La Luna Roja: Inicios De Una Nueva Era

CAPÍTULO TRES

Capítulo 3: Definirá El Futuro

«Victoria»

La cabeza me duele casi tanto como cuando estábamos en guerra, pero se me es imposible apartar la vista de los papeles que estoy haciendo si es que quiero terminar todo el trabajo y tomarme un descanso en la noche.

—Victoria, cariño, mañana tienes una reunión con las diferentes familias nobles para tocar los diferentes puntos de la situación y de los cambios que van a ocurrir para el restablecimiento del reino —informa Charles entrando en el despacho sin previo aviso, como siempre.

—Está bien Charles. Gracias, no te preocupes, no se me ha olvidado —pronuncio sin apartar la vista de los papeles—. ¿Cómo está mi padre? Es que no he tenido tiempo para visitarlo en días.

—Bien, pero aún no ha mostrado síntoma alguno de mejora… Aunque no sé si algún día despierte, y no lo digo por ser un desesperanzado, pero, no lo sé muy bien, así que, lo siento mucho.

—No te preocupes por ello, hasta yo estoy perdiendo las esperanzas —digo mientras una rebelde lágrima corre lentamente por mi mejilla y la limpio rápidamente—. Bueno, dejando eso atrás, hay algo más de lo que quieras contarme.

—Ah, si. Señorita, la Academia Athenas va a abrir nuevamente sus puertas en cuanto la situación del pueblo Zero mejore… Eso podría ser dentro de uno o dos meses máximo.

—Si, está bien, pero, no crees tú que es demasiado pronto. En fin, acabamos de salir de una guerra. ¿No es demasiado pronto?

—Si, pero recuerde que Zero no sufrió grabes consecuencias, en fin, desde hace años se definió que ningún reino podría tener una guerra con él o involucrarlo. Así que sí es posible.

—Vale, si eso es todo termino con estos papeles y quedo libre durante unas horas —anuncio mientras una alegre sonrisa de alivio se dibujaba en mi rostro.

—Me retiro, si necesita algo más no dude en llamarme —se da la vuelta cierra la puerta a sus espaldas.

Pongo el punto final sobre la hoja y me recuesto contra el espaldar de la silla masajeándome las sienes intentando aliviar las punzadas de dolor.

Lo que me faltaba era que Athenas decidiera volver a abrir sus puertas. Pensé que nosotros ya terminaríamos las clases de manera virtual, y quiero tener la esperanza de que así sea, pero estoy totalmente segura de que nos harán terminar la escuela allí, en el lugar donde todo comenzó.

🌙🌙🌙

Desde que se finalizó la guerra no he tenido tiempo de visitar siquiera a Veynslen, y eso que vivo aquí mismo. Es por esa razón que hoy que he tenido algo de tiempo libre en el mediodía he decidido dar un pequeño paseo, lo más discreto posible, para ver con mis propios ojos como está la ciudad.

—Aún no me puedo creer en la horrible situación en que se encuentra el reino… Lo peor es que si en estas condiciones está la capital, no quiero imaginar cómo deben estar las ciudades fronterizas —comenta Susy caminando a mi lado.

—Sí, lo sé…

—¿Victoria, cuándo piensas ir a las otras ciudades para informarte de su situación? —pregunta observando como colocan una nueva vidriera a un centro comercial.

—No tengo pensado ir por ahora. Mi madre se encargará de todo lo que es fuera de la capital… Ah, para que sepas, Athenas va a volver a abrir.

—¿Y nuestro curso terminará el último año?

—Eso creo, pues por algo Charles me informó —me encojo de hombros—. ¿No lo crees?

—Si tienes razón —se queda pensativa por un momento—. Ese era mi centro comercial favorito. Espero que las reparaciones terminen pronto.

—No seas mentirosa. Bien sabemos que 'nuestro' favorito es el que queda cerca del parque Amanecer Invernal al este de la ciudad.

—Tienes toda la razón, me conoces demasiado bien —levanta las manos dándose por vencida con la persona que más la conoce, o sea, yo—. ¿Se podría saber a dónde desea ir su majestad ahora?

—Si quieres que te sea sincera, no lo sé… Tirarme aquí en la calle y no levantarme jamás esperando que un auto me pase por encima creo que estría bien, pero eso ya sería demasiado pedir, tengo mala suerte hasta para suicidarme —respondo.

—Venga ya Vicky, tienes que tener alguna idea de algún sitio al que quieras ir, no solo querer suicidarte. Yo jamás dejaría que tu te mueras felizmente y me dejes aquí sufriendo. Aquí nos vamos las dos o ninguna —a veces me da miedo la seriedad que toma para decir ese tipo de cosas, me hace creer que lo piensa de verdad—. Venga un antojo. Debe de haber un lugar que extrañes al que quieras ir.

—Bueno, pensándolo bien… Deseo una noche de bebidas en mi habitación. No nos vendría mal despejar un poco la cabeza con algo de alcohol. ¿No es así? —me vuelvo hacia ella—. Escoges tú a dónde ir ahora.

— Buena decisión la tuya... Ahora, pues a almorzar. ¿Al “Mar de Esperanza”? —me pasa un brazo por encima de los hombros y me estrecha contra ella.

—Dónde tu quieras, el punto es no morir de hambre —creo que morir de hambre con la posición social que poseemos sería la mayor estupidez que podríamos cometer, y vaya que cometemos estupideces, y las futuras que vendrán.

—Vale, entonces vámonos —me incita a caminar.

El Mar de Esperanza, es un pequeño local que descubrimos una vez que nos escapamos del palacio para no asistir a un almuerzo. Si mal no recuerdo, teníamos unos catorce años en ese emtonces. El punto fue que mientras caminábamos por la ciudad haciendo hasta lo imposible por que no nos reconocieran nos dio hambre, pero si íbamos a comer a alguno de los sitios que frecuentábamos nos reconocerían enseguida, así que fuimos a una zona poco concurrida de la ciudad, y allí encontramos esta maravilla que anteriormente nos había recomendado Sam, que cuando aquello era aprendiz de cocinero; un lugar donde nadie le tomó importancia a quien fuera yo. Allí solo éramos dos clientas más, y para quienes están ya acostumbrados a que vayan por donde vayan los reconocen, aquello fue toda una experiencia. Es así como este local se convirtió en un escondite para escapar de todo lo insoportable de nuestras vidas, y desde ese momento cada que podemos venimos hasta aquí, nuestro lugar seguro lejos de las cámaras y las habladurías de la gente.




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