Capítulo 13: ¿Me Arrepiento De Haberlo Hecho O No? III
«Susan»
—Aaaaaaaaaahhh —Ares sale corriendo cual gallina cuando sabe que la van ha hacer caldo y me grita—: ¡Se puede saber a que esperas para correr!
—¡Que idiota! —mascullo.
—¡¿Es que no has visto el tamaño de esa cosa?! —exclama exasperado.
Jonek Joqquxe xo qu Hiokku Eqixuxu es una especie de dragón con un cuerpo que parece compuesto por rocas de unos sesenta metros quien fue encerrado hace siglos bajo tierra. Recuerdo esos datos ya que los leí en una enciclopedia dedicada a las especies más primitivas de nuestro reino.
Esquivo una bola de magma que me lanza y corro al sitio donde está Ares para alejarnos del lugar y así poder pensar con algo de calma —dentro de lo que cabe, por supuesto—. Corro por encima de un grupo de enormes piedras, pero estas explotan al impactar otra bola de magma contra ellas, lanzándome a varios metros por detrás, logrando que el impacto me propicie un fuerte golpe en la pierna que hasta creo que me la he roto.
Veo venir otro ataque procedente del demonio pero no llega a impactar sobre mí ya que mi acompañante nos cubre con una barrera protectora, lástima que sea de esas que no duran mucho y más cuando uno se batalla con un oponente de tal magnitud.
—Vamos, corre —me ayuda a ponerme de pie.
—Creo que me he roto la pierna —le comunico sin poder levantarme.
—Mierda.
Sin previo aviso me levanta en volandas y corre en dirección contraria al palacio esquivando restos de trocos de los árboles en llamas y charcos de lava buscando un lugar más seguro lejos de la colosal criatura que nos ataca.
—¿Se puede saber cómo se acaba con eso? —pregunta depositándome en el suelo detrás del grueso tronco de un viejo árbol.
—Dudo que seas lo suficientemente fuerte como para acabar con el Jonek Joqquxe. Lo único que podríamos hacer es volver a sellarlo y luego comunicarlo para que especialistas se ocupen de él.
—¿Y cómo lo sellamos?
—¿Conjurando un sello? —lo miro mal—. No me digas que no sabes conjurar sellos.
—Los de nuestro reino no podemos utilizar ese tipo de magia, nuestro poder respecto a estas cosas es bastante limitado. Los sellos que sabemos no son lo suficientemente poderosos como para utilizarlos con demonios —comenta—. Además, yo no puedo hacer conjuros de gran magnitud.
—Está bien, déjame pensar un poco.
Se mantiene vigilando a la criatura que se encuentra a metros de nosotros y yo me centro en pensar en algo lo suficientemente fuerte como para sellar al Jonek Joqquxe.
De momento se me viene a la mente el conjuro que aparecía en la enciclopedia que decía que utilizó el que lo selló. Lo recuerdo bien ya que leí muchas veces el libro, solo espero que funcione. Dejo que la energía se expanda brote de mi cuerpo deslizándose a través de las grietas del suelo. Siento como se acerca a la criatura y la envuelve dominando su cuerpo y obligándola a volver a las profundidades de la tierra, la cual tiembla como si lo que ocurriera fuera un terremoto.
—¿Qué mierda? —abre la boca anonadado—. ¡Eso fue increíble!
Sonrío e intento levantarme pero caigo, no solo por mi pierna lastimada sino por lo debil que estoy, ese es el precio de los grandes conjuros. Él se acerca y me ayuda a ponerme de pie pero no deja que camine —salte en mi caso—, ya que me aprisiona contra un árbol.
—Creo que debería de dejar de privarme de lo que llevo buscando todo el día señorita Alecott.
Sin darme tiempo a preguntar ha qué se refiere se prende de mis labios salvajemente. Intento separarme porque sé que esto está más que mal, pero él no me lo permite, haciendo que me rinda ante esta batalla que sé que no voy a ganar. Tras dejar mi boca baja lentamente por mi cuello dirigiéndose hacia mis pechos, y así continuar un lento y tortuoso descenso.
—¿Susan, eres tú? —gritan cerca.
¡Maldita sea mi jodida vida! Eso sonó demaciado cerca.
—Ares, aparta —le ordeno en voz baja, pero creo que no la suficiente como para que no nos oyeran.
—Susan. ¿Qué ha pasado? —pregunta frente a mí Alice: una excompañera de clase que pertenece a la guardia real.
Levanto la cabeza para mirarla y me he quedado en blanco sin saber como responder a esta pregunta. Espero que en la oscuridad no se note lo roja que debo tener la cara.
—Susan cree que se ha roto una pierna y estaba revisándola —responde Ares tranquilamente y no sé cómo se las arregla para sonar tan despreocupado.
—¿Pero estás bien? —vuelve ha preguntarme—. Escuchamos ruidos y vinimos a ver que estaba pasando.
—Si, estoy bien, solo es la pierna —suspiro cansada—. Al parecer Jonek Joqquxe xo qu Hiokku Eqixuxu se había liberado y realizó un ataque, pero logré encerrarlo de nuevo. Aunque no se si sea suficiente para contenerlo durante un extenso período de tiempo.
—¡Que bueno! Vamos para que alguien te atienda, ya yo comunicaré lo ocurrido.
Al Alice darse la vuelta Ares vuelve a mi altura y me proporciona un fugaz beso en los labios y me vuelve a levantar en volandas con el objetivo de no maltratar mi pierna lesionada.
El transcurso se vuelve silencioso nuevamente. Me dedico solo ha admirar lo causado por el demonio primitivo que que no hace más de diez minutos nos atacaba con enormes bolas de magma para incinerarnos. El lugar ha quedado despejado de árboles, solo quedan sus restos carbonizados, otros ya hechos cenizas y el suelo conserva charcos de magma que hacen del ambiente insoportable producto a las fuertes ondas de calor que libera la masa de rocas fundidas.
Nos toca rodear la propiedad hasta la entrada principal ya que en mi condición no puedo subir por el muro y siento hasta pena por Ares por cargarme durante el largo camino. No lo noto cansado, pero aún así, no es su obligación el cargar conmigo todo el rato sin descanso alguno.
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Editado: 15.05.2026