La luz del castillo

6

Para mi sorpresa, el neandertal que competía conmigo por el mandó del castillo que por cierto es mío, tuvo un gesto amable conmigo y llamó a vendedores de ropa para que me atiendan personalmente y yo escoja toda la ropa de mi agrado.

Nina, mi fiel compañera, me veía con una sonrisa y sus ojos brillosos.

-¡Señorita! ¡¿Cómo es que puede ser tan linda que todo le queda taaan bien?!

Pronto fui abrazada por ella y yo sólo force una sonrisa.

Sé que soy linda y me gusta que me lo digan pero ya llevó probandome mas de cien prendas y en todas, Nina reaccionaba de la misma manera.

-La señorita es algo pequeña para su edad pero su figura es perfecta y todo le queda bien, y no lo digo sólo para que me compren mas ropa, ¡jahah!

La encargada principal de las personas que me estaban atendiendo, era una mujer algo alta de cabello rubio rizado, llamada Cecilia, y pase a tener un hermoso vestido rosa con destellos brillantes, sus brazos estaban descubiertos y los tenía muy ejercitados.

Ésa mujer debe ser el terror de los tarros difíciles de abrir.

Alguien llamó a la entrada y Nina me libro, recuperando yo mi amado oxígeno mientras ella iba a ver quien era.

No soy alguien que haya recibido muchos abrazos en mi vida, así que me es algo… incómodo.

Levanté la mirada para ver quien era que llamaba y vi a Joaquín pasar luego de que Nina se lo permita.

Por un momento, pareció inspeccionarme con la mirada y juró que sus mejillas adquirieron un leve color carmesí antes de voltear a otro lado.

¡Ja! Admira mi belleza.

-¿Por qué tiene puesto éso?

Le preguntó a Cecilia quien le mostró una enorme sonrisa.

-Por que se ve hermosa.

Ya está, adoro a ésa mujer y su honestidad.

-La señorita lo vio y le gustó, así que se lo está probando.
¿No luce muy bella?

Dijo Nina mientras Joaquín me miraba de reojo y pronto dio un suspiro profundo.

¿Va a admitir que soy la perla preciosa más hermosa jamás creada?

No le servirá de mucho adularme pero las palabras bonitas siempre son bien venidas.

-¿Así qué se quiso probar algo parecido a un uniforme de sirvienta y se puso hasta una de ésas cosas que usan las sirvientas en la cabeza… ¿cofia??

Sí, te estoy lanzando una indirecta de que tienes muy pocos empleados, hasta los puedo contar con los dedos de mis manos… éso y por que me veo bien.

-No debés juzgar los gustos de una dama, así como nosotras no juzgamos sus gustos.

¡Bien dicho Cecilia!

Joaquín se acercó a mi y yo pose mis manos en mi cintura mientras estiraba el pecho y sonreía.

Estoy completamente lista para recibir mas halagos sobre mi belleza.

-Treame un vaso de agua y que no se te olvide ponerle un cubo de hielo.

¿Por qué esté tipo tiene tan poco apreció con su cuerpo que le gusta ser golpeado?

Con enojó, le di con mi puño en su hombro mientras gruñia y él sólo me sacaba levemente la lengua.

¡Éste tipo es mas idiota de lo que creía!

De pronto, pareció alterarse un poco y miró a otro lado.

-Yo… en verdad te ves linda.
Ya no las interrumpo.

Espera, ¿qué?

Tras decir éso, se retiró mientras Nina se acercaba a mi y me limpiaba los ojos con un pañuelo ya que… mis ojos por un raro motivo percibieron cebolla o algo que me empezaron a picar.

-Señorita Luz, tiene su rostro algo rojo.
¿Se siente mal? ¿Necesita descansar?

Nina se preocupó por mi y yo sólo agache la mirada con algo de enojó.

Sí, a lo mejor me esta dando fibre.

-¿Sentirse mal?
Yo mas bien creó que la señorita recibió un golpe sorpresa.

¡Calla, Cecilia!

En verdad, llevo horas probandome ropas, así que sólo estoy cansada, NADA mas.



#9312 en Fantasía
#13277 en Otros
#2109 en Humor

En el texto hay: monstruos, romamce, puntos de vista

Editado: 26.05.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.