La luz de su mirada - Libro Ii

Capítulo 5

Mi primer día me había dejado exhausto, cerré los ojos después de colgar de forma abrupta la llamada de Ana y sin darme cuenta el sueño se apoderó de mí. La frustración por sentir que Clara estaba tan cerca y que volver a verme solo le causaría más dolor, fue lo que me hizo caer en el país de los sueños. Por primera vez no cerré los ojos con la intención de imaginarme un mundo de fantasía donde nosotros fuésemos los protagonistas, por primera vez podría admirar los preciosos ojos de Clara en persona. No necesariamente teníamos que enfrentarnos cara a cara, si tan solo pudiese verla, aunque fuese escondido entre las sombras...
Aquel anhelo iluminó mi cerebro, demostrándome que no solo servía para torturarme, sino que podía idear un plan mejor. Claro que jamás imaginé que eso también sería una tortura. Mientras tanto, la idea parecía brillante... Ya habría tiempo para lamentarlo más tarde. De modo que me dirigí hacia la explanada donde se había organizado la fiesta de bienvenida. El evento estaba más animado de lo que creía, en ocasiones anteriores en este tipo de celebraciones predominaba la tristeza y la desolación, pero el grupo parecía sentirse optimista en cuanto a superar sus miedos.
Pronto divisé dos siluetas conocidas, Lucía y Jaime estaban algo alejados del resto como si buscasen su momento de intimidad. Sentí un poco de envidia al verlos, pero dicha emoción pasó a un segundo plano conforme procedí a continuar mi búsqueda. Unos segundos más tarde, una risa familiar me llevó a ubicar a mi objetivo. Allí estaba Clara, la escasa luz proveniente de los farolillos no me dejaba divisar esos impresionantes ojos verdes. Su melena, ahora más larga, se movía al compás que su cuerpo con cada descarga que le producía reír a carcajadas. Junto a ella, un chico charlaba animosamente, como si le estuviese contando el chiste más gracioso del mundo. En ese instante, para ser honesto, sufrí una punzada en el corazón, pero ¿en el fondo no era eso lo que quería: que fuera feliz rehaciendo su vida?
Después de tan divertida anécdota, Ana pidió silencio para decir unas palabras y con ello darle la bienvenida a los nuevos integrantes. Todos se colocaron en un semicírculo alrededor de la psicoterapeuta, y el cambio de posición de la chica me obligó a hacer lo propio para mantenerla en mi campo de visión. No supe si fue casualidad o que nuestra atracción perduraba más allá del tiempo, pues Clara se giró en dirección a mi nuevo escondite como si sintiese mi presencia. Respiré hondo y me tranquilicé, era imposible que pudiese verme en la oscuridad. Sin embargo, la chica desvió su vista hacia la cabaña... ¿Cómo se me había ocurrido dejar la luz encendida? ¿en qué demonios estaba pensando? Así levantaría sospechas, es más, lo había conseguido.
Ya era demasiado tarde para volver a la cabaña y apagar la luz. De todas formas, eso solo lo empeoraría aún más, sería como un signo de confirmación; algo que corroboraría mi presencia en la casa. Por lo tanto, decidí seguir con mi labor de espía... Unos minutos después, la reunión se disuadió dejando que los participantes continuaran conversando entre ellos. Mi vista, fijada en Clara, me jugó una mala pasada al no percatarme de que Jaime y Lucía se estaban aproximando a donde yo me encontraba. Apenas unos metros los separaban de mi escondite, y como si el destino me tuviese preparado la primera sorpresa de la noche, escuché una conversación un tanto misteriosa...
—No sé cuánto tiempo más podré seguir separada de ti —expresó Lucía, rodeando a Jaime en un pasional abrazo.
—Pero si me tienes aquí —respondió él, acariciándole las mejillas.
—Ya sabes a lo que me refiero —jugueteó la chica con el cuello de la camiseta de su novio—, no puedo dejar que Clara duerma sola...
—Pero Adrián... —Lucía lo calló posando un dedo sobre sus labios.
—Adrián tiene que seguir siendo tu compañero de habitación, amor —sentenció ella con cierto dolor en su tono de voz, antes de fundirse en un emotivo y profundo beso.
¿Quién sería ese tal Adrián? ¿Y por qué Jaime y Lucía no podían compartir habitación? Si Lucía no podía dejar a Clara sola en su cuarto, ni Jaime a Adrián, ¿significaba que ese chico quería algo con Clara y ella no sentía lo mismo? ¿Ese Adrián sería el graciosillo que pretendía hacer que Clara sufriese un ataque de risa? Con que así quería enamorarla... pues se equivocaba de chica. Clara no era ninguna facilona y por mucho que hubiese madurado y dejado atrás sus traumas del pasado, no la creía capaz de caer en las garras de ningún lobo feroz que acechaba hambriento a su presa. Pero... ¿y si ya lo había intentado? ¿y si ella se había visto obligada a compartir la habitación con su amiga, sabiendo lo que suponía para esta separarla de su novio, porque ese tío había intentado propasarse con ella?
Tantas preguntas me enloquecieron, me llevaron a un límite donde la cordura era una simple espectadora y la locura, la reina dominante. Inspiré y expiré profundamente, repitiendo la acción varias veces hasta calmar mi inquietud. La pareja había desaparecido de mi vista, ni siquiera me percaté de si habían desvelado más información que aclarase alguno de los interrogantes que recorrían mi cabeza. Desvié los ojos hacia la muchedumbre, pero tampoco encontré a Clara. Mi nivel de preocupación se elevó por las nubes, ese tío también había desaparecido de la fiesta. Me armé de valor y avancé entre los árboles, siguiendo un sendero imaginario que me llevaría hasta el camino que conectaba con el albergue. Frené mis pasos al contemplar la escena, si bien encontré a Clara con la persona con la que menos esperaba ver: Ana.
—¿Es verdad que Iván ha vuelto? No me mientas, por favor —le exigió saber interrogando a la psicoterapeuta.
—Sí —afirmó Ana sin más dilación—, pero no vayas a verlo... Él aún no está preparado.
—¿Cómo no puede estar preparado cuando fue él quien quiso alejarme de su lado? —rompió en sollozos la chica—. ¿Recuerdas en el hospital? Quería estar con él y acompañarlo en su recuperación, pero ni siquiera fue capaz de dejar que lo viese.
—Es más complicado de lo que parece, Iván... —se arrepintió de lo que iba a decir—. Clara, espera a que todo esté mejor. Te prometo que te avisaré cuando esté listo...
Escucharlo de su propia boca me rompió el alma. Cada pedazo de mi corazón volvió a resquebrajarse en fragmentos aún más pequeños, como si nunca alcanzasen a ser suficientemente minúsculos para volver a reducirse más. Siempre me sentí culpable, por haberle dejado creer que solo me acerqué a ella para suplir la ausencia de mi hermana y por mentirle renegando de mis verdaderos sentimientos. Nunca me sentiría libre de cargas, el dolor se acrecentaba como si fuese una herida abierta que nunca terminaba de cicatrizar. La única vía de escape a la que estuve recurriendo con anterioridad ya no era una opción. Si quería seguir por el camino correcto, tendría que continuar trabajando duro. No buscaba su perdón, sino el mío propio. Pero Clara estaba ahora tan presente que, si antes deseché la idea de sacarla de mi vida, en estos momentos me costaba creer que fuese capaz de algún día llegar a olvidarla.



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En el texto hay: superacion, romance, drama

Editado: 11.01.2026

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