No voy a mentir.
Nate…
Nate estaba guapísimo, si antes lo consideraba sexy… ya no sé cómo describirlo.
Su invitación a desayunar me tomó tan por sorpresa como saber que estaba en Durham.
¿Cómo me iba a negar a ir a desayunar con un chico de 24 años, soltero que está buenísimo?
Nathaniel siempre fue guapo, eso no se puede negar, pero ¿ahora? Ahora es el hombre que toda mujer quiere en su cama, y no solo en su cama, Nathaniel tiene carácter, es fuerte, es… Es el tipo de chico que te lleva flores, o al menos lo era. Es quien te despierta con un buenos días, hace que le lleven el desayuno a la habitación para ambos, es el tipo de chico que si te quiere siempre te va a proteger, que siempre se va a preocupar, que está ahí contigo tanto en los buenos como en los malos momentos.
Termino de secarme el cabello frente al espejo que hay en la habitación de Sara.
—¿Lista? —pregunta con un café en sus manos.
La veo dar pequeños sorbos mientras me observa.
—Eso creo. ¿Que opinas?
Me decidí con por una falda corta gris y un body negro con cuello cuadrado. También por mis botas de tacón negras y una cartera negra, complementado con una chaqueta de jean gris.
—¿Quieres volver con él?
—¿Qué? —me sorprende su pregunta.
—Bueno, te arreglaste, te sacaste el cabello y le diste forma, te ves provocativa… puede que no quieras tener una relación con él de nuevo pero de que te quieres acostar con él quieres.
Me quedo aún más sorprendida con sus palabras, Sara y yo nunca hablamos de sexo, bueno claro que le expliqué que es y que debía cuidarse cuando desidiera empezar una vida sexual cuando cumplió 16, rezando porque no fuera muy tarde para esa charla, pero… ¿Hablar sobre si nos queríamos acostar con alguien? No.
—¿Que te hace pensar eso?
—Victoria, ví tu cara después de que se fue, y reflejaba muchas cosas, puede que pienses que no demuestras tus emociones pero tus ojos no esconden nada. NADA. ¿Crees que no me doy cuenta que odias que hablé de mamá? Me doy cuenta, puede que tú expresión no cambie pero tus ojos lo dicen todo, nunca intentes mentirle a alguien que te conoce, porque siempre sabrán que es mentira lo que dices.
—Nate es guapo, se ve mucho mejor que hace seis años y esta soltero, ¿que me impide querer acostarme con él?
—Él te quiere Victoria, a pesar de todos estos años él te quiere, si no lo hiciera no me hubiera llevado a recogerte ayer, no nos hubiera invitado a cenar, Victoria, no juegues con Nate, él no lo merece. Él ha estado para ti cuando más lo has necesitado, te ha demostrado que te quiere en muchas ocasiones, él no merece que lo hagas sufrir, y creeme que si haces que sufra, estaré muy decepcionada de ti. Porque mi hermana no es ese tipo de persona.
—No busco hacerle daño a Nate, tampoco llevarmelo a la cama Sara, Nate es un buen chico y sé perfectamente que no merece que le hagan daño.
—Bueno, ver para creer.
Sara se mete en su habitación y cierra la puerta.
Sus últimas palabras dolieron, ¿en verdad cree eso de mi?
—Sara…
Se gira y me mira esperando a que diga lo que sea que iba a decir.
>¿En serio crees que sería capaz de hacerle daño a Nate?
—Solo puedo decir que ya no te conozco Victoria, puede que habláramos seguido, que nos contáramos cómo estábamos y esas cosas… pero ya no eres la chica con la que crecí. Ya no eres la chica tierna, esa que irradia luz a cada lugar a donde va, tu ya no eres ella, hay algo que cambió desde que mamá y la abuela murieron, y si, es verdad, yo tambien cambie, pero no de la forma en la que lo hiciste tú, yo me apoye en todas las personas que tenía a mi alrededor, deje entrar a Jess de una forma que nunca pensé que sería capaz. Tu te alejaste de todos, te apoyaste mucho en Nate al inicio pero luego solo intentabas cuidar de Beka y luego te fuiste de nuevo a la universidad y hacías lo que podías por no volver.
—Sara, cada quien lidia con su dolor de forma diferente, eso no me vuelve una mala persona.
Mi celular suena.
—Nate ya te debe estar esperando abajo, iré a ver a David en un rato, ¿nos vemos para cenar?
—Vine para estar contigo…
—Si, lo sé, pero… Victoria, esto no es fácil para mí, estar contigo a veces es algo difícil.
Cuando cierra la puerta de su habitación entiendo que ya no hay nada más que decir.
Tomo mi cartera y salgo del apartamento, cuando llego al primer piso saludo al vigilante y luego salgo y me acerco al ferrari en el que está apoyado Nate.
—Te ves hermosa —dice después de recorrerme de pies a cabeza.
—Gracias, lindo auto. —le digo ya que no es el mismo que tenía ayer.
—Vamos, estoy seguro de que te gustara el lugar al que te voy a llevar.
Cuando llegamos a un café decorado en su mayoría con rosas rosas en cada mesa y en las estanterías, manteles blancos y lleno de cuadros de paisajes de venecia, parís, londres e Italia entiendo las palabras de Nate, este lugar es muy yo, o al menos antes lo era. Pero de igual manera
me encanta, acepto que cambie eso no lo puedo negar pero con Nate no puedo evitar ser un poco como antes.
Nos sentamos en una de las mesas que tiene vista a la calle.
—¿Qué te parece el lugar?
—Creo que me conocías muy bien ¿Verdad?
—¿Eso quiere decir que ya esto no te gusta?
—No diría exactamente eso, me encanta, es hermoso, en serio, pero creo que ya no va conmigo como antes.
—¿El color rosa ya no va contigo?
—No, bueno… tal vez, ya no soy la chica que usaba vestidos rosas tiernos, o la que vivía soñando cada vez que podía.
—¿Entonces quien eres ahora? y no me refiero a como te vistes Victoria.
Me río, en verdad es fácil hablar con Nate.
—Soy la chica que se graduó con honores, que no quiere decepcionar a su padre aunque siente que lo hace cada día. Soy la chica que todos creen que tiene la vida perfecta, que no se preocupa por nada. Esa es la imagen que doy, la mejor vestida, la que no quiere nada serio, solo diversión, la niña de papi.