La Llave Del Alba Olvidada

LOS RASTROS DEL TIEMPO PERDIDO

¡Perfecto! Con todo ese contexto, aquí va la continuación con el capítulo 22, dentro del arco "El Pasado Olvidado":
El sol se filtraba por los techos de cristal del Museo de Memorias Olvidadas, pintando de dorado las estanterías llenas de objetos sin nombre. Elara sostenía la llave de bronce entre sus dedos —su superficie ahora caliente, como si guardara el calor de un sol antiguo— mientras Kael se inclinaba sobre la mesa, sus ojos oscuros fijados en el mapa que habían encontrado en el sótano oculto del edificio.
«Aquí», dijo él, señalando un punto marcado con un símbolo de luna y espada entrelazados. «El texto dice que fue en el Templo de la Última Alba donde los dos guardianes cerraron el portal por primera vez. Pero ese templo... ya no existe. Se hundió en las profundidades de los ríos mágicos de Aethermoor hace siglos».
Elara sintió cómo los hilos del destino que veía a su alrededor temblaban, como si respondieran al nombre del templo. Algunos de ellos se entrelazaban en un nudo denso justo sobre el punto del mapa —un nudo que reconocía: era el mismo que la conectaba a Kael, pero con matices de azul oscuro y oro que no había visto antes.
«Yo lo puedo sentir», murmuró, cerrando los ojos. «No está completamente perdido. Hay algo ahí abajo... algo que nos llama».
De repente, la puerta del museo se abrió de golpe. Luna entró jadeando, su cabello violeta desordenado y sus manos encendidas con un brillo mágico tenue.
«Tenemos problema», dijo, apoyándose en la pared para respirar. «Torvin está buscando ustedes. Dice que Kael ha traicionado la orden al no destruir la llave y que va a llegar aquí en cualquier momento».
Kael se tensó, su mano yendo automáticamente a la empuñadura de su espada. «No le dejaré tocarla a ella ni a la llave».
«No podemos pelearlo aquí», intervino Elara, abriendo los ojos. «El templo... es nuestro único camino. Si queremos descubrir la verdad de nuestro pasado, tenemos que irnos ahora».
Mientras tanto, en las calles arriba, Torvin caminaba con pasos firmes, acompañado de dos otros guerreros de los Sombres Vigilantes. Su rostro estaba tenso con ira y desilusión —había criado a Kael como a un hijo, le había enseñado a odiar la magia que consideraba un peligro para el mundo. Pero ahora, veía cómo ese mismo guerrero se había enredado con una archivista mágica y con el objeto que debía destruir.
«No hay traición que se salve», dijo entre dientes, mirando hacia el museo. «Kael tendrá que cumplir su deber... o pagar el precio».
Mientras tanto, Elara, Kael y Luna se dirigían hacia el muelle más cercano, donde un bote pequeño esperaba. El río bajaba rápido, su agua brillando con la energía mágica de Aethermoor, y Elara sintió cómo la llave en su mano empezaba a vibrar con más fuerza. El punto donde estaba el templo estaba a solo unos kilómetros de allí, bajo el agua negra y profunda.
«¿Tienes suficiente magia para llevarnos abajo?», preguntó Kael a Luna.
Ella asintió, un gesto firme en su rostro. «Sí, pero no mucho tiempo. El agua de esos ríos es poderosa... y peligrosa. Tenemos que ser rápidos».
Elara miró a Kael, y sus manos se encontraron sobre la llave. En ese instante, los hilos del destino se hicieron tan claros como el sol: el camino hacia el templo no era solo una búsqueda del pasado, sino el comienzo de una elección que cambiaría todo —entre el deber que le habían impuesto y el amor que estaba empezando a crecer entre ellos.
El bote se deslizó por el río, alejándose del muelle y dirigiéndose hacia las profundidades donde yacía el templo olvidado. Detrás de ellos, las sombras de los Sombres Vigilantes se acercaban. Y en las profundidades del Abismo, el Señor del Abismo sonrió —porque los guardianes estaban a punto de caminar directamente hacia la trampa que había preparado para ellos hace mil años.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.