La luz de su mirada - Libro Ii

Capítulo 26

He intentado
Parar el tiempo en medio de un abrazo
En serio créeme que ya lo he intentado y
Más que imposible, era cosa de dos
Y he buscado
Remar contigo en cada discusión
Aunque me grites te estoy escuchando
Y aunque me calle te pido perdón

Me falta todo si te va-a-a-as
Dejando un beso a la mita-a-a-ad
Una mirada en un porta-a-a-al
Y siento que vuelvo a empeza-a-a-ar
Me falta todo si tе va-a-a-as
Dejando un beso a la mita-a-a-ad
Una palabra en algun ba-a-a-ar
Y siеnto que vuelvo a empeza-a-a-ar

Sentirse libres
Tan complicado estando en una habitación
A cielo abierto con la lluvia golpeándome en la frente
Es bastante diferente
Si quieres puedo demostrártelo
Pon los brazos en cruz cuando el viento sople
A veces se pierde el norte y te olvidas de tu nombre
Y si quieres volar, vuela
Pero si te pierdes vuelve a casa que aquí estaré yo
Lloré, reí, besé
Volví, me enamoré
Viajé pero en ninguna parte
Sentí tan fuerte como aquí con tan solo mirarte

Me falta todo si te va-a-a-as
Dejando un beso a la mita-a-a-ad
Una palabra en algun ba-a-a-ar
Y siento que vuelvo a empeza-a-a-ar
Me falta todo si te va-a-a-as
Dejando un beso a la mita-a-a-ad
Una palabra en algun ba-a-a-ar
Y siento que vuelvo a empeza-a-a-ar

Solo dame
Un beso a la mitad
Un beso a la mitad
He intentado parar el tiempo en medio de un abrazo
En serio créeme que ya lo he intentado y
Más que imposible, era cosa de dos

★★★★★

—En serio, Iván, ¿no crees que deberíais hablarlo? —me aconsejó Jaime—. Mírala —señaló a Clara, que estaba al otro lado con Lucía—, se nota a leguas lo enamorados que estáis el uno del otro...
—¡Joder, pero la cagué! Yo solo... me dejé llevar y acabé jodiéndola —resoplé, estaba completamente arrepentido.
—Hace tres días de eso, no podéis seguir actuando como si no hubiese pasado nada entre vosotros. Os habéis dicho mil veces lo que sentís, ni vosotros mismos os creéis eso de "somos amigos" —la dureza de sus palabras fue un golpe de realidad.
Mi amistad con Jaime se fue fortaleciendo con el tiempo, y en cierto modo agradecía que me hablase con total sinceridad. En cambio, con Clara era como si hubiésemos retrocedido un paso. Sin embargo, mi amigo estaba en lo cierto... Nuestros corazones latían al unísono, y que empleásemos el término "amigo" para referirnos al otro solo nos servía para autoengañarnos. En estos tres días, Clara y yo habíamos obviado lo sucedido. Nuestra relación seguía siendo cercana, pero ya no había esa complicidad de antes. En cuanto a sus fobias, y pese a que aún no se había sentido preparada para abordar el tema de su agresor, poco a poco había ido soltando sus miedos. Clara había decidido que no merecía la pena dejarse arrastrar por la negatividad, de ahí a que en estos momentos estuviésemos reunidos con los chicos.
—¿De verdad crees que soy bueno para ella? —le pregunté a Jaime, desviando la mirada hacia Adrián, que se había unido a la conversación que mantenían las chicas.
—No, no lo eres —dijo con voz seria antes de suavizar el tono—... Tío, ni se te ocurra pensar eso.
—Yo... No sé —no pude justificar mi respuesta, la psicoterapeuta llegó en ese momento.
—Ana, tienes que ayudarme —le suplicó Jaime. Sabía muy bien para quién iba destinada esa llamada de auxilio...
Después de una conversación larga y tendida, me dejé guiar por los sabios consejos de la psicoterapeuta. Su apoyo incondicional siempre había sido crucial en mi vida. Aunque era innegable que su lado profesional siempre salía a relucir, Ana me hablaba desde el corazón. Así que dejé a un lado la preocupación que llevaba arrastrando estos días y empecé a disfrutar. Más tarde hablaría con Clara, pero ahora era momento de degustar la carne en las brasas que había preparado Jaime. "Habrá que comprobar si hace honor al título de «El rey de las barbacoas» como todos dicen", pensé con aires renovados.
El resto de la velada transcurrió entre risas, anécdotas y más risas. Todos parecíamos estar de acuerdo en una cosa: necesitábamos que Clara recuperase la sonrisa... E íbamos por buen camino. La chica estaba radiante, quien no la conociese jamás pensaría que tan solo una semana atrás creía vivir en un pozo sin salida. Había regresado la Clara que tanto extrañábamos. Se veía feliz, plena, incluso diría que nada quedaba de esa sombra amenazante que la perseguía en cada pesadilla. Reunirse con sus amigos había sido otro pequeño avance en esta travesía. Y como no quería que su sonrisa se esfumara cuando los chicos se fuesen, me propuse hacer todo lo que estuviese en mi mano para impedirlo.
—¿Lo has pasado bien? —le pregunté tumbado sobre la hierba. No supe en qué momento exacto acabamos contemplando el cielo estrellado, el tiempo a su lado parecía incalculable.
—Muy bien —asintió, devolviéndome una mirada complacida.
—Clara —rompí el silencio minutos después. Al fin me decanté por abordar ese tema—, lo que pasó el otro día en tu habitación...
—Shh —me pidió que me callase, y acto seguido cogió mi mano entrecruzando sus dedos con los míos.
Por un momento dejé que mis preocupaciones se desvanecieran. Al contrario, me enfoqué en disfrutar de pequeñas cosas como esa. ¿Cómo un gesto tan inocente y sincero podía expresar más que cualquier palabra? Quizás Clara no necesitaba escuchar otro "lo siento" de mi parte, tal vez los demás tenían razón y yo le había dado demasiada importancia a lo ocurrido. Así me lo confirmó la calidez que sentía con el suave roce de su piel... Lo que había entre nosotros era algo mágico, de eso estaba seguro. Y como si ella pudiese escuchar el debate mental con el que trataba de lidiar, me acarició dulcemente el dorso de la mano.
—¿No crees que si no existiese la oscuridad, las estrellas no podrían brillar con tanta intensidad? —suspiró profundamente.
—Es como si se necesitasen entre ellas, como si juntas formasen el equilibrio perfecto... —respondí sin despegar la vista de la noche estrellada—. ¿Cuál de todas es tu estrella favorita?
—Mmm... Esa, sí, esa —dijo señalando hacia el cielo—. Esa que apenas brilla.
—¿En serio? ¿Por qué?... Dicen que las estrellas pierden su brillo antes de morir —No comprendía la belleza que encontraba en ese astro que ni de lejos era el más bonito de todo el universo.
—No ocurre con todas... Algunas van incrementando su brillo conforme evolucionan —me invitó a reflexionar sobre lo que acababa de explicar—. No sé, me gustaría creer que esa estrella, dentro de un tiempo, será la que más brille de todo el firmamento... ¿Tú con qué estrella te quedarías?
—Contigo —afirmé sin divagar en mi elección—, porque tu luz jamás se apagaría.
—Y sin la oscuridad nadie podría apreciar el brillo de esa estrella —susurró acercándose hacia mí—. Te quiero, Iván.
Por un instante Clara soltó mi mano, era como si perdiese mi toma de tierra y despertase de un sueño... Un sueño que podía convertirse en una realidad. Ya no era un delirio de mi imaginación ni una ilusión óptica, esas palabras habían salido de su boca. Y antes de que fuese plenamente consciente de ello, su mano se posó sobre mi mejilla y sus labios fueron al encuentro de los míos para fundirse en un idílico beso. Otra vez me estaba dejando llevar por mis sentimientos, esos que me nublaban el juicio y desataban un huracán de emociones en mi interior. Me separé de su boca casi por inercia, no quería repetir aquello que tantos quebraderos de cabeza me había traído estos días.
—Clara, sabes lo mucho que te quiero, y no me importaría esperar toda la vida... —me detuve al percatarme que la chica había colocado mi mano sobre su cadera, allí donde un día decidí sobreescribir su historia.
—Me asusté con el trueno, solo eso... Y fui tan patosa que acabé derramando el zumo... —se lamentó al recordarlo—. Ya no quiero tenerle miedo a nada ni a nadie, aunque sí que hay algo que me asusta...
—¿El qué? —quise saber si yo mismo podía luchar contra aquello que la atormentaba.
—Me asusta que no estés a mi lado, que no pueda besarte cada segundo de mi vida, que no...
Esa confesión fue demasiado para mí. Una corriente eléctrica invadió mi cuerpo, el corazón comenzó a latir veloz como si quisiera escapar de mi pecho. Tanto era lo que sentía por ella que no permitiría ni por un segundo que se dejase embriagar por ese miedo. Mis labios besarían sus temores, mis manos acariciarían sus cicatrices y mi corazón gritaría en cada latido que seguiría junto a ella, ya fuese en esta o en todas las vidas que estuviesen por venir. Porque todas y cada una de ellas las viviría con Clara. Sí, era ella, siempre lo había sido. Y no estaba dispuesto a dejar un beso a la mitad...



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En el texto hay: superacion, romance, drama

Editado: 15.03.2026

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