Debo admitir que los días siguientes fueron terribles, esa noche después de llegar de la misa que se celebró por la muerte de Daniela y mi abuela tomé una botella de whisky y no deje de beber hasta que no era capaz de sostenerme de pie. Naye tuvo que llevarme en brazos a mi habitación y tuvo que ponerme la pijama después de que vomité tanto que mi ropa quedó salpicada.
Sara estaba desolada, y siendo sincera ni siquiera yo sabía que hacer, no tenía la fuerza suficiente para estar pendiente de ella y quién estuvo ahí para ella fue Jessica, le agradezco el gesto pasando tiempo con esa criaturita que me robó el corazón desde la primera vez que la tomé en brazos, Rebeka, una bebé de siete meses, unos ojos azules dignos de ser hija de su padre, tenemos los mismos ojos, su corto cabello castaño es heredado de su madre. Jessica iba a vernos varias veces al día a las horas a las que amamantaba a Beka, la tormenta emocional se iba calmando poco a poco con el pasar de los días, extraña demasiado a mi abuela, estar en ciudad de México y no verla era demasiado extraño.
Cuando llegó el momento en el que Sara decidió que era momento de ir a arreglar las cosas de Daniela y de la abuela no fui capaz de ir con ella. En todos los años que han pasado no me he atrevido a entrar en esa casa, ese día no fui, tampoco lo hice al siguiente, Sara se encargó de empacar todas sus cosas con ayuda de dos chicas de limpieza y Jessica, Sebastián trataba de trabajar desde casa por si yo necesitaba un momento y necesitaba dejarle a Beka. Yo solo le pedí a Sara que si encontraba entre las cosas de mi abuela un chal o un abrigo me lo trajera, no le pedí nada de Daniela. Nada. Sara decidió donar la ropa de mi abuela y la de Daniela, me contó que estuvo hablando con Guillermo y que si queríamos darnos un cambio de aire podíamos irnos a su casa en los cabos.
Decidimos ir, antes de la vuelta a clase, dos días después de que volvimos a México debía subir a un avión para irme a Yale.
Terminé toda relación con Nathaniel antes.
Volví a mi habitación en la residencia de estudiantes. Fui a ver a mis abuelos el día antes de que empezarán las clases. Fui a un salón de belleza y pedí que me cambiarán el color del cabello, cambie el cabello rubio a un color castaño oscuro. Ya no era la misma. No podía ser la misma.
Para las fiestas me fui a casa de mis abuelos a esperar a que llegaran Sara, papá, Jess y Beka.
Una pequeña bebé de poco más de un año para ese entonces.
Seis años después de la muerte de mi abuela estoy en la secretaría de la universidad Oxford recibiendo mi título en literatura inglesa.
Ese título se lo dedico a mi abuela, esa mujer que siempre me impulsó a alcanzar mis sueños, quien me crío y me volvió una luchadora.
Sebastián me compró un boleto de avión en primera clase con destino a Durham, Carolina del Norte. Sara consiguió un trabajo en el campus de Duke en el que puede usar los conocimientos que ha adquirido hasta el momento acabando de terminar su tercer año de economía, hace tres años y medio di un “pequeño” tour con ella por estados unidos visitando las universidades en las que fue aceptada. A pesar de que le insistí mucho con que estudiara en Yale ella deseaba estudiar en Duke desde que puso un pie por primera vez en la universidad. ¿Qué le podía decir? Duke es una de las mejores universidades de Estados Unidos y Sebastián le dió cinco opciones, Yale, MIT, Duke, Berkeley y la UCLA, fue aceptada en las 5.
Mi plan es pasar un par de días con Sara antes de irme a México, quiero conocer a su novio, David, ese chico del que tanto me ha hablado, llevan saliendo los últimos dos años y sé que es serio porque no fue a casa de mis abuelos para navidad, decidió pasar navidad de Vermont con la familia de David.
Yo tampoco fui a casa para navidad, no podía, mi plan de estudios no tenía vacaciones de fin de año, ni para navidad ni para año nuevo, solo fueron cuatro días, dos para navidad y otros dos para año nuevo.
Cuando llego a mi habitación en la residencia empiezo a empacar ropa. Separo lo que voy a donar y pongo en cajas.
Al día siguiente voy a comprar los regalos para Sara, me decido por un bolso pequeño y unos stilettos, sé que ama ese tipo de zapatos con poco tacón.
Al día siguiente termino de vestirme y miro a mi alrededor la habitación prácticamente vacía, esa habitación en la que me refugié durante todo un año.
Hice amigos, no diré que no, compartí esa cama en varias ocasiones, pero esas relaciones no fueron muy fuertes. Para nada. A todos les había dicho adiós en algún momento del año, tengo un par de amigas pero sé que en cuanto me suba al avión las cosas no serán ni por poco iguales a antes.
Para cuándo aterrizo en Durham estoy muy descansada, logré dormir todo el viaje excluyendo el tiempo que duró la escala en Miami. Después de recoger mi maleta llegó a la salida y veo a la hermosa jovencita de 20 años, pelinegra ojos oscuros pero piel clara como la nieve, digan hija de Daniela, Sara corre hacia mi y me abraza fuerte. Suelto las maletas para abrazarla con fuerza y la levanto un poco, es igual de baja a como era Daniela, 1,58 de estatura, a diferencia de mi que le saco doce centímetros.
—No sabes cuánto te extrañe.
—Y yo a ti cariño.
Cuando nos separamos no pierdo tiempo y empiezo a analizarla de pies a cabeza, está mucho más hermosa que antes, si cabello que antes le llegaba por la cintura ahora le llega más abajo de la cadera, está más delgada pero tiene un cuerpo más trabajado, hace un tiempo me contó que se metió al gimnasio y que la había ayudado mucho a relajarse. La tensión que genera la universidad no es fácil y eso es lo que la ha mantenido con los pies en la tierra.
—Mi compañera de cuarto se fue toda esta semana a ver a sus padres así que me permitió que uses su habitación.
—Qué maravilla. —sonrió.
—¿Cuántos días te quedas?
—Me voy el jueves, tenemos tres días para las dos.