La Llamada de Marcel

Capitulo 12: Quemados

Graves estaba sentado en la oficina de Frances. La última vez que estuvo allí era sombría y deprimente, con escasas o ninguna referencia personal. Pero hoy las cosas eran distintas, la cortina estaba abierta y sobre el escritorio había un marco de fotografías, y si bien ambas cosas poco significarían para cualquier otro, Edmund Graves conocía a Frances lo suficiente como para saber que ella había vuelto de una oscuridad que pocos habrían podido soportar.

Excepto el mismo, claro, la misma oscuridad, de hecho.

Graves tomó el portaretrato. Una Frances apenas más joven, aún con ambos ojos, abrazaba a un pequeño niño de color al lado de una fogata.
Era Alex, obviamente... Marcus tenía la piel más oscura y sus ojos eran café. Los de Alex eran negros y profundos. Cristalinos.
Hacía días que se preguntaba si Marcus y su hijo se parecían en algo, si la genética había trasladado algo de la personalidad a su hijo. Pero lo que había recogido el día anterior le llenaba de asombro.

- Eddy... ¿Querías verme? - Frances entró en la oficina sorprendida de ver a su colega ensimismado. Edmund Graves no era dado a tales emociones.

- Directora... - empezó Graves

- Relate Eddy, no hay nadie en el piso - dijo Frances cerrando la puerta.

La jerarquía y el respeto en la Orden estaban claramente delimitados, como en cualquier ejército del mundo, pero cuando tenías veinte años conociendo a alguien, trabajando codo con codo y arriesgo tu vida a su lado, había ciertas licencias que podías tomarte, siempre que nadie te escuchase, por supuesto.

- Disculparás que no te llamé Sissy, no estoy en ese círculo - sonrió Graves.

- Lo estás Eddy, eres de los pocos que considero como parte de mi familia. - Frances sirvió dos pequeños vasos con Whisky, no tuvo que preguntar a Graves si quería o como tomaría su bebida, ella lo sabía. Le ofreció una a su amigo.

- Y sin embargo - Graves tomó la copa que Frances le tendía y se sentó en el asiento de cuero frente a ella - Nunca mencionaste que Marcus había tenido un hijo, al menos no a mí.

Frances suspiró, esperaba y temía ésta conversación hacía tanto...

- Me temo no fué mi decisión, Eddy, su abuela quería apartar a Alex de nosotros... Incluso a mi me hizo a un lado cuando supo que Alex era un extraño.

Graves se relajó... Se había sentido dolido, Frances era su mentora y amiga y Marcus...

- Olvídalo, no era de eso de lo que quería hablar de todos modos, aunque tu sobrino saldrá a relucir, de todas formas. ¿Sabías que mi patrocinada y Alex son amigos?

- La ironía o el destino... - Frances miraba su vaso casi vacío... Apuró el resto. - De ella quería hablarte yo también.

- ¿Ah sí? - Graves se extrañó

- Si... Cuando me comentaron que era amiga cercana de Alex me intrigó. El no es muy dado a tener amigos y ella sin embargo se ganó su confianza, es más, ambos tienen tratos amistosos con varios chicos más. De hecho me pregunté si la extrañeza de tu niña estaría relacionada con ello...

- No, afortunadamente no - Graves miraba sombriamente su vaso - No veo como su situación hubiese sido mejor con una habilidad de esa naturaleza.

- ¿Regeneración? Eso leí en el informe

- Sí, y una asombrosa resistencia al dolor físico además

- Bien... Te haré una pregunta, y quiero que seas honesto... ¿Por qué un internado? Su habilidad y especialmente su carácter no parece propio de la Orden... La veo más en Orange o aún mejor, la biblioteca de Nueva York preparándose para Apoyo Científico ¿Sabes?... Podría ser miembro adscrito y no pasar por un proceso tan duro.

Graves midió sus palabras. Era el quien quería hacer preguntas y ahora debía dar respuestas.

- Para protegerla... - respondió finalmente.

Una camioneta blanca se había aparcado delante de la vieja casa en el barrio latino en Miami. Los transeúntes iban y venían en una procesión incesante de turistas indecisos entre la playa y las numerosas ofertas gastronómicas de la zona.
Era plena mañana y la pequeña tienda acababa de abrir aunque aún no había clientes. En la ventana se veían numerosas y amontonadas muestras de artesanía, en su interior los olores de diversas pócimas, perfumes, incienso y mil escencias más confundían los sentidos de los pocos que se atrevían, por curiosidad, a ingresar al local.
De la camioneta descendieron dos hombres altos. Cuando la puerta se cerró, giraron el letrero de abierto y pasaron el pestillo.
El hombre, un adulto de mediana edad les miró asombrado, pero antes de poder hablarles ellos desenfundaron sendas armas de fuego.
- Si eres inteligente, brujo, te vas a quedar tranquilo y vendrás con nosotros

Afuera, una mujer rubia, alta y bastante atlética esperaba que los novatos pudiesen con la sencilla tarea. No parecía molesta con el calor reinante a pesar de ir vestida con una chaqueta de cuero y pantalones de bluejean.
No había estado de acuerdo con llevar a esos dos, pero tenía órdenes que cumplir y le pagaban por seguirlas. Sin embargo trató de relajarse. Después de todo era sólo un hombre contra dos enormes y entrenados Cazadores. Mientras no le dejasen hablar o moverse demasiado...

Una explosión sonó dentro del local. Por la ventana uno de los hombres fue expulsado envuelto en llamas, justo detrás salió el dueño del local corriendo calle arriba.

La mujer apenas lo vio cruzar, como una exhalación la esquina. Maldiciendo por lo bajo desenfundó su arma y corrió tras el. Debía ser un trabajo sencillo y un par de gorilas imbéciles lo habían arruinado.

Al cruzar se dió cuenta que se dirigían al muelle, si el hubiese cruzado calle arriba se habría perdido entre los transeúntes y no habría posibilidad de cazarlo.

<<Maldito... ¡Me estás cazando a mi!>>

La mujer se lanzó a su izquierda apenas con tiempo. Pudo sentir como las llamas pasaban rozándola apenas y golpeaban el suelo unos metros tras ella. 
Dos disparos certeros golpearon al hombre en el pecho. Ella había apretado el gatillo sin pensar ni apuntar. No debía hacerlo, su instinto le guiaba.
El hombre estaba tendido boca arriba, las balas de porcelana estaban diseñadas para golpear e inutilizar, pero no matar.



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En el texto hay: misterio, lucha, primigenios

Editado: 05.08.2022

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