La Luna Roja: Inicios De Una Nueva Era

CAPÍTULO DOS

CAPÍTULO 2: Lo Que Ya Pasó

«Victoria»

Hago un gran esfuerzo por abrir los ojos. La tenue luz que entra por la ventana de vidrio con cortinas blancas hasta el suelo me ciega por un momento. No reconozco donde estoy, pero sé perfectamente que tampoco he estado aquí jamás. La cama es para una sola persona y la habitación es bastante pequeña, aunque puedo ver que tiene balcón y un baño propio, pero es muy diferente a lo que estoy acostumbrada. Me pregunto dónde estaré. Lo último que recuerdo fue haberme desmayado y nada más. ¿Alguien nos habrá encontrado mientras pasaba por la calle? Porque dudo que las autoridades lo hayan hecho, si fuera así estaríamos en un hospital y no en una casa.

—Veo que has despertado —entra una chica rubia de ojos verdes como si de cristales se tratasen y con líneas verdes que viajan por los laterales de su rostro desde su mentón hasta desaparecer en su pelo—. ¿Cómo te llamas?

—¿En serio no sabes quién soy? —pregunto extrañada levantando una ceja.

—Si supiese quién eres habría llamado a algún familiar tuyo —me sonríe depositando una mesita con mi desayuno sobre mis piernas—. Por cierto, soy Lilian —añade extendiendo su mano en mi dirección.

—Victoria —correspondo a su saludo—. Un gusto conocerte Lilian.

—¿Cómo te sientes Victoria? —se sienta en el borde de la cama.

—Cansada. Muy cansada —respondo y empiezo a comer, ni siquiera me detengo a pensar si la comida tiene algo.

—Es normal cuando uno gasta mucha energía —comenta—. Antes de que preguntes cómo les encontré te lo voy a decir —vaya chica, ni que fuera psíquica o tuviera magia mental, aunque pudiera ser—. Mientras iba de camino a Athenas, ya que ayer no pude ir porque desde hace días estoy con gripe —señala su enrojecida nariz—, me los encontré tumbados en el suelo frente a las puertas. Primeramente llamé a la escuela para avisarles de ustedes pero nadie contestó, así que les traje a mi casa para darles los primero auxilios. Luego de eso vi en la televisión que ha ocurrido prácticamente una masacre en la escuela, donde murieron varios miembros de las familias reales, y que ustedes están desaparecidos.

—Entonces sí sabes quién soy —digo bebiendo los últimos tragos de leche de la jarrita.

—Si, lo sé, pero prefiero que las personas se presenten por sí solas —sonríe mientras recoge la mesita para retirarse—. Descansa, que aún estás muy débil —se marcha sin darme tiempo a preguntarle si me podría prestar algún teléfono para llamar por lo menos a Susy.

Duermo lo que creo que es una hora porque una pesadilla relacionada con la noche anterior hace que me despierte asustada y con la respiración acelerada. Siento que no puedo quedarme más encerrada aquí, que ese hombre enmascarado vendrá a por mí nuevamente y que esta vez sí cumplirá su cometido. Es algo bastante imposible ya que lo desintegré antes de desmayarme la primera vez, pero en este tipo de situaciones la lógica no importa, solo sé tiene presente el miedo a que se repita lo vivido.

Me levanto rápidamente, me asfixia estar sola aquí, pero cuando ya estoy de pie me toma un leve mareo y recurro a sostenerme de la mesita de noche para no caer al piso. ¡¿Será que me estoy enamorando de él?!

Enderezo nuevamente mi postura, y con pasos firmes me dirijo a la puerta y salgo al pasillo. Al final de este hay una ventana por la que se puede ver desde aquí un árbol y nada más. Miro hacia mi izquierda y al final veo la escalera para descender a la primera planta, pero me centro en la puerta al lado de donde estaba. Supongo que ahí estará el rubio de ojos tormenta-marina, que malas las metáforas mías, pero dejando de lado eso me centro en entrar y ver como está.

Abro la puerta sin tocar y ahí lo encuentro; acostado en la cama y con el torso vendado. Levanta sus párpados y me observa fijamente repasando mi presencia de pies a cabeza.

—Rosa de Fuego, un gusto ver que se encuentra en perfecto estado —muestra esa sonrisa diplomática qué nos enseñan de pequeños.

—Si no se siente bien al verme puede pedir que me retire —respondo cortante, malhumorada por su actitud.

—¿Por qué dice eso princesa? —pregunta ofendido.

—¿Podemos dejar las formalidades entonces? —me cruzo de brazos alzando una ceja en espera a su respuesta.

—Como quieras Victoria —amplía su sonrisa desconcertándome.

—¿Te sientes bien? —señalo sus heridas vendadas—. Porque cuando te vi pensé que estabas muerto y que por fin el Continente Odéhiye se había librado de una plaga, pero al parecer no.

—Que amable de tu parte con la naturaleza —comenta con ironía—. Pero lamentablemente sigo vivo.

De un momento para otro empiezo a marearme y a ver borroso y con manchas, todo me da vueltas distorsionándose a mi alrededor. Siento un fuerte golpe en la cabeza donde mismo me di ayer cuando caigo al frió suelo de madera a los pies de la cama.

—¡Lilian! —escucho que le grita el rubio.

—¿Qué pasó? —escucho la voz lejana de la chica—. ¿Que hace ella aquí?

—Estaba parada frente mi cama mientras conversábamos y se desmayó de repente —le explica.

—¿Que hizo qué? ¿Cómo se le ocurrió pararse? Bendita sea esta niña —puedo aún sentir lejanamente el enojo en su voz.

—¿A qué te refieres Lilian? —pregunta preocupado, o algo así, ya no estoy segura de nada.

—Ella no tenía casi energía vitalicia, debió quedarse descansando en vez de gast… Vaya niña tes…

No logro escuchar nada más que un insoportable silbido, solo voy cayendo cada vez más y más en la oscuridad de mi mente hasta que todo desaparece.

🌙🌙🌙

No se cuanto a pasado desde que me desmayé, pero mi cuerpo lo siente como si de meses se tratase. Me siento incapaz de moverme y con cero ganas de despertar de mi profundo sueño, sin embargo me obligo a abrir los ojos. Me cuesta adaptarme a la luz de la habitación, igual que cuando desperté por primera vez en esta casa, aunque ya no me desconcierta lo que encuentro a mi alrededor, ya que reconozco bien la estancia.




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