Me removí incómodo en el asiento y, sin pensarlo demasiado, tiré de mi capucha para cubrir parte de mi rostro. Después, recorrí el lugar con la mirada, buscando cualquier señal de que alguien estuviera prestando atención a nuestra conversación.
Mis ojos regresaron a Josh cuando lo escuché suspirar.
—Maldita sea, Chris. ¿Por qué me ocultaste esto? —preguntó, frustrado—. ¿No te he demostrado que puedes confiar en mí?
Me encogí de hombros, intentando restarle importancia.
—No es nada, ¿de acuerdo? Solo son esas malditas pesadillas otra vez.
Intenté sonar tranquilo, pero Josh no se dejó engañar.
—Y esas malditas pesadillas son exactamente lo que desencadenó el ataque, ¿verdad?
Su mirada se clavó en mí. El destello de preocupación en sus ojos seguía ahí y eso era precisamente lo que había estado intentando evitar.
Josh ya me trataba como si fuera un niño que necesitaba que alguien estuviera pendiente de él. Si le contaba lo que estaba pasando, solo conseguiría que se preocupara todavía más durante los próximos días.
—Chris, por favor, no te molestes —dijo con voz más suave—. Tienes que entender que no puedes mantener a la abuela y a mí al margen de esto.
Sentí que la irritación comenzaba a apoderarse de mí.
—Ya te dije que no es nada —murmuré, evitando su mirada—. Me ves bien ahora, ¿no?
Apreté la mandíbula.
Sabía que estaba preocupado, también sabía que tenía motivos para estarlo, pero no creía que fuera necesario hablar de aquello.
Sí, el regreso de las pesadillas me había sacudido. Me habían dejado confundido, agotado y con una sensación que no sabía cómo explicar, pero no quería que nadie se entrometiera.
Era mi problema.
Yo debía resolverlo.
—No quiero que intentes arreglar todo por mí.
Josh se inclinó un poco hacia mí.
—Dime la verdad... ¿Es por eso que has estado actuando tan extraño últimamente?
—¿De qué estás hablando?
Josh permaneció en silencio durante unos segundos. Pude notar la duda en sus ojos, como si estuviera buscando las palabras adecuadas.
Finalmente, habló.
—Bien sabes de qué estoy hablando. No estás durmiendo casi nada. Apenas comes al mediodía. Casi no me hablas... Te estás aislando otra vez. Estás volviendo a ser reservado.
Tragué saliva.
Como un cobarde, desvié la mirada y me cubrí el rostro con ambas manos.
Sabía exactamente a qué se refería, y también sabía que, tarde o temprano, tendría que enfrentar aquello. Lo que más me dolía era darme cuenta de que, una vez más, había conseguido preocuparlo.
No era mi intención.
Había intentado ser fuerte, mantenerme activo, hablar más con la gente, pero últimamente me sentía extraño cuando estaba rodeado de personas. A veces simplemente no puedo soportarlo, es como si su presencia me enfermara.
—Chris, por favor. Solo quiero ayudarte.
Negué lentamente con la cabeza.
—¿Cómo puedes ayudarme? Las pesadillas siempre son sobre ellos... y sobre lo que le pasó a Nathan. Son recuerdos. ¿Cómo puedes ayudarme con algo así cuando ya forma parte de mí?
Aparté la mirada y respiré hondo, sintiendo un nudo formarse en mi garganta.
— Quizá nunca pueda superarlo del todo porque yo estaba allí. Porque yo... lo ví todo.
La expresión de Josh cambió de inmediato. El arrepentimiento apareció en sus ojos.
Habían pasado diez años...
Diez malditos años.
Éramos unos niños cuando ocurrió.
Estábamos en una fiesta, en una enorme finca cerca de un bosque en Arizona. Nadie supo qué pasó, nadie vió a los niños salir de la fiesta.
Sólo... desaparecieron...
Los buscamos durante horas y cuando finalmente decidimos adentranos en el bosque... encontramos algo que marcaría nuestras vidas para siempre.
Eran ellos.
Estaban destrozados.
Algo... o alguien los había atacado.
Sus restos estaban esparcidos entre los árboles, como si aquello que los había matado ni siquiera hubiera considerado sus pequeños cuerpos como humanos.
Solo teníamos siete años.
Desde entonces, he tenido pesadillas con aquella noche, desde entonces... todo pareció salir mal para mí, pero había algo que no conseguía entender ¿Por qué tenía esos otros sueños? ¿Por qué soñaba con aquella casa en llamas? ¿Por qué aparecía un bebé que no conocía?
¿Por qué... ¿Por qué soñaba con aquella criatura alada?
El sonido de un tenedor de plástico golpeando el recipiente frente a nosotros me hizo regresar al aquí.
—Hermano... sé que odias hablar de esto, pero... ¿has pensado en volver a ver a tu médico?
Solté un bufido y negué con la cabeza.
—No sé por qué están pasando otra vez, pero no creo que signifique que estoy recayendo.
Josh me miró con seriedad.
—Yo no dije eso. Solo quería saber si...—
—¿Si estoy volviendo a perder la cabeza?
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
La expresión de Josh se ensombreció. El azul de sus ojos perdió aquella calidez habitual y se volvió mucho más serio.
—Hermano... ya es suficiente. Sabes que lo decimos por tu propio bien. No porque pensemos eso de ti.
Suspiré y bajé la mirada. Necesitaba calmarme. Josh solo intentaba ayudarme. No se merecía que descargara mi frustración con él.
—Lo siento, Chris. No debí sacar el tema así. Soy un idiota.
—Sé que lo eres, pero no tienes que disculparte por eso.
Intento recomponerme, pero el nudo en mi garganta no desaparece.
Con Josh ya no me siento tan incómodo reaccionando de esta manera. Él ha visto suficiente de mí como para entenderlo. Aun así, no quiero seguir dándole razones para darse cuenta de lo débil que todavía soy.
—Y tú eres un raro —dice de pronto, consiguiendo arrancarme una sonrisa.
La campana anuncia el inicio de la siguiente clase, así que ambos nos levantamos.
Sin embargo, antes de que pueda alejarme, Josh me detiene sujetándome del hombro.
Editado: 18.09.2026