—¿Seguro que no lo imaginaste? Quizá pudo tratarse de un maldito gato.
—Por Dios, todavía no estoy tan loco como para alucinar cosas así. Te juro que era la silueta de una persona. Muy alta. Es imposible que haya sido un gato.
—Has dicho que acababas de despertar. Quizá todavía estabas soñando.
—Estoy seguro de que era real —insisto—. Ví cómo las ramas del árbol se movían, como si hubiera alguien entre ellas.
Josh no responde. Solo se queda pensativo, y eso consigue ponerme un poco nervioso.
Aprovecho su silencio para acomodar los frascos de verduras y las sopas enlatadas en las repisas de madera. Todavía me queda mucho por hacer. No puedo creer que estas dos últimas horas hayan pasado tan rápido. Prácticamente no hemos avanzado con el inventario de la tienda.
El negocio de abarrotes pertenece a mi abuela, y Josh y yo solemos ayudarla varias veces a la semana.
Cuando mi primo llegó esta mañana al local que tenemos en Street, no pude evitar abordarlo para contarle lo que me había ocurrido hacía unos días en el patio de mi casa. Por supuesto, no ha creído una sola palabra de lo que le he contado. Ya me lo esperaba y, en realidad, no puedo culparlo. Yo tampoco habría creído algo así si alguien me lo hubiera contado antes.
Pero todavía no consigo dejar de sentirme desconcertado. Y, sobre todo, asustado. No puedo explicarme qué fue lo que realmente ocurrió aquella madrugada en mi propia casa.
—Entonces, ¿qué piensas que era? —pregunta Josh, devolviéndome al aquí—. ¿Un fantasma? Tú eres el que dice que no existe nada de eso, hermano.
No puedo evitar poner los ojos en blanco. Siento que solo está burlándose de mí.
Me levanto y dejo una caja de cartón vacía sobre una de las mesas.
—Nunca supuse que fuera un fantasma, idiota —respondo—. Solo dije que parecía una persona. Me preocupa que pudiera tratarse de un ladrón.
—O de una admiradora tuya que ahora te sigue hasta casa —dice Josh, guiñándome un ojo—. Ahora tienes a muchas chicas en la escuela muriendo por ti. No debería sorprenderte que alguna te siga hasta tu casa.
—¿Has hablado de lo que pasó con esa chica? Josh, te dije que no lo hicieras. ¿En serio crees que me interesa que todo el mundo se entere? No es algo de lo que presumir. ¡Estuvimos a punto de morir!
—Pero no murieron, gracias a ti. No le restes importancia al hecho de que la salvaste. Y a las chicas les gustan los héroes.
—Antes nunca les gusté. Ahora solo se interesan por mí debido a lo que pasó con ese caos. Después se aburrirán de toda esta historia del héroe, ya lo verás. Y tampoco me interesa seguirles el juego. Sabes que no soy así.
Josh pone los ojos en blanco y niega con la cabeza.
—Además... es imposible que la silueta fuera una "admiradora", como tú dices. Era enorme y ancha.
—Entonces tu aterrador acosador es un hombre... ¡Diablos! ¡Huye de aquí cuanto antes, viejo!
Le doy un golpe en la cabeza, aunque no demasiado fuerte. No quiero dejarlo más idiota de lo que ya está.
—¡Uy! ¡No soportas ni un solo chiste! ¡Por eso eres un repelente de gente! —chilla mientras se soba la cabeza con una mano.
Este idiota no se toma nada en serio.
A veces resulta desesperante intentar hablar con él.
No he dejado de pensar en lo que ocurrió aquella madrugada, cuando desperté en el patio de mi casa. Tampoco puedo dejar de sentirme preocupado por ello y, especialmente, por ese dibujo.
No tiene ningún maldito sentido.
No recuerdo cómo lo hice. Ni siquiera recuerdo haber salido de mi habitación. He confirmado que el sonambulismo existe, pero descubrir que podría haber hecho algo así mientras dormía me aterroriza. Y todavía me asusta más pensar que quizá también estoy perdiendo la poca cordura que me queda.
No dejo de imaginar aquella sombra que ví esa madrugada.
Ahora la veo en todas partes...
En todo momento y en cualquier lugar, siento que está ahí.
Observándome.
Siguiéndome, tal vez.
Me siento acechado, acorralado, y esta sensación enfermiza de pánico no ha dejado de perturbarme desde entonces.
Tengo miedo de descubrir que todo ha sido una mala jugada de mi propia mente. Jamás había alucinado antes.
Tengo miedo de no poder reconocerme. Tengo miedo de no saber qué está ocurriendo conmigo. Me horroriza pensar que estoy dejando de ser yo. Que, una vez más, estoy perdiéndome en la locura. Pero, aunque me aterre la posibilidad de estar enloqueciendo, resulta más fácil creer en eso que en estupideces absurdas como las de fantasmas.
Aun así, no puedo descartar por completo esa posibilidad porque aquella cosa que ví esconderse entre las ramas del árbol... Ni siquiera parecía humana.
Su forma era extraña. Demasiado extraña.
Parecía...
No.
¡Basta!
Estoy siendo ridículo. Quizá todo tenga una explicación.
Respecto al dibujo que todavía me tiene intranquilo, decido aferrarme a lo que me dijo mi primo. Las personas sonámbulas no tienen conciencia de lo que hacen mientras se encuentran en ese estado. No saben qué ocurre y, por lo tanto, tampoco pueden controlar sus acciones.
—Y... ¿cómo era? —pregunta Josh, devolviéndome al aquí.
—¿De qué hablas?
—Del dibujo que hiciste cuando estabas como zombie.
Niego con la cabeza ante su comentario.
Ni siquiera yo entiendo qué se supone que representaba aquel dibujo. Era demasiado complejo y extraño. De alguna manera, me hizo sentir perturbado desde el momento en que lo ví.
No le encuentro ningún maldito sentido y, mucho menos, alguna relación conmigo o con mis antiguos trabajos.
Me gustaba dibujar. Antes lo hacía mucho. Amaba plasmar todo lo que veía, desde paisajes hasta rostros, pero jamás había hecho algo parecido.
Después de permanecer unos segundos en silencio, decido responder:—Parecía algún tipo de simbología... y había una serie de números. No lo sé.
—No estés jugando, hermano —dice Josh, y su expresión cambia por completo. Ahora parece realmente preocupado.
Editado: 18.09.2026