Apenas puedo soportar el dolor de mi pierna.
Gran parte de mi cuerpo comienza a sentirse entumecido, aunque supongo que se debe a las bajas temperaturas que nos rodean.
Seguimos sin encontrar nada que nos indique que estamos cerca de la salida. Tampoco he conseguido reconocer el camino por el que los chicos y yo cruzamos ayer.
Y eso comienza a preocuparme.
Perderme sería el colmo de mis desgracias en un día que ya ha comenzado bastante mal. No creo que tengamos demasiado tiempo antes de que anochezca.
Estoy preocupado...
La herida de la chica que me acompaña tampoco tiene buen aspecto. Cada vez que la miro, mi estómago se revuelve. Lo extraño es que ella actúa como si nada.
Como si no le doliera nada...
Pero es imposible ignorarla.
Realmente parece que algo la hubiera mordido. Pensar en ello me pone ridículamente nervioso. No puedo evitar preguntarme qué pudo haberle ocurrido.
¿Qué clase de animal podría haberle provocado una herida así? Y, si realmente fue atacada por un animal... ¿Cómo demonios consiguió sobrevivir y salir de allí por su cuenta?
Los pensamientos se amontonan dentro de mi cabeza y ninguno parece tener una respuesta lógica.
Su silencio tampoco ayuda.
Desde que comenzamos a caminar... apenas ha pronunciado unas palabras y ni siquiera se ha molestado en mirarme de nuevo. Eso sólo consigue intrigarme y confundirme todavía más, porque, para empezar... ¿Qué demonios hacía ella ahí?
Jamás la había visto.
No estoy seguro de que pertenezca al pueblo. Si así fuera, seguramente ya me habría cruzado con ella alguna vez. Beacon es un lugar pequeño y muy poca gente vive allí.
Además... alguien como ella... es difícil de olvidar.
Estoy seguro de que recordaría haber visto antes ese cabello negro, esos ojos tan extraños y esa apariencia tan peculiar.
Oh, diablos...
Un escalofrío me recorre el cuerpo cuando una idea mucho más importante me golpea de repente.
Los chicos...
¿Estarán bien? ¿Habrán conseguido salir?
Todo mi ser ruega porque estén bien, porque hayan encontrado a las chicas y a Marcus.
Cuando llegué al lugar del incendio no encontré ninguna señal de ellos. Sólo encontré fuego, humo y a esta extraña chica.
Mierda.
¿Qué demonios hacía allí completamente sola? ¿Y qué fue lo que ocurrió realmente con ese incendio?
No consigo dejar de pensar en ello, ni en todas las preguntas que parecen multiplicarse dentro de mi cabeza.

Llevamos más de una hora y media caminando.
Este camino resultó ser un atajo, aunque nos ha obligado a tomar un recorrido mucho más largo debido a que la ruta anterior quedó completamente obstruida por el fuego.
No tuve otra opción.
Ahora sólo espero que este camino nos conduzca finalmente hacia la salida. No sé cuánto más puedo soportar. Siento que mis fuerzas comienzan a desaparecer con cada paso.
El cansancio pesa sobre mi cuerpo y el dolor de mi tobillo no deja de recordarme que debería estar descansando, pero lo que más me incomoda es el silencio.
Este extraño e inquietante silencio que se ha instalado entre la chica y yo.
Me pone nervioso...
Quiero preguntarle todo, quiero saber qué le ocurrió.
Quién es...
De dónde salió.
Qué hacía en aquel lugar. Y, sobre todo, qué demonios fue lo que la dejó con esa herida.
Ya no soporto guardar tantas preguntas dentro de mi cabeza, pero ella no parece tener ninguna intención de hablar. Ni siquiera ha vuelto a mirarme, y, para mi sorpresa, tampoco ha intentado discutir conmigo otra vez.
Después de todo lo que hemos pasado, debería agradecerlo, pero, por alguna razón... su silencio me inquieta mucho más que sus insultos.
Verla tan seria y distante, casi como un robot, me hace sentir un poco cobarde... y también extraño. Ahora sólo se sostiene con firmeza de mi hombro para continuar avanzando. No termino de entender esa alarma que siento cuando estoy cerca de ella. Tal vez sea por su manera de encerrarse en el silencio, o tal vez porque todavía no consigo asimilar que la encontré en medio de aquel incendio, herida y completamente sola.
O quizá sea porque es la persona más impresionante y extraña que he conocido en mi vida.
—S-si quieres... podemos detenernos un momento para que descanses.
Quiero golpearme por tartamudear, pero necesitaba romper de alguna manera este silencio incómodo.
Finalmente, se digna a mirarme.
No logro descifrar su expresión. Parece molesta, y también luce confundida.
—Sigue caminando.
La dureza de su tono me toma por sorpresa.
Su respuesta es tan seca y determinada que consigue sacarme completamente de balance.
Su mirada me provoca un escalofrío.
Trago saliva y reúno el valor suficiente para insistir.
—Pero esa herida se ve grave... Necesitas descansar aunque sea un minuto. O, sino...—
—¡Estoy bien! —me interrumpe—. ¡Dije que sigas, niño!
—Sólo déjame revisar qué tan mal está.
Intento agacharme para observar la parte ensangrentada de su pierna, pero ella me detiene antes de que pueda acercarme.
Su mano se cierra con fuerza alrededor de mi brazo. El dolor me hace estremecer.
Vuelvo a encontrarme con sus ojos.
Se ven diferentes.
Extraños.
Aterradoramente furiosos.
Sus pupilas parecen haberse contraído y el color de sus iris, antes de un azul claro y eléctrico, ahora luce ligeramente más oscuro.
Me quedo inmóvil.
¿Cómo es posible? ¿O estoy imaginando cosas?
—¡No te atrevas a hacer eso de nuevo, niño, o lo lamentarás!
Su grito me paraliza.
No sé qué decir, ni siquiera sé cómo reaccionar.
<<¿Pero qué demonios le pasa ahora?>>
—Só-sólo quiero ver qué tan grave es...
—¡Aquí no podrás hacer nada por ella! ¡Déjate de estupideces y salgamos de aquí lo antes posible! ¡Y no vuelvas a intentar tocarme!
Editado: 18.09.2026