La Liturgia De Las Manos Desnudas De La Reina Sin Cadenas

Reflexión: El Valor de Soltar el Trono de Barro

​Durante mucho tiempo creí que mi mayor virtud era mi capacidad de aguante. Pensé que amar era sinónimo de resistir, que ser "la Reina" significaba mantener en pie un castillo que se desmoronaba, incluso si los ladrillos me caían a mí en la cabeza. Me equivoqué.
​Hoy entiendo que el amor que te anula no es amor, es una sentencia. Aprendí que mi "memoria de elefante" no es una carga para vivir en el rencor, sino una brújula para no volver a caminar por los mismos pantanos. Me tomó veintidós traiciones, mil silencios y una noche de lluvia entender que no puedes salvar a quien se siente cómodo en su propio desastre.
​Quitarme los anillos no fue un acto de despecho, fue un acto de justicia propia. Me quedé con las manos vacías de metal para poder tenerlas libres y escribir mi propia historia. A ti, que me lees, te digo: no esperes a que el agua te llegue al cuello para aprender a nadar. Tu valor no depende de cuánto soporte tu espalda, sino de cuánto se atreva a elegir tu corazón.
​Hoy no soy la mujer que él intentó destruir con insultos; soy la mujer que usó esas mismas palabras para construir su propia gloria. He soltado la corona de espinas para ponerme la de mi propia dignidad. Y créeme, se siente mucho mejor caminar en libertad que reinar en una cárcel de oro falso.




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