Constans.
—¿Te sientes mejor?
Chris asiente, sosteniendo el inhalador entre los labios. No tengo idea de qué demonios contiene ese aparato, pero su expresión se ve más relajada y su respiración ha vuelto a la normalidad. Suspiro y aparto la mirada para observar lo que me rodea. Estoy de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, cerca de la ventana de su habitación, donde la luz de la luna es la única que nos alumbra por ahora.
Llegamos a su casa hace unos treinta minutos. Son casi las cuatro de la madrugada. Lo primero que hicimos al entrar fue escondernos rápidamente en su cuarto para no despertar a su abuela, que por suerte ya dormía.
Mis ojos ahora recorren cada rincón del lugar, buscando alguna evidencia que confirme mis sospechas, pero no encuentro nada fuera de lugar. Todo sigue viéndose normal. Demasiado normal. Cómo la habitación de cualquier chico común. No sé exactamente qué espero hallar, pero no puedo ignorar este impulso enfermizo de analizarlo todo. Aún me siento inquieta con él.
—¿Ya estás bien? —pregunto otra vez cuando veo que retira el inhalador de sus labios—. ¿Necesitas algo más?
Hace un gesto con la mano, restándole importancia.
—Ya estoy bien.
—¿Estás seguro?
—Sí, no te preocupes.
—¿Muy seguro?
—Sí… —responde, poniendo los ojos en blanco.
—Bien.
Tomo la revista que estaba sobre su escritorio y empiezo a golpearlo con ella. Protesta de inmediato mientras intenta detenerme.
—¡Ay! ¡Mierda! ¡¿Ahora qué dije?! —retrocede, cubriéndose el rostro con los brazos—. ¡Oye! ¡Ya basta!
—¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ?! —le grito—. ¡¿Por qué fuiste tan estúpido?! ¡¿Por qué decidiste meterte en esto?!
Frunce el ceño y trata de sujetarme. Sé que lo que hago es infantil, incluso ridículo, pero estoy demasiado molesta como para detenerme. Necesito descargar todo lo que llevo dentro, y esta es la forma más inofensiva que se me ocurrió.
La pelea se detiene cuando logra atraparme de las muñecas. Olvidé que el idiota es rápido. Recordar por qué lo es sólo consigue que mis ganas de golpearlo aumenten.
—¡Constans! ¡Tranquilízate, maldición! —clava los ojos en mí mientras sigo forcejeando.
Incluso tocarlo duele. Incluso mirarlo.
Sus ojos, tan malditamente hermosos, me lastiman. No puedo permitirme sentir nada por él ahora.
Es un farsante.
—¡¿POR QUÉ TÚ, CHRIS?! —mi voz se quiebra en un grito desesperado—. ¡DIME QUÉ CARAJOS TE DIÓ PARA QUE HICIERAS ESTO!
—¡YA TE DIJE QUE NO SÉ DE QUÉ MIERDA HABLAS!
—¡DE ESTO, MALDITA SEA! ¡DE ESTO!
Reúno fuerzas, logro zafarme y le lanzo una mirada cargada de rabia antes de tomarle el brazo y subirle la manga. La marca bajo su muñeca queda expuesta.
Sus ojos se abren de par en par. Se queda mudo durante largos segundos. Luego niega con la cabeza, débilmente.
—No… no entiendo.
Lo suelto y le muestro mi mano, revelando la misma marca. Palidece al instante, y su reacción me desconcierta. No está fingiendo. De verdad luce genuinamente aterrorizado.
—¿Pero qué demonios…?—
—Exacto. ¿Qué demonios ocurre? ¿Desde cuándo eres un maldito vengador? ¿Por qué nadie sabía de tu existencia?
Me mira con pánico, negando una y otra vez con la cabeza. Cierro los ojos con fuerza y dejo escapar un suspiro pesado, ahogada por la frustración.
¿Por qué sigue haciendo esto? ¿Qué pretende… hacerme creer que todo es real?
—No me obligues a tomar medidas drásticas, Chris —mi tono suena más serio y desesperado de lo que pretendía. Su expresión cambia; el miedo crece, lo huelo, lo siento—. Dorian va a enloquecer si se entera de esto de la peor manera, así que… por favor. Coopera. Dime la verdad. Toda la maldita verdad. Antes de que esto empeore.
Suelta una risa amarga.
—¡¿Cómo mierda quieres que te lo deje más claro?! —alza la voz, sobresaltándome—. ¡Yo tampoco sé qué carajos está pasando! ¡No puedo explicarlo! ¡Eso es lo que he estado intentando descubrir!
Señala la marca de su mano sin apartar la mirada de mí.
—Buscaba respuestas. Explicaciones, pero lo único que he encontrado es más de esta mierda. Créeme, ya no lo soporto. Estoy peor que tú. Ya no sé en qué mierda creer… y si tú tampoco puedes confiar en mí entonces nunca vamos a llegar a ningún puto lado.
De pronto guarda silencio. Su respiración pesada es lo único que se oye en la habitación. Parece cómo si aún quisiera decir algo más, pero no lo hace. Simplemente mantiene los ojos fijos en mí.
Son fríos...
Demasiado...
Sostengo su mirada con la mayor firmeza que soy capaz, aunque me cueste. No pienso retroceder. No ahora.
Por un instante, analizo todo lo que ha dicho. Podría creerle. No sólo por el extraño lazo que ha comenzado a atarme a él, ni por el trato que me ha dado desde el principio. La parte racional de mi mente exige que ceda. Su actitud es firme, desesperada, real. Lo siento. La pureza de su alma sigue ahí. La calidad de su Destello permanece intacta, incluso más fuerte que antes.
Si Chris se hubiera involucrado con mi padre, ya estaría corrompido. Sería un pozo de oscuridad. Yo podría ver las sombras aferrándose a su ser, respirándole en la nuca.
Pero no es así.
Lo que veo en él es lo opuesto a lo que debería ser.
Sigue siendo… puro.
Y eso es lo que más me perturba.
¿Cómo es posible?
Aun así, no me permito ceder. No puedo. Sería un error mortal confiar sólo en sensaciones, incluso cuando son tan claras. Mi padre es impredecible. Retorcido. Capaz de cualquier cosa. Incluso de crear juegos cómo este, juegos donde mezcla lo inimaginable y manipula piezas que jamás deberían tocarse.
Todos sus planes son así: silenciosos, astutos, nauseantemente perfectos. Redes invisibles que solo él controla. Redes diseñadas para observarnos, para vigilarnos a Dorian y a mí sin que lo sepamos. Tal vez por desconfianza. Tal vez porque nos subestima. De cualquier forma, es una afrenta… y una que ya no me sorprende.
Editado: 31.05.2025