Guanghui Shitai vio que Yingnan no podia soportar la idea de separarse de ella y sonrio.
—Nina necia, ¿que banquete de la vida no termina por dispersarse? Tampoco es posible conservarlo todo. Si tu no me hubieras retenido, yo ya no estaria aqui. Ahora que has encontrado un refugio tan bueno, ¿por que te niegas a dejarme? ¿Acaso pretendes seguirme hasta el Cielo Occidental?
Yingnan no comprendio la intencion de su maestra y siguio suplicando.
—Ya que no quieres dejarme, sea —dijo Guanghui—. Todavia nos queda un mes juntas. Durante ese tiempo podras ir y venir entre ambos lugares. Despues ya veremos.
Yingnan pregunto adonde iria al cabo de aquel mes. Guanghui se limito a sonreir y la mando a dormir.
A la manana siguiente, Yingnan termino primero sus deberes, informo a la maestra y fue a ver a Yingqiong. Cuando le conto la conversacion, su hermana jurada quiso que se mudara a la cueva aquel mismo dia. A Yingqiong le costaba aprender la espada por si sola; aunque Yingnan aun estaba lejos de volar por los cielos y borrar todo rastro, sabia mucho mas que ella.
Yingnan no acepto. Prometio visitarla a menudo para practicar juntas y quedarse a dormir cuando anocheciera o hiciera mal tiempo. Yingqiong insistio largo rato sin resultado y tuvo que ceder.
Desde entonces Yingnan le enseno con cuidado las formulas transmitidas por Guanghui. Yingqiong las guardo una por una en la memoria y practico manana y noche. Tambien pidio ser presentada a la maestra, pero Guanghui se nego. Solo envio un mensaje:
—Cuando llegue tu afinidad inmortal y hayas dominado la espada, recuerda preservar un poco mas la vida.
Los dias pasaron veloces. Llego la vispera del Ano Nuevo, y Yingnan obtuvo permiso para celebrarla en la cueva. Gracias a sus frecuentes visitas, Yingqiong dejo de sentirse sola. Cada dia blandia sable y espada con entusiasmo; lo unico que lamentaba era que la nieve cubriera la montana y le impidiera explorarla.
En la manana del quinto dia del Ano Nuevo, un grito de aguila sono fuera de la cueva. Yingqiong corrio al exterior. Fonu estaba en el suelo, llamando hacia el cielo.
Otra gran aguila descendia de las alturas. Era tan grande como el aguila divina, con ojos dorados y pico de acero, pero tenia todo el plumaje blanco; solo el vientre y el pico eran negros.
Fonu volo a su encuentro. Las dos aves entrelazaron los cuellos y lanzaron largos gritos, intimas como viejas amigas que volvieran a verse.
—Hermano mayor de ojos dorados, ¿es amiga tuya? —pregunto Yingqiong, encantada—. Voy a ofrecerle un poco de carne curada.
Entro corriendo y regreso con un plato. El aguila blanca no comio; solo inclino la cabeza ante ella. Fonu, en cambio, devoro toda la carne. Luego dio tres gritos a Yingqiong y se elevo junto a su companera.
La joven no sabia si iba a despedirla o si el aguila blanca se lo llevaba. Lo llamo angustiada. Fonu oyo su voz y descendio de nuevo, mientras la otra ave giraba a poca altura esperando.
Yingqiong abrazo el largo cuello de su guardian.
—Hermano mayor, gracias a tu compania he sufrido menos soledad y menos peligros. Si solo vas a despedir a tu amiga y vuelves pronto, no importa. Pero si te marchas para siempre, ¿que sera de mi?
Fonu nego con la cabeza y se apreto contra ella con evidente pesar.
—Entonces, ¿solo vas a acompanarla un trecho?
El aguila volvio a negar.
—¡Ni te vas ni te quedas! ¿Que quieres decir?
Fonu miro al cielo y agito las alas. Yingqiong tuvo una inspiracion.
—Debe de ser Bai Mei Heshang quien envia a tu companera a buscarte. Iras a escuchar sus ensenanzas y luego regresaras, ¿verdad? Como no podemos hablar, hagamos una cosa: grita una vez por cada dia que estaras ausente. Asi no tendre que preocuparme.
Fonu lanzo diecinueve gritos. Yingqiong los conto con cuidado. El aguila blanca, ya impaciente, llamo dos veces desde el aire. Fonu bajo de golpe la cabeza, se libero de los brazos de la joven y partio con un ultimo clamor.
Las dos aves cruzaron el cielo ala con ala hacia Jietuo Po. Yingqiong penso al principio que Fonu iria a buscar a Yingnan. Poco despues las vio reaparecer por el oeste de la ladera y subir hasta perderse entre las nubes.
Yingqiong era franca y de corazon infantil. Habia vivido muchos dias con Fonu y lo queria profundamente. Aunque sabia que la separacion seria temporal, el dolor la abrumo. Para colmo, ciertos asuntos retenian a Yingnan en la ermita y no podria visitarla hasta uno o dos dias despues.
Sola con su sombra en la montana vacia, Yingqiong entro en la cueva y comio un almuerzo sin ganas. Luego tomo la espada larga de su padre y salio a practicar las formas que Yingnan le habia ensenado.
En pleno ejercicio, una rafaga fria soplo a su espalda. Se volvio de inmediato.
Detras de ella habia un daoista itinerante: gorro amarillo, tunica de tela, sandalias de fibra y medias blancas. Su rostro era desagradable y llevaba una sonrisa burlona. Yingqiong sintio antipatia al instante. Sin embargo, Li Ning le habia repetido que aquellas paredes de roca aislaban el lugar del mundo; cualquiera capaz de llegar hasta alli no podia ser una persona comun.
Detuvo la forma y pregunto:
—Daozhang, ¿se rie porque practico mal?
El hombre la miro con desprecio y solto una carcajada.
—¿Mal? Ni siquiera has cruzado el umbral.
La arrogancia encendio a Yingqiong. Su padre y el tio Zhou habian sido grandes xia, invencibles durante decadas. Las formas de Yingnan procedian de Guanghui. Aunque ella las ejecutara con torpeza, ¿como podia afirmar aquel pobre daoista que ni siquiera habia empezado?
Quiza habia venido a intimidarla y apoderarse de la cueva al verla sola. Pero tambien podia ser el inmortal anunciado por Bai Mei Heshang. Yingqiong decidio probarlo. Si era un verdadero maestro, lo reconoceria; si buscaba robarle el refugio y ella no podia vencerlo, escaparia a Jietuo An hasta que Fonu regresara.