La Luna Roja: Inicios De Una Nueva Era

CAPÍTULO CINCO

Capítulo 5: De Regreso A La Academia I

«Marco»

Normalmente cuando somos pequeños o estamos en la etapa adolescente nos pasa que cuando al siguiente día va a suceder algo, ya sea ir a la playa —cosa que no hay en mi reino, lo máximo que se puede considerar son las costas de la zona inferior a las islas flotantes— o al parque, o cualquier actividad que vayamos a realizar en la mañana que convierta el día en algo especial y no siga la monótona rutina de nuestro día a día, algo que suele pasar es que nos dormimos tarde y nos levantamos temprano por la emoción que nos causa o simplemente el hecho de que va a cambiar nuestro día: como pasa cuando volvemos a la escuela después de las vacaciones.

Este último ejemplo que puse se aplica bastante a lo que siento. Normalmente me ocurría esto: acostarme tarde y levantarme temprano sin una gota de sueño. Pero al parecer no solo la situación a cambiado en estos tres años, sino también mis costumbres. Ahora mi pregunta es la siguiente:

¡¿Por qué carajos tenía que después de levantarme temprano siempre, hoy, primer día de escuela después de años, tenía que levantarme tarde?!

Sí, esto es una mierda, y lo más gracioso del caso es que mi hermano se fue y ni siquiera tuvo la descendencia de levantarme, y de mi querido amigo mejor ni hablar, solo diré que tiene el sueño un poquito pesado y lo he tenido que ir a levantar. ¡No parece siquiera que yo soy el principe! La buena noticia es que solo vamos una hora y media tarde.

«¡Qué irónico eres!»

Y mi amada conciencia no me ayuda ni un poco.

Si lo habéis podido apreciar estoy algo alterado, y no solo por esta situación de mierda que hará que lleguemos tarde el primer día, sino por Ares.

—¿Pero acaso no la odiabas?

Y ahí está el jodiendo. Si no lo entienden os pondré en contexto. Desde ayer que le dije que estaba nervioso debido a que volvería a ver a Victoria no ha dejado de parlotear e insistir en ello.

—Precisamente por eso lo digo —estoy exasperado—. Dije que la odiaba después de dejarla de ver; en realidad no sé cómo vaya a reaccionar al tener que volver a verla.

—Bueno —se rasca la nuca—. Tal vez no vaya a ir. Existe la posibilidad de que ya no quiera continuar la escuela.

—Imposible. Durante el corto tiempo de ser compañeros, la conocí lo suficientemente como para asegurarte de que no va ha faltar —le afirmo muy convencido de mí mismo—. Además, tampoco es que sea la monarca del reino como para no poder ir porque se tiene que ocupar de este.

—Pues mal por tí… creo —me mira el silencio—. No te veo muy mal por tener que verla de nuevo aparte del nerviosismo, lo que parece es que tienes las hormonas revueltas —hace una pausa y me mira interrogante—. ¿Tu no tendrás las hormonas revueltas no?

—Por supuesto que no. O eso creo.

—Yo no sé a tí, pero a mí me emociona el hecho de volver a la escuela —lo miro raro. Es decir, Ares es muy inteligente pero es un poco perezoso algunas veces y no creo que la escuela le emocione mucho después de unas largas 'vacaciones' como él dice—. Ya quiero ver todas esas hermosas chicas, ya con sus cuerpos mucho más desarrollados… —lo miró de soslayo logrando que se calle— ¿Qué?

—No, no pasa nada —y le doy una palmada más o menos fuerte en la espalda en señal de que no siga con la tema.

Y en realidad si es así, es que algunas veces se me olvida de que Ares no iba a poder entrar a la escuela hasta el segundo mes porque estaba algo ocupado con las pruebas para alcanzar el cargo que tiene hoy en día, así que no sé porqué fue tanta la coincidencia que entró precisamente el día del eclipse.

Por lo menos ya se ha callado…

—Tal vez deberías buscar una chica tu también —vaya idiotez la mía al pensar que se iba a callar, mejor el que se calla soy yo—. Así creo que será más fácil olvidar a la princesa de Berthen.

—Ares, no tengo ningún problema en que seas así, pero sabes que ese no es mi estilo. Y creo que deberías dejar de hablar como si ella y yo hubiéramos tenido una relación de años que se rompió cuando estalló la guerra por motivos políticos.

—Se me olvidaba que eras el protagonista masculino perfecto de una novela de romance juvenil. Y respondiendo a los segundo, tu eres el que habla como si hubiesen tenido algo.

—¿Yo? —le pregunto—. Ese protagonosta serás tú: el chico malo, mujeriego, que vuelve locas a todas las chicas del instituto pero se enamora y se convierte en toda una dulzura de chico. Además, tu eres el que está interpretando la situación como quieres.

—Es verdad, soy perfecto —y en vez de escuchar lo último que dije se tenía que quedar con lo primero aumentando su ego.

—Yo no he dicho que seas perfecto.

—A ojos de las chicas jóvenes si lo soy.

—No lo dudo en lo más mínimo—respondo con sarcasmo—, y para que sepas, acabas de hablar como un hombre de treinta

Ares se ríe y finalmente se calla, lo cual agradezco profundamente. Aunque sus comentarios a veces son molestos, no puedo negar que me alegran un poco el día.

🌙🌙🌙

«Victoria»

Si en días anteriores estaba nerviosa y ansiosa, hoy lo estoy diez veces más.

Lastimosamente por fin ha llegado el reinicio de las clases, y los nervios han empezado ha hacer estragos desde la noche anterior, por lo que no he podido dormir lo suficiente. Lo único que no sé, es como Susan está tan calmada, leyendo las noticias en su tablet sentada a mi lado tomándose un café cuando yo casi no he ni desayunado —dije casi, así que ojo con eso—. ¿Por lo menos no podría mostrarse un poco afligida por el hecho de que no podrá ver a su prometido en unos cuantos meses? Tal vez si lo hiciese no me sentiría tan mal, ya que podría decirme a mí misma: «No te preocupes Victoria, no eres la única que está mal por tener que volver a ese sitio». Pero no es así. ¡Mi mejor amiga no hace nada por tranquilizarme!




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