La luz de su mirada - Libro Ii

Capítulo 17

Respiré hondo antes de bajarme del coche. No podía creer que, después de todo, había terminado tragándome mis palabras. Encontrarle una explicación lógica a aquella decisión era una mera casualidad del destino. Porque, contra todo pronóstico y al margen de la racionalidad, estaba a escasos metros de la casa donde se celebraría la fiesta de cumpleaños de Clara. Y la razón que se escondía detrás de dicha insensatez era la misma de siempre: había seguido la voz de mi corazón y acallado la de mi cabeza. En fin, seguir autocastigándome sólo serviría para refutar tal hecho... Lo que sentía prevalecía sobre cualquier pensamiento razonable.
Cuando Clara me dijo que los chicos estaban organizándole una fiesta sorpresa en la playa, me imaginé una celebración austera a la orilla del mar. Sin embargo, todo lo relacionado con Clara parecía alejarse de los límites de la coherencia. Aunque pensándolo bien, ni la propia chica debía saberlo. Adrián, o mejor dicho, sus padres, eran los dueños de un chalet en primera línea de playa. Cuando le conté a Jaime que aceptaría su invitación, mi amigo no tuvo otra opción que pasarme la ubicación del evento. De ahí a que ahora me encontrase en la tesitura de entrar en aquel casoplón.
La casa estaba llena de gente, desconocidos que, a juzgar por su apariencia, debían ser amigos del psicólogo. Llegué a dicha conclusión tras contemplar cómo Jaime y Lucía se mantenían aislados del resto. No obstante, que se estuviesen besuqueando en mitad de una fiesta no ayudaba a que socializaran con los demás invitados. Por suerte, estaban tan enfrascados en lo suyo que no llegaron a verme. Cuanto antes descubriera Lucía mi presencia en la fiesta, antes acabaría metido en problemas. Por no hablar de su novio, que seguro que terminaba recibiendo una reprimenda de su parte.
Continué avanzando por el pasillo, entre globos y serpentinas. El papelillo extendido por el suelo me hizo deducir que la "sorprendida" debía estar por algún lugar de aquella casa. Mis pies, guiados por mi corazón más que por mi cerebro, me llevaron a subir las escaleras que daban a la planta superior. Allí me topé con algo muy diferente a la decoración multicolor que adornaba la casa. Seguí el camino de pétalos de rosas rojas, que me llevaron a la puerta de lo que supuse sería un dormitorio. Mi impaciencia me obligó a girar la manecilla y accionar la luz. La romántica habitación, decorada con velas, luces y más pétalos, parecía ser el escenario propicio para sellar al fin su amor.
El afán de Clara por mantenerse alejada de Adrián en cuanto al tema amoroso, y las mentiras acerca de nuestra verdadera relación, prendían un halo de esperanza en mi interior. Tantas veces me había planteado la posibilidad de que Clara siguiese enamorada de mí... Tantas veces me había propuesto desaparecer de su vida... Pero aquello fue como una confirmación visual de que debíamos cerrar nuestro capítulo. Ya era demasiado tarde para vernos otra vez. Necesitaba aprovechar mi efímera racionalidad para salir de allí, antes de que mi corazón insistiese con volver a dominarme.
Bajé las escaleras apresuradamente, abstraído en mis propios pensamientos. Lástima que aquella distracción tuvo peores consecuencias que escoger la dirección equivocada para huir. Mi error me llevó hasta el jardín trasero, donde la muchedumbre se encontraba coreando el "Cumpleaños feliz". Clara, delante de una enorme tarta iluminada con veinte velas que flamaban la entrada de una nueva década, sonreía feliz ante la inesperada sorpresa de su novio. Adrián envolvía su cuello con un colgante dorado, cuyo dije acabó acaparando todas las miradas. Un corazón con una letra "A" dibujada con brillantes resplandecía sobre su busto... Otro signo que consolidaba su amor.
Traté de darme la vuelta para salir de allí y cumplir con mi cometido, pero la gente que se agolpaba detrás de mí me obstaculizaba la tarea. Aquella equivocación había sido obra del destino. Y como si el mismo adorase las contradicciones, los ojos verdes de Clara se posaron sobre los míos. La chica inspiró profundo, ya fuese por mi presencia o porque estaba cogiendo el aire necesario para apagar las velas. Conseguí hacerme paso entre quienes contemplaban expectantes la feliz estampa. Decidí marcharme antes de que el brillo de sus ojos se extinguiera al igual que las llamas candentes de las velas.

★★★★★

Caminé hasta la orilla de la playa, en busca de las olas como un remedio para sosegar mi alma. Años atrás, el mar fue testigo de nuestra ruptura; la pulsera, cuya réplica guardaba en el bolsillo del pantalón, fue engullida por las olas simbolizando el fin de nuestra relación. Ahora, con ella entre los dedos, parecía revivir aquellos recuerdos. Me quedé unos segundos observándola, deteniéndome en su significado. Ya de nada servía entregársela a Clara como obsequio por haber superado sus miedos. El regalo de Adrián, más allá de una muestra de amor, constituía una promesa de unión mucho más fuerte que la pulsera que un día tejí con mis propias manos. La habría arrojado al mar si no hubiese sido porque alguien me detuvo...
—¡Iván! —la voz de Clara resonó en mis oídos como un eco lejano—. Desapareciste de la fiesta, pensaba que te habías ido —sus palabras fueron perdiendo emoción al percatarse de lo que estaba a punto de hacer.
—Feliz cumpleaños, Clara... Esto... sí, yo ya me iba —mascullé caminando en dirección opuesta, siendo incapaz de mantenerle la mirada. Acto seguido, me deshice de la pulsera, dejándola caer en la arena, como si así rompiese cualquier vínculo con ella.
—¿Adónde vas? —la chica agilizó sus pasos hasta plantarse frente a mí—. Me diste tu palabra, Iván... —su mirada suplicante intentaba persuadirme para que faltase a mi propósito y, por ende, cumpliese mi promesa.
—Clara, ya es muy tarde... —expresé con los ojos cerrados. Aún no era demasiado tarde para sumirme en la oscuridad, pero sí para verla otra vez...



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En el texto hay: superacion, romance, drama

Editado: 22.02.2026

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