La luna sobre nosotros

I.- La luna sobre Falktown


Habían cesado ya los estruendos de la segunda guerra mundial. La tierra se mostraba herida e infértil, con el sonido de llantos y agonías se recordaría por siempre como se atentó contra la propia vida.
Una mujer de origen japonés, partió de su tierra natal para llegar a las islas Británicas más precisamente al norte, en un extremo oeste. Unas tierras habitadas por no más de sesenta familias,las cuales en su totalidad se dedicaban a actividades de producción animal. 
Falktown, como se denominaba mi pequeño mundo en el universo, era un pueblo minúsculo el cual poseía al sur unas extensas planicies con caminos que llevaban a las grandes metrópolis modernas, privándo así mí amada tierra de cualquier viajero curioso. Más al norte, en el extremo, una bahía tormentosa e imponentes acantilados que con el estruendo de las olas entonaban un fortísimo coro de graves voces propias de la naturaleza. Sobre los acantilados, posado sobre el más alto de ellos; mi humilde hogar. Una construcción de madera, al estilo "templo japonés" con tejas escarlata en el techo y cercos de madera que servían para demarcar el limite del patio con la zona en la cual habitaban los animales. Nosotros vivíamos de lo que ellos producían y ellos vivían de lo que nosotros sembrábamos, beneficio mutuo era lo que se daba. Fuera de la casa, se encontraba un viejo roble que realizaba milagros por la noche, allí había un neumático sujeto a una rama mediante una cuerda trenzada, era mí lugar favorito para imaginar la vida que nunca tendría.
Mitsuki, así me bautizo mi madre. Yo, nunca conocí a mi padre, a quien la guerra me arrebató. Nací con una leve malformación en mi ojo izquierdo, la cual tornó el mismo de un tono blanquecino, condenándome a las malas miradas del prójimo y una popularidad escolar para nada envidiable.

En el aula de la escuela abundaban los personajes grotescos, los cuales parecían sacados de un cómic para adolescentes. Desde la chica popular, la amiga de dicha chica, el brabucón que salía con la popular, el nerd y Mitsuki. Aunque no quisiera (ya que estaba obligado a hacerlo) todos los días socializaba con alguien, si es que a eso se le podía llamar socializar, y ese alguien era Will. Hijo de un importante empresario del agro, el "ricachón" me propinaba una paliza a diario y cada tanto arrojaba mi parche al retrete de las mujeres, se imaginaran ya, como era la titánica labor de recuperarlo. A pesar de todo, siempre pensé que Will era así por algún motivo. No fué sino hasta inicios del otoño de 1944 cuando lo encontré solo frente al espejo del baño de la escuela, un podría pensar que aquello no es nada extraordinario, fuera de lo normal. Sin embargo, el estaba estático, y su reflejo también. No me animé a mirarlo a los ojos, por lo que dirigí mi vista hacia su reflejo en el espejo y entonces lo noté, estaba llorando. De alguna manera, aquella parte de mi que consideraba muerta o inexistente brotó y me acerqué a él.

—Oye, Will ¿estás bien?— le pregunté ignorando quien había sido él hasta entonces.

Empero, el cerró su puño y lo levantó. Yo cerré mis ojos y puse cara de dolor, más el golpe nunca llegó.  Algo retumba,  como cuando uno golpea la pared.

— Mitsuki... dime tu que no tienes padre ¿has experimentado alguna vez la soledad?— su rostro reflejaba dudas, dudas existenciales y un lamento profundo, un llanto que venia del alma..

— Yo, e- emmm— la situación me tomó por sorpresa y no sabía que responder — Si, podría decirse que conozco la soledad. Pero si me lo permites...  ¿que clase de soledad podría experimentar Will Dankworth?

— Mi familia, tengo padre y madre. Sin embargo, prácticamente no les conozco. Nunca están. En la escuela he obtenido los mejores logros en lo deportivo, pero, nunca presenciaron cuanto me esforcé por obtenerlos. Se podría decir que tengo muchos amigos, aún así ninguno jamas ha visto a alguno de mis padres ni viceversa. ¿Tu que relación tienes con tu madre?

— Bueno... no lo podría poner en palabras como tú, pero si tratara de describir como se siente podría decir que es como si ella se esforzara y diera lo mejor de sí para tratar de llenar el hueco que dejó mi padre.— mientras pronunciaba esas palabras, dentro de mí pensaba " debo retribuirle de alguna manera todo lo que ella hace por mi".

— Eso... eso es, eso debe ser genial.— opinó Will acerca de la relación que sostenia con mi madre.

— Creo, que si. Will ¿no hablaste de esto, de como te sentís con alguno de los chicos del club?

—No, no lo he hecho. No creo conveniente que vean al capitán del equipo con expresiones de debilidad. — aquello me sonó muy estereotipado, sin embargo tenía sentido.

— Quizá tu no compartas lo que voy a decirte, pero cuando alguien atraviesa una dificultad y luego les demuestra a los demás como la superó, ahí es cuando realmente deja en claro su fortaleza. En lugar de esconder las debilidades, debes permitir que tu prójimo las aprecie porque no solo verán como después triunfas sobre ellas, sino que ellos podrían ayudarte. — realmente estaba sonando como mi madre durante aquel momento, esas palabras la habría oído incontables veces. Era como si oyera la voz de mi mamá mientras enunciaba aquel consejo.




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