CAPÍTULO 25
Tres días. Solo tres días hasta que el portal del Abismo se abriera completamente. Esa era la cuenta atrás que resonaba en la cabeza de Elara mientras caminaba por los pasillos de la escuela de los Cielos, ahora convertida en un centro de preparación para la batalla final. Las paredes que antes estaban cubiertas de frescos de magia y belleza ahora estaban llenas de mapas, planos y listas de armas y hechizos. Guerreros de los Sombres Vigilantes y hechiceros trabajaban juntos —algo impensable hace solo unos días—, ajustando escudos mágicos, afilando espadas y practicando conjuros de defensa.
Luna se encontraba en la sala de hechizos, enseñando a un grupo de jóvenes hechiceros cómo crear barreras de luz que pudieran detener a las criaturas del Abismo. Su brazo estaba ya casi curado —el ungüento y su propia magia habían hecho efecto rápido—, pero aún sentía un dolor leve que le recordaba el peligro que acechaba.
Elara se acercó a ella, la llave de bronce aún caliente en su mano. «¿Cómo van las prácticas?», preguntó.
Luna sonrió, aunque su mirada estaba seria. «Bien. Los chicos aprenden rápido —tienen miedo, pero también tienen valor. Eso es lo importante».
«Y tú», dijo Elara. «¿Estás lista?»
«Todavía no lo sé», admitió Luna. «Nadie ha enfrentado al Señor del Abismo y ha sobrevivido. Pero con vosotros dos... tal vez tengamos una oportunidad».
Mientras hablaban, Kael entró en la sala, acompañado de Torvin. El líder de los Sombres Vigilantes llevaba un mapa en la mano, y su rostro estaba tenso —pero en sus ojos ya no había ira, solo determinación.
«Tenemos algo», dijo Kael, acercándose a ellas. «Los exploradores han encontrado dónde se abrirá el portal. Está en el Valle de los Hielos Negros, al norte de Aethermoor. Es un lugar desolado, sin vida —el punto donde la magia del mundo es más débil».
Elara miró el mapa. El Valle de los Hielos Negros estaba marcado con un símbolo rojo que parecía un ojo abierto. Los hilos del destino que veía a su alrededor se tensaron cuando miró ese punto —eran como si todos los hilos del mundo se reunieran ahí, listos para romperse o volverse más fuertes.
«Es el mismo lugar donde Lyra y Orion cerraron el portal hace mil años», dijo ella. «El Abismo elige el mismo punto cada vez».
«Entonces sabemos lo que tenemos que hacer», dijo Torvin. «Nos dirigimos al valle mañana al amanecer. Llegaremos justo cuando el portal empiece a abrirse. Tendremos una oportunidad para cerrarlo antes de que el Señor del Abismo pueda salir».
«Pero cómo», preguntó Luna. «Lyra y Orion tuvieron que sacrificarse. ¿Tenemos que hacer lo mismo?»
Elara cogió el libro del templo del bolsillo de su abrigo —el libro de cuero negro que habían encontrado bajo el agua. Había leído esas páginas mil veces en los últimos tres días, buscando una respuesta. «El libro dice que la elección es nuestra», dijo. «Que podemos sacrificarnos o encontrar otra forma. Pero no dice cuál es esa otra forma».
Kael cogió su mano, y su dedo se deslizó por la superficie de la llave. «No voy a dejar que te sacrificues», dijo, su voz firme. «Ni yo mismo. Hay otra forma. Tenemos que encontrarla».
Mientras tanto, en el Valle de los Hielos Negros, el suelo empezaba a temblar. Un agujero negro se estaba abriendo lentamente en el centro del valle, y una luz roja tenue se desprendía de él. Las criaturas del Abismo empezaban a salir de ese agujero —pequeñas al principio, luego más grandes, con escamas negras y garras afiladas. El Señor del Abismo estaba preparando su ejército, listo para invadir el mundo mortal.
«El día ha llegado», susurró en la oscuridad. «Los guardianes vendrán, y esta vez no podrán cerrar el portal. Esta vez, yo seré el que domine».
De vuelta en la escuela de los Cielos, la noche cayó rápido. Elara se encontraba en la terraza del edificio, mirando hacia el norte, hacia el Valle de los Hielos Negros. Podía sentir la energía del Abismo creciendo, como una onda de frío que llegaba hasta la ciudad. Kael se acercó y se colocó a su lado, envolviéndola con su abrigo.
«Hace frío», dijo, aunque sabía que el frío que sentía Elara no era solo del aire.
«Siento su presencia», dijo Elara. «El Señor del Abismo. Él sabe que vamos a ir».
«Así es mejor», dijo Kael. «Podemos enfrentarlo directamente».
Elara miró a Kael, y su mirada se encontró con la suya. En esos últimos tres días, su amor se había hecho más fuerte que nunca —habían compartido miedos, esperanzas y recuerdos fragmentados de su vida pasada. Habían visto cómo los hilos del destino se entrelazaban más y más, hasta formar una red que los conectaba a ellos y a todos los que estaban preparándose para la batalla.
«¿Crees que el amor es realmente más fuerte que su poder?», preguntó ella.
«Sí», dijo Kael, acercándose más para besarla. «Porque el amor crea vida. El poder del Abismo solo destruye».
El beso fue largo y dulce, lleno de promesas y de miedo al mañana. Cuando se separaron, escucharon un sonido de campanas —las campanas de la ciudad, anunciando que el día final había llegado.
«Es hora», dijo Kael.
Mientras bajaban a la plaza de la escuela, encontraron a todos los defensores reunidos: guerreros de los Sombres Vigilantes con sus espadas y escudos, hechiceros de los Cielos con sus varitas y conjuros, y incluso algunos ciudadanos de Aethermoor que habían decidido luchar por su hogar. Torvin estaba en el centro, dando un discurso.
«Hoy, luchamos por Aethermoor», gritó. «Por nuestros hogares, por nuestras familias, por nuestro futuro. El Abismo quiere destruir todo lo que amamos, pero no lo dejará. Juntos, somos más fuertes que cualquier sombra».
La multitud gritó de aprobación, y las espadas y varitas se alzaron al aire. Elara se acercó a Torvin y le dio la mano.
«Gracias», dijo ella. «Por creer en nosotros».
Torvin sonrió —un sonrisa breve, pero sincero. «Ustedes me han enseñado a creer en cosas que nunca creí posible», dijo. «Ahora, vamos a cerrar ese portal».
El viaje al Valle de los Hielos Negros duró varias horas. Los caballos galopaban por caminos nevados, y el frío era tan intenso que incluso la magia de los hechiceros tenía dificultades para mantenerlos calientes. Elara sentía la llave vibrando en su mano, respondiendo a la energía del portal que se abría más y más.
Cuando llegaron al valle, lo encontraron en caos. Criaturas del Abismo corrían por todas partes, y el agujero negro en el centro del valle se había vuelto tan grande como una casa. Una luz roja intensa salía de él, y se escuchaba un rugido que parecía el de un dios enfurecido.
«¡Formen líneas!», gritó Torvin. «Guerreros al frente, hechiceros detrás. Protejan a Elara y Kael —ellos son los únicos que pueden cerrar el portal».
Los defensores se formaron rápidamente, y la batalla empezó. Los guerreros se lanzaron contra las criaturas del Abismo, sus espadas cortando el aire. Los hechiceros lanzaron conjuros de fuego, agua y luz, golpeando a las criaturas con fuerza. Luna se encontraba en el centro de los hechiceros, dirigiendo sus ataques y creando barreras de luz para proteger a los demás.
Elara y Kael se acercaron al portal, protegidos por un grupo de guerreros y hechiceros. El frío era insoportable, y la energía del Abismo era tan fuerte que tenían dificultades para caminar. La llave en la mano de Elara brillaba con una luz dorada intensa, y los hilos del destino que veían a su alrededor se reunían en el centro del portal.
«¿Qué hacemos?», preguntó Kael, su voz amortiguada por el ruido de la batalla.
Elara cerró los ojos y concentró toda su energía en la llave. Los recuerdos de Lyra y Orion volvieron a ella —la imagen de ellos abrazados, su sangre mezclada sobre la llave, cerrando el portal. Pero también escuchó la voz del libro: «La elección es ahora».
«No sacrificamos nada», dijo ella, abriendo los ojos. «Usamos nuestro amor como fuerza. Como Lyra y Orion lo hicieron, pero sin morir».
Ella cogió la mano de Kael, y la llave se colocó entre sus dos manos. La luz dorada de la llave se mezcló con la luz de sus manos, y un rayo de luz gigante se lanzó hacia el portal. El rugido del Señor del Abismo se hizo más fuerte, y la luz roja del portal intentó detener la luz dorada.
La lucha entre las dos luces fue intensa. Elara y Kael sentían cómo su energía se agotaba, pero seguían agarrados de la mano, alimentando la luz con su amor. Los guerreros y hechiceros seguían luchando a su alrededor, protegiéndolos de las criaturas que intentaban acercarse.
Mientras tanto, el Señor del Abismo empezó a salir del portal —un ser gigantesco con piel de escamas negras, ojos de fuego y cuernos que se alzaban hasta el cielo. «¡No podéis detenerme!», gritó, su voz como un trueno. «Yo soy el destino del mundo».
Pero Elara y Kael no le hicieron caso. Seguían concentrándose en la luz, en su amor, en la promesa de un futuro juntos. La luz dorada empezó a ganar terreno, envolviendo el portal y el cuerpo del Señor del Abismo.
«¡No!», gritó el Señor del Abismo, pero su voz se volvió más débil. «La sombra siempre gana».
«No», dijo Elara, su voz clara y firme. «El amor siempre gana».
En ese instante, la luz dorada envolvió completamente el portal y el Señor del Abismo. Un sonido de metal resonante se escuchó en todo el valle, y el portal empezó a cerrarse. El Señor del Abismo se desvaneció en humo negro, y las criaturas del Abismo empezaron a desaparecer una por una.
La batalla terminó. El valle se quedó en silencio, salvo por el susurro del viento y el aliento cansado de los defensores. Elara y Kael se desplomaron en el suelo, agotados, pero con sonrisas en sus rostros. Habían hecho lo imposible —habían cerrado el portal sin sacrificarse, usando solo el poder de su amor.
Torvin se acercó a ellos, su rostro lleno de admiración. «Ustedes lo han hecho», dijo. «Han salvado a Aethermoor».
Los defensores gritaron de alegría, y las espadas y varitas se alzaron al aire. El sol empezó a salir por el horizonte, pintando el cielo de dorado y rosa —una alba nueva, una alba que no se había olvidado.
Elara cogió la mano de Kael, y la llave en su mano brilló con una luz suave. Los hilos del destino que veían a su alrededor se habían vuelto más brillantes que nunca, formando una red de amor y esperanza que cubría todo el mundo.
La elección había sido tomada. Y el amor había ganado.
#5809 en Novela romántica
#1775 en Fantasía
amor dolor desilucion tristeza poesia, guerrero del amor, ojos azules
Editado: 14.12.2025