La luz de Lamia

Capitulo 7

—¿Tengo que repetirlo? Ya le dije que no había nadie más con ella —dije, intentando mantener la calma.

—Es necesario aclarar hasta el más mínimo detalle, hijo. Necesitamos toda la información posible para resolver esto cuanto antes —respondió el detective, un hombre de traje negro, mirada seria y una pequeña libreta entre las manos, en la que anotaba cada palabra que salía de mi boca.

—Dime una cosa más, Christopher. ¿Alguien más sabía que ustedes estarían en ese lugar?

Tragué saliva y bajé la mirada.

Mi abuela estaba allí, observándome, y me dolió descubrir decepción en sus ojos. No podía culparla por sentirse así. No solo le había mentido, también le había dado un susto de muerte.

Me sentía como un completo idiota.

Después de unos segundos de silencio... negué lentamente con la cabeza.

—No. Nadie más lo sabía. Solo los chicos y yo. No estoy seguro de si ellos le comentaron algo a alguien más, pero no lo creo. Todos intentábamos ocultarlo para que nuestros padres no se enteraran y nos castigaran —terminé de explicar con un hilo de voz.

El detective soltó un suspiro, rompiendo el incómodo silencio que se había instalado en la habitación.

—Muy bien. Creo que con eso será suficiente por ahora.

Me atreví a levantar la mirada después y lo ví guardar la libreta y el bolígrafo en el bolsillo interior de su saco.

—Señora Evans, no se preocupe. Seguiremos buscando respuestas. Tal vez alguno de los testimonios de los otros chicos pueda darnos más pistas.

—¿Está seguro de que esto es necesario? Hay muchas otras maneras en las que puede originarse un incendio —pregunté, intentando cuestionar su teoría.

El detective asintió.

—No podemos descartar ninguna posibilidad, hijo. Estuvieron en un peligro enorme.

—¿Pero de verdad cree que alguien pudo...? —

—No quiero alarmarlos —me interrumpió—, pero incendios de esa magnitud no eran frecuentes en ese lugar. Y un desastre así no siempre puede explicarse simplemente como un accidente.

La tensión dentro de la habitación aumentó después de sus palabras.

Mi abuela me miró con preocupación. Incluso el médico parecía estar evaluando la situación con una expresión seria.

—Dios mío... —murmuró mi abuela, llevándose una mano al pecho—. ¿Pero por qué alguien querría hacerles algo así a unos niños?

—¿Puedo verlos ya?— La interrumpí de inmediato. No quería seguir hablando de aquello.

Los tres se giraron hacia mí al mismo tiempo y me sentí un poco acorralado.

No me gustaba recibir tanta atención, especialmente de un médico y un policía. Aquella combinación me traía recuerdos horribles de lo ocurrido con David y... con mi madre.

—En un momento, Chris. También están siendo atendidos —respondió el detective.

Sentí el pecho estrujarse por la ansiedad.

Nunca había sido bueno esperando. Y la incertidumbre me estaba asfixiando.

—Es que... no los he visto en todo el día y...—

—Tranquilo. Ellos están bien —me interrumpió el doctor—. Tu amigo Marcus solo tiene una lesión leve en el brazo y ahora mismo están atendiéndolo. Estará bien. Podrás ver a tu primo y a los demás chicos en un momento. Primero necesitan dar su testimonio.

Suspiré, resignado.

Mi abuela y los dos hombres continuaron hablando, pero dejé de prestarles atención.

Me sentía sofocado. Confundido.

Era demasiado para procesar...

Había pasado todo el día sin poder ver a ninguno de los chicos. Afortunadamente, todos habían salido con vida del caos. Tuvieron la suerte de que unos bomberos llegaran al lugar a tiempo y pudieran ayudarlos a salir.

Eso fue lo que Marcus declaró unas horas atrás.

Según él, despertó al darse cuenta del caos y actuó de inmediato cuando comprendió que el fuego provenía de la zona donde se encontraban las chicas.

No pensó demasiado las cosas.

Simplemente fue.

Estaba demasiado asustado y desesperado como para detenerse a considerar las consecuencias.

La lesión en su brazo derecho ocurrió cuando una rama en llamas cayó cerca de él y le rozó el brazo con fuerza mientras se dirigía hacia las chicas.

Marcus logró encontrarlas. Estaban siendo asfixiadas por el humo, pero seguían conscientes. Intentaron regresar por nosotros, que permanecíamos dormidos, Josh, Aarón y yo. Sin embargo, el fuego les cerró el paso. Las llamas habían bloqueado el camino que conducía hasta donde estábamos, así que tuvieron que tomar un atajo para poder salir. Fue entonces cuando se encontraron con los bomberos.

Los hombres se habían adentrado en el bosque para combatir aquel infierno y fueron ellos quienes ayudaron a Marcus y a las chicas a salir. Después volvieron a entrar cuando Marcus les explicó que todavía estábamos dentro. Eso también explicaba por qué había perdido de vista a Aarón y a Josh. Los bomberos los encontraron cuando se habían separado y los ayudaron a salir. Incluso les impidieron regresar al bosque para buscarme. Aquella zona era prácticamente un infierno.

Eso era todo lo que me habían contado hasta el momento, y, aunque todavía tenía demasiadas preguntas... al menos podía respirar un poco más tranquilo sabiendo que todos estaban bien.

Sin embargo, seguía hambriento de respuestas porque no todo había sido aclarado.

Ni el incendio.

Ni la razón por la que había ocurrido.

Y mucho menos quién era esa chica que apareció de la nada.

Me preguntaba quién sería.

¿Sería de Beacon?

No podía dejar de pensar en ella.

La última vez que la ví estaba aterrada, y aunque no la conocía, aunque no sabía absolutamente nada sobre ella, me había dejado demasiado preocupado.

Solo esperaba que estuviera bien, o, al menos, más tranquila.

Y sí...

Lo admitía.

Una parte de mí quería volver a verla.

El interrogatorio del detective había sido demasiado extraño. Parecía convencido de que aquello no había sido un simple accidente, yo tampoco quería descartar esa posibilidad, pero tampoco quería pensar en ella como una sospechosa.



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En el texto hay: misterio, demonios, amor

Editado: 18.09.2026

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