¡Ay, pero ya tuvimos el capítulo final en el 36! Pero si quieres un epílogo ampliadísimo que se sienta como un capítulo 37, para ver cómo queda el futuro de Aethermoor después de todo... aquí va:
Cinco años después del día en que se protegió la luz primeria, Aethermoor había cambiado más allá de cualquier sueño. La llave reposaba en su pedestal en el muelle del río, convertida en un símbolo de la historia que habían vivido, pero la luz que representaba ahora fluía en cada rincón del reino. Los pueblos estaban más unidos que nunca, y la Orden de la Alba Recuerda había vuelto a ser lo que Lyra y Orion siempre soñaron: una comunidad de guardianes que protegían la paz con amor y unidad.
Elara y Kael vivían en el santuario principal, pero viajaban por todo Aethermoor todos los meses. Ese día, estaban en el pueblo de los costeros, donde un grupo de jóvenes estaba construyendo un nuevo puerto con magia del mar y de la tierra.
«Más cuidado con el pilón», dijo Kael, ayudando a un joven costero a colocar una piedra mágica. «La magia del mar necesita equilibrio con la de la tierra».
Elara estaba a lado, enseñando a unas jóvenes hechiceras cómo usar la luz primeria para purificar el agua del puerto. «Concentraos en la luz que lleváis dentro», dijo. «No necesitáis la llave —vosotras mismas sos la llave».
Mientras trabajaban, Luna llegó con noticias. Había venido desde el museo de Aethermoor, donde ahora era directora de los archivos antiguos.
«Tengo algo que vosotros tenéis que ver», dijo, su rostro lleno de emoción. «Hemos encontrado un diario más de Lyra —el último que escribió antes de su sacrificio».
Ellos se dirigieron a la casa del líder de los costeros, donde Luna abrió el diario. Las páginas estaban amarillas por el tiempo, pero las palabras se leían con claridad:
«Si estoy escribiendo esto, es porque sé que mi tiempo llegará pronto. Pero no tengo miedo —porque sé que el amor que compartí con Orion no morirá. Algún día, volveremos. Algún día, encontrarán la manera de amar y proteger sin sacrificarse. Algún día, Aethermoor será un mundo unido, donde la luz primeria brille en todos los corazones. Ese día, mi sueño se hará realidad».
Elara sintió lágrimas en los ojos. Lyra había visto el futuro —había visto ellos. «Ese día es hoy», murmuró.
Mientras tanto, en el santuario de la Montaña del Silencio, Zara y Rian estaban a cargo de proteger la lámpara de los primeros albas. Habían formado una familia —tienen un hijo de tres años llamado Orion, en honor al antiguo guardian. El niño corría por la sala del santuario, siguiendo una luz pequeña que salía de la lámpara.
«Orion, ven aquí», dijo Zara, sonriendo. «No te acerques demasiado».
«Mamá, la luz es bonita», dijo el niño, mirando la lámpara con ojos brillantes. «Quiero ser guardian como tú».
Rian se agachó y lo cogió en sus brazos. «Serás un gran guardian», dijo. «Porque llevas la luz en tu corazón».
De vuelta en el pueblo de los costeros, la tarde se volvía a la noche. Elara y Kael se dirigieron al muelle nuevo, que estaba listo para ser inaugurado. La gente se reunió alrededor, y el líder de los costeros levantó una bandera con el símbolo de la orden.
«Este puerto es un regalo para todos», dijo. «Construido con la magia del mar, la tierra y la luz primeria. Construido por todos, para todos».
La multitud gritó de alegría, y luces mágicas se elevaron al cielo. Elara y Kael se abrazaron, mirando el puerto, el pueblo, el mar que se extendía hasta el horizonte.
«¿Imaginasteis esto cuando nos conocimos?», preguntó Kael.
«Nunca», dijo Elara. «Pero estoy agradecida de haber vivido esto contigo».
Mientras se besaban, el niño Orion —que había venido con Zara y Rian— se acercó y cogió su mano. «¿Vosotros sos los guardianes que salvaron el mundo?», preguntó.
Elara se agachó y le sonrió. «No solo nosotros», dijo. «Todos los que queremos proteger la luz. Incluso tú».
El niño sonrió y corrió a jugar con los demás niños. Elara se levantó y miró hacia el cielo, donde la luna y las estrellas brillaban con la luz primeria. Los hilos del destino se extendían por todo el mundo, conectando a Orion con los demás niños, a los niños con los adultos, a todos con el futuro que estaban construyendo.
La llave en el muelle del río brillaba con una luz suave, recordando a todos el camino que habían recorrido. Pero no era necesaria más —porque la luz que representaba ahora estaba en cada corazón, en cada comunidad, en cada rincón de Aethermoor.
El mañana era desconocido, pero estaba lleno de esperanza. Porque todos estaban juntos, tejiendo la tela del destino con amor, unidad y luz. La luz que nunca se apagaba. La luz que sembraron juntos.
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Editado: 14.12.2025