La luz de Lamia

Capitulo 14

Constans.

La clase termina después de media hora.

Me recargo en mi asiento mientras observo cómo los demás estudiantes comienzan a salir del salón. No he dejado de maldecir en mis adentros. Estoy harta de estar aquí.

Tengo que quedarme porque ese viejo de Dillinger nos pidió a Christopher y a mí que lo esperáramos, según porque necesita hablar con ambos.

Sí, tenía que ser con ese chico.

Me siento ridícula por darle tanta importancia, pero todavía estoy molesta por la manera en que reaccionó cuando escuchó mi nombre junto al suyo.

Parecía haberle importado demasiado.

Creí que...

¡A la mierda!

Desde que me vió pude sentir su miedo.

Él también lo tiene.

Él también me...

<<Ya basta, Constans. ¿Qué esperabas? ¿Agradarles? ¡Nunca lo hiciste y nunca lo harás! ¿Qué demonios te importa ahora?>>

Me siento extraña conmigo misma. Por alguna razón, llegué a creerle cuando dijo que se había preocupado por mí.

Soy una estúpida.

Ambos permanecemos sentados en nuestros lugares, esperando a que ese profesor termine de hacerse el ocupado con unos papeles sobre su escritorio. Espero que sea rápido, sea lo que sea que tenga que decirnos. Ya no soporto estar aquí. Ya no soporto sentirme así cuando estoy cerca de ellos.

De pronto, el maestro nos ordena que nos pongamos de pie.

Me levanto a regañadientes, tomo mi bolso y avanzo con los brazos cruzados sobre el pecho. Mis entrañas se revuelven al sentir que ese chico también se acerca. Se mueve con evidente incomodidad hasta llegar al lugar donde estamos el maestro y yo.

—Chris, realmente me harías un gran favor si aceptaras hacer este proyecto con Connie —dice el hombre, señalándome con la mirada.

Los ojos del chico finalmente se encuentran con los míos, aunque solo por un breve segundo. Puedo notar la cautela en su mirada y hasta escuchar cómo traga saliva con dificultad después.

—Eres uno de mis mejores estudiantes y serías un excelente guía para ella durante este proyecto. Recuerda que es nueva y todavía necesita tutoría acerca de nuestros recientes temas y debates.

—No hay problema si Smith prefiere cambiar de compañera, profesor Dillinger. Comprenderé su decisión —intervengo, intentando sonar despreocupada.

—No... Está todo bien, señor —responde ese chico después de unos segundos de silencio.

Mis ojos se abren de par en par al escucharlo.

—Me quedaré con ella, señor. Estaré encantado de guiarla.

Aprieto la mandíbula cuando nuestras miradas vuelven a encontrarse.

Esta vez luce desafiante.

Ya no parece el chico nervioso de hace unos minutos. Hay algo diferente en sus ojos, una seguridad que antes no estaba ahí.

¿Pero qué demonios...?

Creí que él...

—No tengo ningún problema. No sé por qué ha creído eso usted y la señorita Ziegler.

¿Por qué cambió de opinión?

¡Creí que estaba asustado!

Después de darnos algunas instrucciones sobre el trabajo que tendremos que realizar, el profesor finalmente nos deja salir del salón.

Ya no tuve oportunidad de protestar. Aunque, pensándolo bien, tampoco veo mucho sentido en hacerlo. Por más mala espina que me dé todo esto, tengo que seguir con el show de la humana normal.

Al salir al corredor, observo a varios estudiantes deambulando de un lado a otro. No me pasa desapercibida la interminable cantidad de estupideces que murmuran cada vez que me miran.

—¿Seguirás ignorándome? Sabes que ya no tienes de otra si no quieres que te reprueben.

Había olvidado por completo que Chris seguía junto a mí.

Me obligo a mirarlo.

—Me importa un carajo si eso pasa. Creo que ya dejé bastante claro que este lugar no es mi prioridad —respondo, intentando mantener un tono frío y desafiante.

—Oh... ¿Entonces ya me hablarás?

—No me queda de otra, niño —le ruedo los ojos—. Me sorprende que ya hayas dejado de temblar.

—¿De qué hablas?

—No finjas. Parecías muy asustado ahí dentro. ¿Te doy miedo, niño?

Ríe después.

—¿Miedo de ti? No creo que haya algo de qué temer, ¿o sí?

<<Oh... Si tan solo lo supieras, niño.>>

—Si no me equivoco... la que ha parecido asustada aquí has sido tú.

Una risa se me escapa antes de responder:—¿Yo? ¿Qué te hace pensar eso?

—Pues... respecto a lo que me dijiste la otra vez. Jamás creí que hablaras en serio cuando dijiste que no te gustaba la escuela, pero me he dado cuenta de que, más bien... lo que realmente te incomoda son las personas.

Trago saliva con dificultad, pero aun así me obligo a mantenerme firme.

—¿Crees que les tengo miedo a esos niños? —niego con la cabeza y sonrío con amargura.

Se encoge de hombros.

—Podría comprender muy bien por qué te incomodan.

—A mí no me pasa nada con ellos, Christopher.

—¿Entonces tampoco te pasa nada conmigo? Porque también lo noto.

Siento cómo todo mi cuerpo se estremece después de escuchar eso.

Suspira y después me mira con una expresión un poco más... ¿desanimada?

—¿Me dirás al fin cuál es el verdadero problema que tienes conmigo?

Mis ojos se desvían de él en un estúpido intento por escapar de la pregunta.

Por supuesto que no voy a decirle la verdad. Por supuesto que no voy a contarle cuánto me afecta, en realidad, su sola presencia.

De pronto, unos murmullos cerca de nosotros llaman mi atención. Rápidamente compruebo que provienen del grupo de tontas que se encuentra cerca de la dirección.

"Miren a la pareja de raritos".

"Los dos encajan tan bien por extraños".

Aprieto la mandíbula.

La voz de Christopher me devuelve bruscamente al presente.

—Me alegra ver que estás bien.

Lo miro, extrañada. Nunca logro descifrarlo del todo, pero ahora luce algo cauteloso.

Genial.

Tiene miedo de nuevo.

—M-me refiero a tu pierna.



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En el texto hay: misterio, demonios, amor

Editado: 18.09.2026

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