La luz en mi camino está apareciendo

21| Victoria

—Sara… ellas ya no están, las mataron.

Sara niega con la cabeza e intento pasarme de asiento hacia el que está ella pero se aleja tanto como puede, las lágrimas caen por sus mejillas sin parar.

—No, eso no pudo haber pasado, yo las vi anoche, ellas… ellas estaban bien.

—Sé que no es fácil aceptarlo nena.

—¡Es que no hay nada que aceptar! —grita.

—Sara… Creeme cuando te digo que me costó mucho aceptar que mamá y la abuela ya no están, que no las veía hace meses y que ahora no las volveré a ver.

—¡Tú decidiste irte Victoria, tu decidiste alejarte! ¡yo pasaba cada segundo de mi vida con ellas!

—¿Y que, yo no pasé 16 años de mi vida con ellas? —le grito sin querer. —Sara, perdón. —digo cuando veo que se encoge aún más en el rincón.

—No puede ser, ellas no pueden estar muertas. —Llora sin control. —¿Qué va a pasar conmigo?

Sé que no lo pregunta de forma emocional porque hizo la pregunta qué tanto miedo he tenido de hacer, su padre murió hace mucho y ni mamá ni la abuela están ya, y yo… yo apenas voy a cumplir los 18, no soy una opción ante la ley.

—Sara, eso es algo que estoy viendo con mis abogados, Jessica y yo estamos casados, estoy en el ojo público y nunca he estado metido en escándalos, la historia que se contó sobre Victoria fue aceptada por la prensa, no tengo ningún cargo legal y este es mi primer matrimonio, si no encuentran parientes por parte de tu padre soy la mejor opción junto con Jessica para cuidar de ti.

—No creo que la policia tenga mucho que buscar en cuestión de familia, que yo sepa Alberto no tenía hermanos y sus padres dudo que estuvieran vivos, no recuerdo una sola vez que los mencionaran.

—Tu misma dijiste que no lo recordabas hace dos años, ¿ahora resulta que recuerdas cada cosa que dijo?

—Recuerdo el funeral, no había familia. Solo tu y mamá. —digo con un nudo en la garganta.

Debo admitir que me da pavor que aparezca familia y que ellos acepten cuidar de Sara. Si Alberto tiene familia no estan aqui en Mexico, de eso si estoy segura.

El resto del viaje nos la pasamos en silencio, Sara sigue llorando y a mi me sale una que otra lágrima por momentos.

Cuando llegamos a la casa soy la primera en bajar del auto. Ver esa imponente mansión a la que empece a llamar y a sentir hogar y saber que entrar no significa ir luego ver a Daniela y a mi abuela es muy difícil, entrar y recordar la última vez que entre por esa puerta después de llegar de terminar un semestre y mi abuela me recibió aquí con un abrazo. Ella nunca más me va a abrazar.

Me giro y veo a Sara bajar con ayuda de Sebastian. Empiezo a caminar con dirección a la puerta y cuando la abro no puedo evitar ver hacia todas partes buscando algo de confort, algo que me diga que toda la noche y esta mañana no han sido más que una pesadilla.

Doy un par de pasos hacia adentro y no puedo evitar que las lágrimas empiecen a caer por mis mejillas sin parar, veo borroso y busco de que sostenerme sin encontrar nada, siento como mis rodillas ceden pero no siento el impacto contra el piso… unos brazos me rodean y no puedo evitar saber de quién son.

Nate me abraza con fuerza manteniéndome de pie, me aferro a él tanto como puedo. No dice nada, me lo dice todo con sus brazos rodeándome, no busca nada más que estar ahí conmigo, quiere apoyarme tanto como pueda.

Nate me toma en brazos y empieza a subir las escaleras, sé que en algun momento entramos en mi habitación y el se sienta en la cama conmigo sentada sobre él mientras lloro y sollozo sin parar, sé que en algún momento no puedo más con el agotamiento que tengo y me quedo dormida.

—Vic

Escucho su voz y no entiendo cómo es posible.

Abro los ojos y me doy cuenta de que estoy sentada sobre sus piernas, siento las lagrimas secas en mis mejillas.

—Dime que todo fue una pesadilla.

—No lo fue nena, debes cambiarte para irnos a la sala de velación.

Cuando me levanto, me giro y lo veo por primera vez a la cara despues de un año.

—Nate… gracias.

—No tienes que darlas, tenía que verte. No podia permitir que estuvieras sola en un momento así.

—¿Sabes qué fue lo que pasó?

—Si.

—No puedo creer que llame mamá a una mujer capaz de matar a su propia madre y que no fue capaz de vivir con las consecuencias de hacerlo así que se disparó a sí misma.

—Lo difícil no es que ella fuera capaz de hacer eso, lo difícil es creer que alguien como ella pudo criar a alguien como tu.

—¿Mi maleta sigue abajo?

—No, está en el armario. Estabas muy dormida.

Asiento y cuando entro a el armario trato de buscar algo decente para ir a enterrar a mi abuela, pero lo más decente que consigo entre toda la ropa que hay en el armario y la maleta son unos pantalones vaqueros y nos pantalones de cuero negro, y para la parte de arriba solo encuentro tops negros. también encuentro un vestido negro. Entre las chamarras encuentro una sudadera negra y decido que mi mejor opción son los vaqueros y un top que tiene cuello cuadrado y me queda unos 5cm por debajo del busto. Le agrego una chamarra negra y me pongo unos tenis negros antes de salir y miro a Nate esperando su reacción.

—Fue lo mejor que encontré.

—Te ves bien, no te preocupes por eso.

—No puedo creer que voy de camino a enterrar a dos de las personas más importantes de mi vida.

Nate se acerca y me abraza y me da un beso en la cabeza.

—Vamos, Jess me dijo que ya están listos.

—Mierda. No puedo creer que deje a Sara sola.

—Vic, estabas muy cansada, hay más personas en esta casa que estuvieron al pendiente de Sara, estoy seguro de que Jess no se alejó de ella ni por un momento.

—Yo debí estar con ella… —niego con la cabeza y trato de ir hacia la puerta pero Nate me retiene.

—Tu también estás viviendo la pérdida de Daniela y tu abuela, y estoy seguro de que Sara puede entenderlo.

—Solo tiene 15.

—Y tú solo estás a punto de cumplir 18.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.