La Llave Del Alba Olvidada

LA PROTECCIÓN DE LA LUZ

CAPÍTULO 35
Dos semanas después de conectar la lámpara de los primeros albas con los santuarios, Aethermoor había cambiado. La magia del mundo era más fuerte y equilibrada —los campos producían más cosechas, los ríos estaban más limpios, los hechizos eran más efectivos sin ser peligrosos. La orden se sentía más unida que nunca, con miembros de todos los pueblos trabajando juntos en proyectos que fortalecían la tierra y la comunidad.
Ese día, Elara estaba en el museo de Aethermoor, revisando los nuevos archivos que habían creado con la historia de la lámpara. Los eruditos habían transcribido las imágenes del santuario de la Montaña del Silencio, y ahora las mostraban en las paredes del museo para que todos pudieran ver la verdadera origen de su mundo.
«Elara», dijo Zara, acercándose con una expresión preocupada. «Hay algo mal con la conexión mágica. La luz de la lámpara ha empezado a disminuir».
Elara cerró los ojos y sintió la energía de la conexión. Zara tenía razón —la luz se estaba volviendo más débil, como si algo estuviera bloqueándola. «Vamos al santuario principal», dijo. «Tenemos que ver qué está pasando».
Mientras viajaban por el camino mágico, encontraron a Kael y Luna, que también habían sentido el cambio. «La conexión se está rompiendo», dijo Luna. «Algo está atacando el hilo de magia que conecta la lámpara con nosotros».
Cuando llegaron al santuario principal, vieron que la luz de la fuente central —que estaba alimentada por la lámpara— se había vuelto pálida. Los miembros de la orden estaban preocupados, mirando hacia el cielo donde se encontraba la Montaña del Silencio.
«Borin ha enviado un mensaje», dijo Rian, acercándose con un rollo de pergamino. «La tormenta ha vuelto. Pero esta vez, es peor. Hay seres oscuros que están intentando cortar la conexión mágica directamente en la cumbra».
«Tenemos que ir», dijo Kael. «Todos juntos. La conexión no se puede romper —si la lámpara se apaga, toda la magia de Aethermoor desaparecerá».
En cuestión de minutos, se había reunido un grupo grande de la orden —guerreros, hechiceros, eruditos de todos los pueblos. Usaron el camino mágico hasta el pie de la Montaña del Silencio, y desde allí empezaron a ascender, protegidos por un campo de energía que todos crearon juntos.
El viento era fuerte, y la nieve caía a cantaros, pero la magia del grupo los mantenía seguros. Los montañeses creaban pasos en la nieve, los costeros controlaban el viento, los vallecinos calentaban el aire, y los hechiceros creaban una burbuja de luz que los envolvía.
Cuando llegaron a la cima, encontraron una escena desoladora. Los seres de piedra y hielo habían vuelto, pero esta vez eran más numerosos y más fuertes. Además, había un nuevo ser —un gigante de hielo y sombra con ojos de fuego negro que estaba golpeando el hilo de magia que conectaba la lámpara con los santuarios.
«Dejad de atacar», gritó Elara, levantando la llave.
El gigante se giró y sonrió con una boca llena de dientes de hielo. «La luz no pertenece a vosotros», dijo, su voz como un trueno de hielo. «La oscuridad es el destino natural del mundo».
La batalla empezó a gran escala. Los miembros de la orden se dividieron en grupos: unos protegían el hilo de magia, otros luchaban contra los seres de piedra y hielo, y Elara, Kael, Luna y Zara se dirigieron al gigante.
«Tenemos que trabajar juntos», dijo Kael. «Nadie puede vencerlo solo».
Luna lanzó conjuros de luz y calor, derritiendo parte del hielo del gigante. Zara usó la magia del viento para desequilibrarlo. Kael atacó con su espada, cortando trozos de hielo. Y Elara usó la llave para canalizar la energía de la lámpara, creando un rayo de luz dorada que golpeó al gigante en el pecho.
Pero el gigante era demasiado fuerte. Volvió a golpear el hilo de magia, y este se rompió parcialmente. La luz de la lámpara se volvió aún más débil, y en Aethermoor, la magia empezó a disminuir —los ríos se volvieron más fríos, las flores empezaron a marchitarse.
«Tenemos que reparar la conexión», gritó Elara. «Mientras lucháis, yo lo hago».
Kael asintió y se colocó frente a ella, protegiéndola. «Hazlo. Nosotros te cubrimos».
Elara cerró los ojos y concentró toda su energía en la llave y en la lámpara. Los hilos del destino se aparecieron en su mente —todos los hilos de todos los miembros de la orden, de todos los pueblos de Aethermoor. Ella sintió su energía unirse a la suya, formando una fuerza gigantesca.
«Todos vosotros», dijo en voz alta. «Concentraos en la luz. Ayudadme a reparar la conexión».
Los miembros de la orden escucharon y concentraron su energía. Una ola de luz dorada se extendió por toda la cumbra, alimentando a Elara y a la llave. Con esa fuerza, ella logró reparar el hilo de magia y fortalecerlo —ahora era más grueso, más brillante, más fuerte que nunca.
La luz de la lámpara se encendió con una fuerza deslumbrante, y el rayo de luz que Elara canalizaba se volvió tan intenso que iluminó todo el cielo. El gigante gritó de agonía y empezó a desvanecerse en humo blanco. Los demás seres de piedra y hielo también se desvanecieron, y la tormenta se calmó.
Cuando todo terminó, la lámpara brillaba con su luz dorada original, y el hilo de magia se extendía desde la cumbra hasta los santuarios y por todo Aethermoor. La magia del mundo volvió a florecer —los ríos volvieron a fluir con energía, las flores volvieron a brillar, la luz volvió a llenar todos los lugares.
Los miembros de la orden se reunieron en la entrada del santuario, cansados pero orgullosos. Elara levantó la llave y la lámpara al mismo tiempo, y su luz se extendió por todos ellos.
«Hoy habéis demostrado lo que es la verdadera fuerza», dijo ella. «No es la fuerza de un solo ser, sino la fuerza de todos juntos. La luz se mantiene encendida porque nos mantenemos unidos».
La multitud gritó de aprobación, y luces mágicas de todos los colores se elevaron al cielo, conectándose con el hilo de la lámpara. Los hilos del destino se tejieron en una tela infinita, alimentada por la luz primeria y por el amor y la unidad de todos los corazones de Aethermoor.
Mientras emprendían el camino de regreso, Elara se acurrucó entre los brazos de Kael. La llave vibró con la luz de la lámpara, y ella sintió que todo estaba en su lugar —la luz estaba protegida, la orden estaba unida, el futuro estaba seguro.
«La luz nunca se apagará», dijo Kael.
«No», dijo Elara, besándolo. «Nunca se apagará, mientras todos nosotros la protegamos juntos».




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