Inquieta por naturaleza, Yingqiong se acerco a la ventana y miro hacia la calle. La habitacion no quedaba lejos de la entrada de la posada, de modo que podia verlo todo con claridad.
En ese momento entro el mozo con un cuenco de carne de cerdo cocida al vapor sobre harina de arroz. Li Ning iba a llamar a su hija para que comiera antes de que se enfriara cuando la oyo exclamar:
—¡Padre, ven a ver! ¿No es ese el monje?
Li Ning se asomo. Una multitud rodeaba al mismo monje de cejas blancas y rostro encendido que habian encontrado poco antes en la calle.
El mozo, rapido de lengua, se adelanto a cualquier pregunta.
—Coma primero, señor, antes de que se enfrie. Con este frio ya no sabra igual. A nosotros nos da lo mismo quien se aloje, con tal de que pague. Pero hoy, con la temporada de peregrinacion del decimo mes, solo quedaba libre este cuarto. Ese monje podria alojarse en cualquiera de los templos cercanos y ahorrarse el gasto, pero no quiere. Ha venido a exigir precisamente esta habitacion. El dueño le ofrecio hasta el cuartito interior de la contaduria. Lo rechazo y dijo que el fengshui de este cuarto es tan bueno que quien duerma aqui se volvera inmortal. Si no se lo damos, amenaza con quemarlo.
Yingqiong fruncio el ceño.
—Ese monje no tiene ninguna razon.
No habia terminado cuando la voz del hombre retumbo desde la calle:
—¡He venido y ni siquiera te has dado cuenta! Si dices que no tengo razon, pues no la tengo. Pero, razonable o no, si no me ceden el cuarto, me marcho.
Li Ning ya no pudo permanecer sentado. Salio deprisa, se acerco al monje y le hizo una profunda reverencia.
—El establecimiento esta lleno, venerable maestro. Si no le desagrada, venga primero a sentarse en mi habitacion mientras buscan otro lugar. Y si mi cuarto le agrada, yo me mudare a la contaduria y se lo cedire.
El monje lo examino.
—Al menos sabes entender una situacion. Pero si acepto, quiza me tiendas una trampa y luego me causes incontables problemas. No quiero caer en tu engaño.
La multitud empezo a protestar. Li Ning trataba de ayudar a la posada, y aquel monje seguia comportandose como un desvergonzado. Sin embargo, cuanto mas lo censuraban, mas cortes se mostraba Li Ning.
De pronto, el monje solto una carcajada.
—No creas que soy del todo irracional. Un religioso que viaja no carga grandes sumas de plata. Tu habitacion, con comida, cuesta cuatro o cinco qian al dia. Si me la cedes, me obligaras a gastar demasiado. Hagamos un trato: tu duermes en el cuarto barato, pero pagas el precio del caro; yo duermo en el caro, pero pago el barato. Ocho fen diarios, solo alojamiento. Si aceptas, bien. Si no, sigue tu camino y yo buscare otro sitio.
—Nuestro encuentro no puede carecer de afinidad —respondio Li Ning—. Un gasto tan pequeño no significa nada. Quedese en la habitacion superior; yo pagare tambien su comida.
—¡Excelente!
El monje se volvio hacia todos.
—Lo habeis oido. El paga por voluntad propia. Nadie podra decir que lo he extorsionado. Ya avise que, si queria ese cuarto, nadie se atreveria a negarmelo.
Los presentes casi reventaron de ira. Uno aceptaba la perdida con toda humildad; el otro daba por sentado que comeria y beberia gratis y aun se jactaba de ello. El posadero intento advertir a Li Ning con la mirada, pero este fingio no entender y apresuro la mudanza.
Asi, Li Ning llamo a Yingqiong y ambos pasaron al cuartucho de la contaduria. El monje entro con la cabeza alta en la habitacion superior y, apenas se sento, comenzo a pedir vino y platos sin descanso.
El nuevo alojamiento era un pequeño almacen donde se amontonaban objetos viejos. Sucio, oscuro y mal ventilado, apenas parecia habitable. El posadero, avergonzado, entro varias veces a disculparse. Li Ning se mostro tan tranquilo como de costumbre.
—Quienes viajamos dormimos donde podemos. No tiene importancia.
Entretanto, el monje habia encargado una mesa entera de los mejores platos vegetarianos. El mozo, indignado por cuenta ajena, fue a prevenir a Li Ning.
—Ese hombre no sabe distinguir el bien del mal. Aunque quiera alimentar a un monje como obra piadosa, no permita que lo tomen por necio.
Li Ning sonrio para sus adentros ante la mirada limitada del joven, pero comprendio que hablaba con buena intencion.
—He venido a la montaña por un voto y no discutire con un discipulo de Buda. Atiendelo bien. Gaste lo que gaste, yo pagare. Si se marcha satisfecho con tu servicio, recibiras una buena propina.
El mozo tuvo que obedecer. Yingqiong, por su parte, comprendio que su padre perseguia algun proposito. No le preocupaba el dinero, aunque ardia de curiosidad por conocer la identidad del monje. Cada vez que quiso preguntar, Li Ning la detuvo.
Al caer la noche, padre e hija terminaron la cena que la interrupcion habia dejado a medias. Habia pasado ya la primera vigilia cuando la posada cerro sus puertas y los peregrinos se retiraron a sus cuartos.
Li Ning permanecio un rato abstraido ante una solitaria lampara de aceite. Cuando Yingqiong volvio a interrogarlo, se puso de pie.
—No salgas. Si tienes sueño, acuestate primero.
—¿Vas a visitar al gran monje?
Li Ning asintio.
—Hablaremos cuando regresemos a la montaña. No preguntes mas.
Salio sin ruido. Las luces de las otras habitaciones se apagaban: los peregrinos dormian temprano para levantarse antes del alba. Li Ning llego bajo la ventana del cuarto superior y miro por una rendija.
La lampara ardia con fuerza. Bajo su base habia un papel. Del monje, ni rastro.
La puerta estaba atrancada desde dentro. Li Ning abrio suavemente la ventana, salto al cuarto y tomo la nota. Solo contenia tres caracteres recien trazados:
Ningbi Ya.
El ocupante no podia haberse marchado mucho antes. Li Ning devolvio el papel, salio de un salto y subio al tejado. La calle estaba desierta. Estrellas y luna colgaban sobre una ciudad silenciosa; desde los callejones llegaban, dispersos por el viento, ladridos y golpes de vigilante. El dragon divino habia mostrado apenas la cabeza; el ganso salvaje ya se perdia en la oscuridad. No quedaba huella alguna.