La luz de Lamia

Capitulo 23

Constans.

Me hipnotiza la curva perfecta de sus labios, esa sonrisa capaz de iluminar mi mundo entero. Su belleza me envuelve en un manto de serenidad, transportándome a un refugio donde solo existen la paz y la felicidad.

Estoy convencida de que Christopher podría robarle el aliento a cualquier corazón que se atreviera a mirarlo.

Y yo, sin duda, soy una de esas almas cautivas.

Su mirada, cargada de ternura y diversión, consigue dejarme sin aliento.

Me siento rendida, completamente atrapada por su encanto, y no puedo evitar avergonzarme un poco de mi propia vulnerabilidad, pues ni siquiera tengo el valor suficiente para responder a la inesperada proposición que me hizo hace apenas unos segundos.

Sigo sin creerlo...

En este momento, soy el recipiente de mil emociones extrañas que revolotean dentro de mí como aves en pleno vuelo. Toda esta nueva tensión que se ha creado en la habitación comienza a abrumarme. Y, de pronto, lo veo inclinarse hacia mí, haciendo que mis ridículos nervios se multipliquen en cuestión de segundos.

Puedo percibir la agradable fragancia que emana de su cuerpo y eso solo consigue ponerme todavía más nerviosa.

No puedo concentrarme cuando lo tengo tan cerca.

Y esa súplica que alcanzo a distinguir en su tierna mirada... hace que me sienta todavía más débil, todavía menos capaz de pronunciar una sola palabra.

No puedo pensar en nada que no sean sus labios, llenos y perfectos, ni en lo nerviosa que me pone sentir sus ojos sobre mí de esa manera.

El azul que rodea sus pupilas resalta con una claridad impresionante gracias a la luz del sol que se cuela por la ventana.

Luce más impresionante, más mágico, más cautivador.

Todo él parece una maravilla andante.

Está comenzando a impacientarse por mi silencio. Su expresión ansiosa y ese ligero nerviosismo que intenta ocultar me lo hacen saber de inmediato. Suelta un suspiro cansado, pero vuelve a mirarme.

La luz resalta aún más la palidez de su rostro, dándole un aspecto casi irreal.

No recordaba que sus rasgos fueran tan finos. Ahora luce incluso más atractivo que antes, y no logro entender por qué.

Pero lo noto.

Cada día luce diferente.

—Tengo más de tres minutos esperándote.

Habla con un tono aburrido, aunque todavía puedo distinguir un pequeño destello de diversión en sus ojos.

Me acomodo en el sofá y después le ruedo los ojos.

—Uy, no te vayas a hacer viejo.

Él sonríe.

—Por favor. Será divertido.

—Ya te dije que odio estar en lugares con mucha gente.

—Yo también, pero lo soportaré si tú estás ahí. —Se ve tan tierno que continúa insistiendo, aunque todavía no estoy segura de aceptar—. Además, estarás conmigo. No tienes nada que temer.

—No puedo salir de noche. Ya te lo había dicho.

—Podría pedirle permiso a tu tío si quie...—

—¡Ni se te ocurra! —lo interrumpo de golpe.

Él esboza una sonrisa nerviosa. Su ingenuidad hace que la situación le parezca graciosa, pero a mí me aterra la sola idea de imaginarlo cerca de Dorian.

—Yo no le tengo miedo.

Se encoge de hombros con una tranquilidad que me resulta casi ofensiva.

Yo niego con la cabeza.

Quiero golpearlo por hacerse el valiente.

—¡Pero yo sí!

—¡Vamos, ven conmigo!

Creo que estoy siendo demasiado maldita al seguir negándome, pero, en realidad, no me interesa ir a la fiesta de su amigo. Seguro estará llena de escoria y mi autocontrol no está hecho para soportar tanta tentación junta.

Me dejo caer sobre el sofá y tomo un cojín para cubrirme el rostro.

—¿Es que no hay alguna otra tonta con la que quieras ir? Tu escuela está llena de ellas.

Estoy casi segura de haber escuchado su risa. Un segundo después, siento cómo me sacude del brazo.

—¡Quiero ir contigo!

—¡Ash!

—¡Ash, nada! Gruñe todo lo que quieras, pero te llevaré a esa fiesta conmigo. No importa si tengo que hacerlo por las malas.

Una risa infantil y tonta se me escapa, aunque continúo con el rostro oculto detrás de la almohada.

—¿Tú? ¿Amenazándome? ¿En serio? Créeme, no sabes con quién te estás metiendo.

De pronto, siento que toma mi brazo para obligarme a incorporarme. Me quita la almohada que utilizaba como refugio y, antes de que pueda recuperarla, sostiene mis brazos para obligarme a enfrentarlo.

Ahora estamos demasiado cerca...

Mi valor se esfuma por completo cuando noto la seriedad con la que me observa. Intento retroceder para poner un poco de distancia entre nuestros rostros, pero mi cuerpo parece haberse olvidado de cómo obedecerme.

Me estremezco al sentir su respiración tan cerca y soy demasiado consciente del roce de sus manos sobre mi piel.

Me siento tan cobarde.

Tan pequeña...

Tan estúpida por dejar que me afecte de esta manera.

Mis pensamientos comienzan a nublarse y mis brazos se sienten cada vez más débiles cuando él se acerca un poco más hasta apoyar su frente contra la mía. No ha dejado de mirarme y yo tampoco consigo apartar los ojos de él.

Trago saliva con dificultad.

—¿Conque quieres jugar así?

—No conseguirás que vaya. No hay nada que puedas hacer para convencerme —respondo con un hilo de voz.

Me siento mucho más nerviosa que antes. Me abruma tenerlo tan cerca y él parece disfrutarlo, porque vuelve a sonreír de esa manera que consigue poner todos mis sentidos en alerta.

—No te preocupes. Si tengo que enfrentarme a tu tío, lo haré. No le temo a Dorian y tampoco te tengo miedo a ti.

El tono ronco y grave de su voz consigue acobardarme todavía más.

—Eres un suicida, ¿lo sabías?

Su sonrisa se ensancha.

Verla tan cerca provoca que el latido de mi corazón se vuelva todavía más intenso.

—¿Debería tenerte miedo? ¿En serio?

—Te aseguro que puedes tenerme miedo de todas las maneras posibles, Angelito.

—¿Por qué? ¿Qué serías capaz de hacerme?



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En el texto hay: misterio, demonios, amor

Editado: 18.09.2026

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