Christopher.
Me había convencido de que mi mente ya no podía convertirse en un desastre peor, pero entonces se me ocurrió la brillante idea de acercarme a Constans e intentar besarla.
¿Qué demonios me pasó?
No lo comprendo.
Lo peor es que ni siquiera me arrepiento de haber estado a punto de hacerlo. Quería hacerlo. Anhelaba que sucediera. Fue como si algo dentro de mí hubiera tomado el control, empujándome a intentarlo cuando ya no podía seguir reprimiéndome.
El deseo de probar esos perfectos labios me está torturando.
Me llena de impotencia.
¿Por qué no lo hice? ¿Por qué tuve que detenerme?
Soy un idiota. Un cobarde.
No puedo dejar de pensar en aquel momento, en la mirada que tenía ella y en ese extraño, pero hermoso brillo que apareció en sus ojos azul celeste mientras me observaba, como si también estuviera esperando algo de mí.
Jamás imaginé que llegaría a cruzar una línea como esa.
Tengo que admitir que fue extraño. En mí nació una urgencia que nunca antes había sentido por ninguna persona, y mientras más pienso en ella, más me convenzo de que hay algo que no sé. Algo en Constans que no deja de llamarme, que me hace querer acercarme a ella, como si una parte de mí necesitara descubrir qué demonios está ocurriendo a su alrededor.
Hoy fue demasiado.
Ni siquiera sé qué fue lo más sorprendente: lo que estuvo a punto de suceder entre nosotros o aquello que descubrí sobre ella... sobre la extraña muerte de su familia.
Me sentí realmente mal al ver tanta tristeza en sus ojos cuando comenzó a hablarme de lo ocurrido, especialmente cuando mencionó a su hermano. Sentí que debía abrazarla. Que tenía que hacer algo, cualquier cosa, para aliviar ese dolor que todavía cargaba consigo.
Algo dentro de mí gritaba que tenía que acabar con su sufrimiento, aunque fuera por un instante.
Y, para ser sincero, también fue difícil contener ese impulso.
—Aún no me has platicado cómo te fue con tu friki hoy, ¿eh? —dice Josh junto a mi oído, arrancándome de mi desordenado armario de recuerdos.
Solo me encojo de hombros.
—Ni siquiera te agrada. ¿Por qué querrías saber de ella? —medio grito, porque la música que retumba por todo el salón apenas me permite escuchar mis propios pensamientos.
—¡Uuy! Lo siento, solo preguntaba —se encoge de hombros antes de darle otro trago a su vaso de cerveza.
Creo que ya es el onceavo que se toma.
—Pasó algo, ¿verdad?
—Te he dicho que no pasó nada, Josh.
Él soltó una risa áspera y ebria.
—¿Eso quiere decir que la maldita te dejó plantado?
—¡Josh!
Mi primo levantó las manos, como si se rindiera.
—¡Diablos! Ya entendí que no debo decir nada acerca de tu Friki porque te lo tomas en serio enseguida. ¡Estaba jugando, hombre!
Negué con la cabeza.
Él después me dio un golpe en el hombro.
—Te gusta, ¿cierto?
—¿Q-qué?
—Oh, vamos. A mí no me lo puedes ocultar. Recuerda que solo tengo cara de tonto.
Negué con la cabeza, sin saber muy bien cómo reaccionar.
—Bueno... ella...—
—Ella te entusiasma. Se te nota. Es la única chica con la que has querido insistir tanto. ¿Por qué no quieres admitirlo?
— N-no es eso. Pero ahora sólo somos amigos. Creo...
Josh me observó con una seriedad que me tomó por sorpresa.
—Chris, si tú confías en ella, está bien para mí.
Sus palabras consiguieron conmoverme un poco, aunque también me dejaron incrédulo.
¿Josh diciendo algo así?
No parecía propio de él.
Me limité a mirarlo, intentando procesar lo que acababa de decir. Tal vez el alcohol estaba afectando su juicio, pero una parte de mí quería creer que estaba siendo sincero.
—No te detengas por nada ni por nadie. Si a ti te agrada de verdad... entonces es porque de verdad hay algo bueno en ella.
La mandíbula casi se me cae al suelo después de escucharlo.
Definitivamente, eso no sonaba a Josh.
<<¡Debe ser el alcohol! ¿Qué más podría explicarlo?>>
—Cielos... ¿qué pasó con Josh?
—Tengo mis momentos —responde con una sonrisa arrogante, y yo solo pongo los ojos en blanco.
Tal vez no estaba bromeando con lo anterior.
—Estando ebrio, solamente —me burlo.
Él me dedica una mirada asesina.
—No solo tú puedes ser el Romeo todo el tiempo, primito.
Vuelve a darle un trago a su vaso. Luce todavía más gracioso con esos ojos entrecerrados y esa mirada perdida.
No puedo creer que esté hablando con tanta sensatez cuando parece que apenas puede mantenerse en pie.
Definitivamente, Josh es un tipo de borracho bastante extraño.
—Fue muy difícil hacerme su amigo. No hay necesidad de empezar a pretender ser algo más tan pronto —aclaro mientras fijo la mirada en el vaso de vino que descansa frente a mí.
Había empezado a beber cuando ví que Josh estaba bastante perdido. Ni siquiera se dió cuenta cuando me escabullí para pedirle a Ed un poco de lo que él y los chicos estaban tomando.
Lo que Josh cree que estoy tomando ahora es soda y, bueno... supongo que así es como me sabe en este momento.
Es extraño...
Ni siquiera siento su sabor y su olor tampoco es demasiado penetrante.
De repente, siento un pequeño ardor debajo de la muñeca que me obliga a apartar la mirada de todo el alboroto. Intento averiguar qué ocurre y, al hacerlo, descubro una exagerada hinchazón alrededor de la marca que tengo ahí.
Todo mi cuerpo se tensa.
La confusión se apodera de mí hasta dejarme completamente atónito.
¿Qué demonios?
Antes no lucía así.
—¿Qué te pasa, galán?
—No lo sé. Solo me duele.
Le muestro la marca a Josh y sus ojos se abren de par en par.
—¿Qué demonios le hiciste?
—No lo sé. Ha estado algo rara.
—¿Seguro que estás bien?
Asiento, pero la expresión de horror no desaparece de su rostro.
Editado: 18.09.2026