La sangre parece haberse agolpado en mis pies.
No logro entender lo que está pasando ni aceptar lo que mis ojos están viendo. Tengo la cabeza hecha un desastre y soy incapaz de ordenar mis pensamientos. La impresión es tan grande que, por un momento, temo desmayarme.
<<¡¿Qué demonios hace ella aquí?! ¡¿Cómo es posible siquiera?!>>
Quiero creer que es producto de mi imaginación. Solo una mala jugada de mi cabeza. Quizá la obsesión que tengo con esa chica finalmente está haciendo que alucine.
Pero la veo.
Puedo sentir la tensión que provoca su presencia en el salón y percibir las reacciones de los chicos que me rodean. Eso basta para convencerme de que es real.
<<Eres un ridículo. ¡Es ella! ¡Reacciona de una buena vez!
¿A qué volviste tú?
A sacarte esas estupideces de la cabeza que te impiden ver con claridad lo que tienes frente a las narices y que te niegas a creer, como el maldito cobarde que eres.
¡Pero es imposible que ella esté aquí!
Ya viste que no lo es. Deja de hacerte el tonto.
¿Pero cómo es posible? ¿Por qué Jess no me comentó que ella asistiría a esta escuela?
No lo sé. Pero al fin tienes la oportunidad que tanto querías, ¿no? Ahora puedes descubrirlo. Está cerca de ti.
Pero esto ya me da mala espina. Ella...>>
—Tome asiento, señorita Ziegler —ordena el profesor, haciéndose a un lado para darle paso.
Ella obedece, aunque su movimiento parece forzado. La veo avanzar por el salón mientras se aferra al bolso que sostiene contra su pecho.
Insegura y temerosa.
Así luce ahora la extraña chica de cabello negro mientras busca un lugar donde sentarse. Su incomodidad no me pasa desapercibida. Puedo notar la tensión en cada parte de su cuerpo. Incluso parece como si estuviera enferma o sintiera algún tipo de dolor.
No puedo dejar de mirarla.
Y ahora, al observarla con mayor detenimiento, vuelvo a percatarme de lo adorable y diferente que se ve con el uniforme. Todos lo usamos, lo sé, pero en ella parece destacar de una manera especial. Hay algo en esa chica que continúa provocándome un asombro que ni siquiera soy capaz de explicar.
La piel pálida de su rostro crea un contraste casi mágico con su larga cabellera oscura, que cae hasta su cintura. Lleva la misma falda de cuadros negros con líneas verdes y blancas que usan las demás chicas, acompañada por el chaleco negro y la corbata del mismo color sobre una camisa blanca de mangas largas.
Admito que verla así... consigue despertarme una ternura que no esperaba sentir.
Mis ojos se niegan a apartarse de ella. No encuentro la fuerza para hacerlo y, mucho menos, para calmar ese extraño revoloteo que ha comenzado a agitarse dentro de mi estómago.
Todo dentro de mí parece activarse de golpe cuando me doy cuenta de que ahora es ella quien me está prestando atención.
Demonios...
Me ha visto.
Se ha dado cuenta de que estoy aquí.
Creo que me ha reconocido, porque ahora no deja de mirarme como si estuviera frente a algo extraordinario.
El asombro que aparece en su rostro resulta casi alarmante y consigue ponerme todavía más nervioso. También parece confundida. No logro sostener su mirada durante demasiado tiempo, pero antes de apartar los ojos vuelvo a apreciar ese increíble tono azul celeste que tienen los suyos. Le da a su rostro un aspecto casi mágico.
En realidad, luce completamente perpleja.
Quizá ella tampoco esperaba encontrarme aquí.
El latido dentro de mi pecho se acelera de una manera extraña. Por un instante, temo que todos en el aula puedan escucharlo.
Nuestras miradas continúan examinándose durante unos segundos que se sienten eternos.
Hasta que, finalmente, ella aparta los ojos.
Regresa a la tarea de buscar un lugar y comienza a avanzar hacia una de las filas que se encuentran a mi costado derecho.
Entonces noto que los demás empiezan a murmurar.
Supongo que no soy el único que se ha quedado impresionado con ella.
Josh y yo intercambiamos una mirada. Él parece incluso más sorprendido que yo, pero enseguida comienza a provocarme. Tengo que contener las ganas de ir a darle un golpe en la nuca por lo poco discreto que está siendo cuando empieza a señalarme hacia donde se encuentra ella.
Le niego con la cabeza.
Él, sin embargo, continúa haciendo gestos extraños.
Mis ojos vuelven a buscarla, aunque esta vez solo alcanzo a ver su espalda, ya que ha tomado asiento en uno de los pupitres de adelante.
Está aquí...
Todavía no consigo asimilar que realmente esté aquí.
Me parece tan increíble... tan irreal.
Pero esta vez no estoy soñando.
~*~
Después de una hora, el profesor da por concluida la clase y llega finalmente el momento del descanso.
No pude concentrarme en absolutamente nada. Mi atención estuvo puesta en ella todo el tiempo y, sobre todo, en el hecho de que realmente se encuentra aquí.
Me siento extraña y ridículamente eufórico por eso.
Tampoco pude evitar mirarla durante toda la clase. Espero que no lo haya notado. Supongo que no, porque ella no volvió a molestarse en mirarme.
Ni siquiera sé por qué me importa tanto.
Aunque, siendo sincero, me decepcionó un poco que no lo hiciera.
Pasé toda la hora pensando en esto y finalmente decidí acercarme a ella para preguntarle acerca de lo que ocurrió ayer con esa chica que la conoce y que fue a mi casa para cuestionarme. Tal vez ella pueda aclararme de una vez qué demonios está pasando.
<<Tú y yo sabemos que mueres por hablar con ella. Deja de inventar esas patéticas excusas.>>
Quiero preguntarle por qué enviaron a alguien que prácticamente intentó chantajearme. Quizá ella pueda explicarlo todo de una buena vez.
No quiero entrometerme en los asuntos de su familia, diablos, mucho menos en los de su supuesto "tío", pero necesito una explicación. Por culpa de ella están involucrándome en problemas que no me corresponden y, para empeorar las cosas, ahora también está Dorian de por medio.
Editado: 18.09.2026