La luz de Lamia

Capitulo 26

Christopher.

No puedo levantarme.

Mi cuerpo ya no responde a ninguna orden de mi cabeza.

Lo único que soy capaz de percibir es el frío golpeando mi rostro y la sangre que brota de las heridas de mis manos, deslizándose por mi piel y ocultándose bajo las mangas desgarradas de mi chaqueta.

Mi mirada se mantiene fija en la imagen fantástica que se encuentra ahora frente a mí...

Es ella.

Está aquí.

Constans Ziegler se alza a pocos metros de distancia, con sus enormes alas de plumas blancas extendidas a ambos lados de su cuerpo. Estas se mueven lentamente, con un ritmo hipnótico que hace que todo a mi alrededor parezca haberse detenido.

La imagen es tan sobrecogedora como aterradora.

El miedo y una enfermiza sensación de peligro se apoderan de mí.

No estaba preparado para enfrentarla. Mucho menos de esta manera.

La sensación de vulnerabilidad me golpea con una fuerza que apenas puedo soportar.

Mi mirada se pierde durante lo que parece una eternidad en aquella imagen alucinante e imposible. La misma imagen que me ha perseguido durante meses, aunque hasta ahora solo existía dentro de mis sueños.

Enfrentarla en la realidad resulta mucho peor. Ni siquiera en mis pesadillas era capaz de soportarlo.

Mis manos se aferran al suelo frío y húmedo, cubierto de nieve. Todo mi cuerpo comienza a tensarse cuando escucho unas voces a lo lejos, en lo profundo del bosque. Aun así, permanezco inmóvil, pero el poco valor que queda dentro de mí desaparece por completo cuando veo que Constans comienza a caminar hacia mí.

Lo hace despacio. Con pasos inseguros.

Mi corazón parece despertar de golpe y comienza a latir a una velocidad anormal. El estómago se me revuelve por la impresión y una oleada de ansiedad me recorre de pies a cabeza. Ruego porque un ataque de asma no llegue justo ahora, porque mi respiración ya comienza a volverse irregular y entrecortada.

Algo dentro de mí grita que corra, que huya de ella, pero mis piernas no responden a ninguna de las órdenes que mi cabeza.

Maldición...

La seriedad y el silencio que muestra ahora consiguen desesperarme todavía más. Hay algo en su expresión que no puedo descifrar y que, por alguna razón, me asusta incluso más que sus alas.

Sus pasos cautelosos sobre la nieve se vuelven cada vez más lentos. Es como si tuviera miedo de acercarse a mí, como si intentara reconocerme.

No sé cuánto tiempo llevo tirado aquí, observándola. Es absurdo. Debería estar huyendo. Debería estar gritando. Debería hacer cualquier cosa menos quedarme inmóvil frente a ella, pero estoy atrapado en una especie de hipnosis de la que no consigo escapar.

No me muevo.

Creo que ni siquiera estoy respirando, solo la miro, y justo cuando comienza a apartar de su rostro la larga cabellera negra para poder mirarme directamente...

La escucho.

—¿Por... por qué? — Su voz inestable, casi temblorosa, consigue enviar un nuevo escalofrío por toda mi espalda.

Niego lentamente con la cabeza, todavía incapaz de comprender qué está sucediedo.

—Yo... yo...

—¿Por qué lo hiciste, Chris?

Mi mirada se enfoca en ella, intentando distinguir mejor su rostro, pero la oscuridad de la noche todavía me lo impide.

—Co-Constans...

De pronto, se lleva un dedo a los labios y me hace una señal para que guarde silencio. Después, mueve la cabeza de un lado a otro, como si estuviera buscando a alguien.

Frunzo el ceño, confundido, pero no tardo demasiado en comprender lo que sucede.

En cuestión de segundos, vuelvo a escuchar aquellas voces.

Las mismas de antes.

—Nos buscan.

—¿Qué? ¿Qui... quiénes son? ¿Qué se supone que está ocurriendo? —pregunto, entrando nuevamente en pánico.

—¡Shhh! ¡No hagas ruido!

Se acerca a mí y extiende una mano en mi dirección. Tardo unos segundos en reaccionar, pero finalmente la tomo.

En cuanto nuestras palmas entran en contacto, siento cómo mis piernas comienzan a debilitarse.

—Por favor... trata de controlarte, Chris. ¡Por favor!

Asiento débilmente.

Ella comienza a guiarme por aquel lugar oscuro y mi mente intenta procesar, con la poca calma que me queda, todo lo que está sucediendo.

¿Cómo se supone que debo controlarme?

—Trata de disminuir ese temor, te lo ruego —su voz es suave, aunque cargada de urgencia—. O ellos podrán rastrearnos por tu olor a ansiedad.

Mis ojos se abren de golpe.

Lo único que puedo hacer es asentir nuevamente.

Avanzamos con mucha cautela. Ella camina delante de mí sin soltar mi mano, y mis ojos recorren su figura de pies a cabeza.

No puedo evitar contemplarla con una especie de admiración...

Esas enormes alas que todavía se extienden detrás de ella son una visión impresionante y, al mismo tiempo, hacen todavía más difícil controlar mis emociones.

Es increíble...

Es toda una maravilla.

Ella siempre me pareció una persona impactante, pero esto... Esto me deja sin palabras.

No sé cómo describir lo alucinante que resulta verla así. Toda ella es una maravilla impredecible. Un ser tan malditamente hermoso que casi parece imposible que exista.

Su cabello oscuro continúa suelto sobre sus hombros y su camisón blanco, cubierto de tierra, está desgarrado en las mangas y en varias partes más, incluida la espalda.

Mi mirada se detiene allí.

No consigo apartarla.

La piel que queda expuesta luce tan fina y pálida que mi inquietud aumenta todavía más. Me distrae. Me desconcentra de todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Hay algo en la vulnerabilidad de su aspecto que resulta contradictoriamente hermoso.

Sin embargo, la oscuridad todavía me impide distinguir por completo su rostro. Además, ella continúa ocultándolo de mí, como si no quisiera que la mirara directamente a los ojos.

Solo inspecciona los alrededores, inquieta.



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En el texto hay: misterio, demonios, amor

Editado: 18.09.2026

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