegaron uno tras otro a saludar a Zhu Mei. Solo entonces Xu Yue desperto del aturdimiento. Si Zhu Mei no hubiera llegado, su vida ya se habria perdido. ?Por que seguia de pie como un tonto? Se arrodillo de prisa y agradecio el rescate.
Al verlos a todos de rodillas, Zhu Mei se disgusto mucho y grito:
-!Levantaos todos ahora mismo! Si seguis con estas ceremonias vacias, voy a enfadarme.
Suyin habia oido muchas veces a su maestra hablar del caracter extrano de Zhu Mei, asi que obedecio de inmediato. Pero Xu Yue y Tao Jun no escucharon bien. Uno estaba abrumado por la gratitud, el otro por la alegria, y los dos siguieron inclinando la cabeza.
Zhu Mei perdio la paciencia. Se acerco y le dio a Tao Jun una bofetada. Tao Jun quedo mareado, vio estrellas y entendio todo al reves: creyo que el maestro lo culpaba por haber presentado a Xu Yue. Cuanto mas se asusto, mas golpeo la frente contra el suelo, pidiendo perdon.
Xu Yue vio que Tao Jun recibia golpes sin razon y se arrodillo tambien para suplicar por el. Cuanto mas insistian ambos en inclinarse, mas crecia la ira de Zhu Mei. Le dio a Tao Jun dos patadas mas. Luego se volvio, se arrodillo delante de Xu Yue y dijo:
-Yo, este viejo, no debi venir a salvarte, y tampoco debi aceptar que te arrodillaras. Como no te he devuelto el saludo, sigues sin levantarte. No eres mi discipulo de obstaculos karmicos, asi que no puedo pegarte. ?Que tal si te devuelvo unas cuantas reverencias?