La Marca del Destino
La luna brillaba débilmente sobre el campamento. El aire era fresco, y el crujir de las ramas bajo los pies de Aresu era el único sonido mientras hacía su ronda de guardia. Sin embargo, no podía quitarse de la mente la sensación de que algo andaba mal. Desde su regreso de Oblivion, había intentado retomar la normalidad con el grupo, pero algo había cambiado, especialmente en Yeiby. Su mirada era distante, sus noches inquietas. Ya no compartía con él esos momentos de tranquilidad que solían tener al final de cada día.
En ese momento, Aresu vio un destello brillante en la oscuridad. Giró la cabeza y vio a Yeiby a unos metros de distancia, apartada del grupo. Su brazo izquierdo estaba expuesto, y en él, un dragón dorado brillaba como si su piel estuviera siendo marcada por fuego líquido.
—”¡Yeiby!” —gritó, corriendo hacia ella.
Yeiby dio un paso atrás, apretando su brazo contra su pecho. Su respiración era irregular, y el sudor le corría por la frente.
—“No te acerques, Aresu. Estoy bien.”
—“Eso no parece estar bien.” —Aresu la miró fijamente, con preocupación creciente—. “¿Qué está pasando? ¿Por qué no me dices nada?”
Yeiby apartó la mirada. No sabía cómo explicarle lo que sentía, porque ni siquiera ella lo entendía del todo. Solo sabía que desde que habían traído a Aresu de vuelta, había algo nuevo dentro de ella, algo que no podía controlar.
—“Es… solo un sueño raro. No es nada de lo que tengas que preocuparte.” —Intentó sonar convincente, pero su voz tembló al final.
Aresu frunció el ceño, notando su nerviosismo.
—“No puedes manejarlo sola, Yeiby. Sea lo que sea, estoy contigo. No tienes que cargar con esto.”
Yeiby le dio una pequeña sonrisa, pero en su interior sabía que eso no era verdad. “Esto es algo que solo yo puedo enfrentar. No quiero arrastrarlo a esto… otra vez.”
Cuando volvió al campamento, Yeiby sintió un dolor profundo en el pecho. Sabía que había algo más grande en juego, algo que no podía ignorar por más tiempo.
La Voz de Lyaria
Esa noche, Yeiby cayó en un sueño extraño. No había suelo bajo sus pies, ni cielo sobre su cabeza. Solo fuego. Fuego que no la quemaba, pero que la envolvía completamente. Al centro de ese vasto vacío ardiente, vio una figura emerger de las llamas.
Era una mujer alta, de porte majestuoso. Su cabello parecía hecho de brasas ardientes, y sus ojos reflejaban la intensidad de un volcán. Su voz resonó como un eco interminable.
—“Yeiby… Bienvenida. Este es el inicio de tu verdadero destino.”
Yeiby la miró con el ceño fruncido, sin entender del todo.
—”¿Quién eres? ¿Dónde estoy?”
La mujer sonrió, aunque había una tristeza en su mirada.
—“Soy Lyaria, la Primera Guardiana de la Llama Eterna. Tú estás aquí porque, como yo, has sido elegida.”
Las llamas a su alrededor comenzaron a mostrar imágenes de personas, hombres y mujeres de distintas razas y épocas, todas con la misma marca en sus brazos. Cada uno de ellos portaba un fuego similar al de Yeiby, y sus rostros reflejaban tanto fortaleza como sufrimiento.
—“La llama eterna necesita una guardiana, alguien capaz de proteger su equilibrio. Sin ella, el mundo caerá en el caos.”
Yeiby negó con la cabeza, retrocediendo.
—“No, esto no es justo. Ya he perdido demasiado. He luchado, he sacrificado. No quiero ser elegida.”
Lyaria dio un paso adelante, su rostro ahora grave.
—”¿Crees que las guardianas antes de ti no sintieron lo mismo? ¿Que no quisieron una vida normal, lejos del dolor? Ser la guardiana no es un honor. Es un sacrificio. Pero es un sacrificio necesario.”
La visión cambió, mostrando un mundo devastado. Las llamas se apagaban, y en su lugar solo quedaba un cielo oscuro, donde criaturas monstruosas emergían para devorar todo a su paso.
—“Sin la guardiana, este es el destino del mundo.”
Yeiby cayó de rodillas, con lágrimas en los ojos.
—“No sé si soy lo suficientemente fuerte para esto.”
Lyaria la miró con compasión.
—“El hecho de que dudes demuestra que eres digna. Pero no puedes escapar de esto, Yeiby. La llama te ha elegido.”
Cuando Yeiby despertó, aún sentía el calor de las llamas en su piel. La marca en su brazo brillaba débilmente, como un recordatorio de la verdad que no podía ignorar.
La Emboscada de Eryndor
El día siguiente fue tenso. Mientras el grupo avanzaba hacia una aldea que necesitaba ayuda, Yeiby caminaba en silencio, perdida en sus pensamientos. Naty, siempre observadora, decidió acercarse.
—“No te he visto así desde que conocimos a Aresu. ¿Qué ocurre, Yeiby?”
Yeiby vaciló. Naty era su amiga, pero no sabía cómo explicarle lo que estaba enfrentando.
—“Es complicado, Naty. Solo… siento que algo grande está por venir.”
Antes de que Naty pudiera responder, un sonido extraño interrumpió la conversación. Desde las sombras del bosque, surgieron lobos de fuego negro, con ojos rojos brillantes y colmillos afilados.
Aresu desenfundó su espada de inmediato.
—”¡Formación! Esto no es un ataque cualquiera.”
La Batalla:
• Hakuna y Elecia luchaban espalda con espalda, sus movimientos perfectamente sincronizados mientras derribaban a las criaturas.
• Naty conjuraba una barrera mágica alrededor del grupo, pero las criaturas eran persistentes, rompiendo sus defensas una y otra vez.
• Aresu lideraba el ataque, cortando a los lobos con precisión mortal.
Sin embargo, Yeiby notó que los lobos la estaban rodeando a ella específicamente. Uno de ellos saltó hacia ella, pero la marca en su brazo brilló intensamente, liberando una explosión de energía que redujo al lobo a cenizas.
Después de la batalla, mientras todos se recuperaban, Aresu la confrontó.
—”¿Qué fue eso, Yeiby? Ellos estaban viniendo por ti. Esto no es una coincidencia.”