"—¿Esto será otro intento de excusa, Lana? Ya basta de tomarnos por idiotas. Todo el pueblo ha sido consciente de la extraña situación que envuelve a tu hija desde hace tiempo. ¿Para qué seguir engañándonos?
Mis ojos se llenan de lágrimas por el miedo que me consume en estos momentos. La desesperación reflejada en el rostro de mi madre me estruja el corazón.
Es la tercera vez que veo a toda esa gente afuera de nuestra casa.
La tercera vez que llegan a amenazarnos con antorchas y otras armas.
Son nuestros vecinos.
Algunos incluso pertenecen a nuestra propia iglesia. Esta vez lucen mucho más enfurecidos, como si hubieran perdido por completo el control.
No dejan de gritar y exigir que seamos exiliados del pueblo de una vez por todas.
Tengo miedo...
Mi cuerpo no deja de temblar. Me duele ver tanto desprecio en sus rostros. Siento que esta vez no tendrán piedad de nosotros.
De mí...
<<¿Por qué hacen esto conmigo? ¿Por qué me odian tanto?
¡Yo no les he hecho nada malo a ninguno de ellos!
No merecemos esto...
Yo no lo merezco.>>
Me aferro con fuerza al manto de mi madre mientras me oculto detrás de ella. Es el único refugio que encuentro en este momento.
Mi madre permanece en la puerta, intentando hacerles frente a pesar del temor que se refleja en su rostro. Samy llora inconsolable entre sus brazos, pero eso no parece importarle a la gente que se encuentra afuera.
—¡Ella no ha hecho nada que haya quebrantado las leyes de nuestra iglesia! ¡Por favor!
—Los pequeños afirmaron haberla visto nuevamente en el bosque practicando... Me apena decirlo, pero eso solo puede significar hechicería.
—¡Las luces no se deben a ninguna clase de hechicería, Madre Anna! Jamás he intentado hacer algo parecido... ¡Jamás lo haría!
Ya no puedo resistirlo.
De pronto, todos dirigen su atención hacia mí.
No me creerán. Sé que no lo harán, pero ya no puedo seguir manteniéndome callada.
Estoy harta.
Harta de todas esas acusaciones. Harta de que nos hagan daño solamente porque no pueden comprender lo que me sucede.
—¡Yo no he hecho nada que involucre semejante abominación! ¡¿Por qué no me creen?!
—¡Ya cometes un grave delito al poseer esos extraños dones!
Los gritos de las personas me interrumpen. El barullo aumenta y, con él, también mi desesperación.
—¡Alejen a esa maldita bruja!
—¡Traerá una plaga si continúa aquí!
—¡Mi hija no es ninguna bruja! —mi madre me sostiene con fuerza contra su cuerpo. Es desgarrador ver la desesperación en sus ojos. Eso es lo que más me duele de todo.
Ella no merece ser tratada así por mi culpa.
—Has visto lo que ocurre con tus propios ojos, mi querida hermana. Sabes que en Connie habita algo que ha quebrantado nuestras leyes. Y es todavía más desaprobable que continúes aceptándolo.
—Pe-pero... la luz que emana de sus manos... No podemos explicarnos todavía de dónde proviene. Sin embargo, te aseguro que mi hija jamás pudo haberse involucrado en alguna práctica prohibida. Es solo una niña, Anna... ¿Cómo puedes siquiera considerar que una criatura como ella...?—
—También dice que puede ver y hablar con los muertos, Lana. ¡¿No te parece demasiado sospechoso ya?! ¡La niña se ha involucrado con el enemigo para obtener esas habilidades!
—¡Él es un Destello! ¡No es ningún enemigo! ¡Dijo que era un Destello, igual que yo! ¡Y que por eso yo podía hacer todo eso!
Vuelvo a intervenir y la mujer de cabello cenizo me observa con un horror todavía mayor.
No puedo explicarles quién es Koran.
Está más que claro que jamás me creerán, pero tampoco puedo permitir que sigan haciéndonos esto.
Yo no soy mala como ellos creen...
¡Soy un Destello, tal como Koran, mi guardián Anónimo, me explicó!
—¡Connie, por fa...!—
—¡¿Ves hasta dónde ha llegado?! ¡¿Qué es todo ese cuento que está diciendo ahora?! —la mujer vuelve a interrumpir a mi madre, mirándola con espanto.
—¡No es ningún cuento! ¡Puedo hacer todas esas cosas porque mi Destello me lo permite! ¡No porque sea una bruja! ¡No es un poder otorgado por el mal! ¡Créanme de una vez y, por favor, déjennos en paz!
Los gritos de la gente vuelven a inundar el lugar.
Bruja.
Mentirosa.
Demonio.
Monstruo.
Cada palabra se clava en mí como si fuera una piedra más.
—Lana... ¡Por favor! Te conozco desde hace mucho tiempo y no quisiera que salieras lastimada por esto —habla nuevamente la mujer, colocando una mano sobre el hombro de mi madre mientras le dedica una mirada preocupada—. Pero si no te marchas ahora mismo del pueblo con tu hija... todo esto será mucho más drástico. Y no solo para Constans. La gente insistirá hasta conseguir que la condenen a muerte.
Mis ojos se abren de par en par.
No...
No pueden hacer esto.
¡No pueden!
—Aléjate ahora mismo con la niña o esto los perjudicará a ti, a Leo y... a Sam.
Mi madre abraza con más fuerza a mi hermanito. El terror que veo reflejado en sus ojos es todavía más evidente.
—Aléjense antes de que las cosas empeoren.
De pronto, algo se estrella violentamente contra la puerta.
—¡Alejen a la bruja de nosotros!
—¡Aléjenla!
—¡Ya basta! —grita mi madre, desesperada.
Pero nadie la escucha.
Otra piedra golpea la casa.
Después otra.
Y otra.
Las personas comienzan a lanzarlas contra las paredes y las ventanas, mientras yo hundo mi rostro, empapado por las lágrimas, contra el vestido de mi madre.
Editado: 18.09.2026