La Llave Del Alba Olvidada

LA ALBA QUE SE RECUERDA

CAPÍTULO 26
El sol se alzaba completamente sobre el Valle de los Hielos Negros, disipando la oscuridad que había dominado el lugar durante siglos. El agujero del portal había desaparecido, dejando solo un círculo de piedra blanca que brillaba con un resplandor dorado —un recordatorio de la fuerza que había cerrado el Abismo. Los defensores de Aethermoor caminaban por el valle, ayudando a los heridos y recogiendo las armas que habían quedado abandonadas. El aire, que antes estaba cargado de odio y destrucción, ahora olía a tierra fresca y esperanza.
Elara y Kael se habían levantado, apoyándose el uno en el otro. Su energía estaba agotada, pero su corazón estaba lleno de alegría. Habían sobrevivido. Habían salvado la ciudad. Y habían hecho lo que Lyra y Orion no pudieron: encontrar una forma de amar y proteger al mismo tiempo.
«Mira», dijo Kael, señalando hacia el cielo.
Elara miró hacia arriba y vio lo que él veía: los hilos del destino que antes estaban tensos y oscuros ahora se movían con una luz suave y danzante, entrelazándose entre todos los defensores, entre la ciudad de Aethermoor y el valle. Cada hilo llevaba matices de colores —rojo de amor, azul de esperanza, verde de vida— formando una tela que cubría todo el mundo.
«Es hermoso», murmuró ella.
Luna se acercó a ellos, su rostro radiante de alegría. «Todos los hechiceros están bien», dijo. «Pocos heridos, ninguno muerto. Los guerreros tampoco han tenido muchas pérdidas».
«Gracias a ti», dijo Elara, abrazando a su amiga. «Sin tu liderazgo, no lo hubiéramos logrado».
«No, gracias a vosotros dos», dijo Luna, mirando a Elara y Kael. «Vuestro amor fue la clave. La verdadera llave del alba».
Mientras hablaban, Torvin se acercó con un grupo de guerreros. Su rostro no tenía la seriedad de antes —ahora llevaba una sonrisa que se le veía natural.
«Es hora de volver a la ciudad», dijo. «La gente lo espera. Necesita saber que está a salvo».
El viaje de regreso a Aethermoor fue diferente al de ir. Los caballos galopaban con más alegría, y los defensores cantaban canciones antiguas de guerra y victoria. El sol brillaba sobre los edificios de cristal, y los ríos de energía mágica fluían con más fuerza que nunca, como si estuvieran celebrando.
Cuando llegaron a la ciudad, fueron recibidos con un júbilo que nunca habían visto. Gente salía de sus casas, lanzando flores al aire y gritando sus nombres. Niños corrían al lado de sus caballos, y ancianos lloraban de alegría. Aethermoor había sobrevivido al apocalipsis, y todos sabían quiénes eran los héroes.
«Ven», dijo Kael a Elara. «Vamos al Museo de Memorias Olvidadas. Tengo algo que mostrarte».
Elara asintió, y juntos se alejaron de la multitud, acompañados de Luna. El museo estaba intacto —los hechiceros lo habían protegido durante el ataque a la escuela— y sus techos de cristal reflejaban el sol con un brillo cegador.
Kael se llevó a Elara a la sala del sótano oculto, donde habían encontrado el mapa del templo. Allí, en una pared vacía, había un nuevo fresco que no estaba antes. Lo había pintado un hechicero durante su ausencia —un fresco que mostraba a Elara y Kael, con la llave en la mano, cerrando el portal del Abismo mientras los defensores luchaban a su alrededor. Arriba, un sol brillante marcaba el inicio de una nueva alba.
«Es para que nadie olvide», dijo Kael. «Para que la historia de vuestra llave —de nuestra llave— se recuerde siempre».
Elara tocó el fresco con sus dedos, y la llave en su mano vibró con una luz suave. Los recuerdos de Lyra y Orion volvieron a ella, pero ahora no eran recuerdos de dolor y sacrificio —eran recuerdos de amor y esperanza, un legado que habían continuado.
«Lyra y Orion estarían orgullosos», dijo ella.
«Sí», dijo Kael. «Y ahora tenemos nuestro propia historia que escribir».
Mientras estaban en el sótano, Torvin entró. Llevaba una caja de madera pequeña en la mano.
«Kael», dijo, acercándose a él. «Durante años, te enseñé a odiar la magia, a creer que era un peligro. Pero vosotros dos me habéis mostrado que la magia puede ser una fuerza para el bien. Que el amor y el deber no tienen que ser opuestos».
Él abrió la caja y sacó un colgante de plata con el símbolo de los Sombres Vigilantes —una espada cruzada con una luna. «Quiero que te lo lleves», dijo a Kael. «No como un guerrero que cumple una misión, sino como un líder que ha encontrado el camino correcto».
Luego, miró a Elara. «Y a ti», dijo, sacando otro colgante —igual que el de Kael, pero con una llave en el centro. «Quiero que te unas a nosotros. Que seas la guardiana de la llave y la líder de una nueva orden —una orden que une la espada y la magia, el amor y el deber».
Elara se quedó muda. Nunca había imaginado que Torvin la aceptara así, que la nombrara guardiana de la llave. Miró a Kael, que le sonreía, y luego a Luna, que asentía con entusiasmo.
«Sí», dijo ella, cogiendo el colgante. «Quiero».
De vuelta en la plaza de la ciudad, la multitud seguía celebrando. Torvin subió a un escenario y llamó la atención de todos.
«Gente de Aethermoor», dijo, su voz resonando por toda la plaza. «Hemos sobrevivido al Abismo. Gracias a los guardianes Elara y Kael, a la hechicera Luna y a todos los defensores que lucharon por nuestra ciudad».
La multitud gritó de nuevo. Torvin señaló a Elara y Kael, que estaban en el escenario con él.
«Hoy, creamos una nueva orden», dijo. «La Orden de la Alba Recuerda. Una orden que une a guerreros y hechiceros, que protege a la ciudad con la espada y la magia, con el amor y el deber. Y sus líderes serán Elara Vela, la guardiana de la llave, y Kael Thorn, el guerrero del destino».
La plaza se llenó de aplausos. Elara y Kael se miraron, y Kael cogió su mano. Habían empezado como enemigos, habían descubierto un amor del pasado, y ahora eran líderes de una nueva era.
Cuando la celebración terminó, Elara y Kael se dirigieron al muelle del río, donde habían tomado el bote para ir al templo bajo el agua. El río fluía con energía mágica, y su superficie reflejaba el sol que se estaba poniendo.
«¿Qué pasa ahora?», preguntó Elara.
«Ahora», dijo Kael, abrazándola. «Escribimos nuestro futuro. Juntos. Sin sacrificios, sin olvidos».
Elara sonrió, y Kael la besó bajo el cielo de color rosa y dorado. Los hilos del destino que veían a su alrededor se entrelazaban en un nudo gigantesco —un nudo de amor y esperanza que nunca se rompería.
Mientras tanto, en el Museo de Memorias Olvidadas, la llave de bronce reposaba en un pedestal nuevo, iluminada por una luz dorada. Junto a ella, el libro del templo estaba abierto en la página que decía: «La alba olvidada ha sido encontrada. El amor ha ganado, y el futuro está en las manos de los guardianes que han aprendido a recordar».
La ciudad de Aethermoor dormía esa noche con la paz que había buscado durante siglos. Los ríos fluían, los edificios de cristal brillaban bajo las estrellas, y los guardianes del amor velaban por su seguridad. La llave del alba no era solo un objeto mágico —era un símbolo de lo que podía lograr el amor cuando se unía a la valentía, de la alba que nunca más se olvidaría.




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