La luz en mi camino está apareciendo

31| Victoria

Han pasado 16 días desde la charla que tuve con los Williams y la que tuve con Silvia. Y por fin llegó el momento de decir todo lo que he pensado en estos días, además de que me mudaré a Durham en nueve días exactamente acabo de ver a alguien demasiado parecido a Nathaniel como para que sea otra persona, camino tan rápido como puedo intentando no parecer una loca tras él. Cuando llego al escritorio de la secretaria del área de los contadores de la empresa lo veo hablando con ella.

Ahora no hay dudas. Es él.

—Nate.

Gira y en cuanto me ve cae en cuenta de que en verdad soy yo, su mirada de sorpresa me lo dice, él no esperaba que fuera yo.

—Victoria.

—¿Podemos hablar?

—Victoria…

—Nathaniel, necesito enseñarte un par de cosas que necesitan de tu autorización —Le dice Pablo desde el otro lado.

—¿Nos vemos para cenar? —me pregunta y cuando Pablo repara en mi junta los labios.

—Sí. Cuando termines, puedes ir a mi oficina y nos vamos.

Nathaniel asiente antes de girarse e irse con Pablo.

Vi a Pablo hace una semana cuando quedamos para llevar a las niñas al parque y que se divirtieran un rato, a pesar de que extrañara a su hija mientras ella estaba en la escuela de verano no sabía como entretenerla el fin de semana sin que ella… bueno se aburriera encerrada en casa y sin otras niñas con quienes jugar cerca.

Intento centrarme en trabajar lo que queda de la tarde, reviso un par de cazos y hablo de ellos con mi papá ya que es mi consejero cuando se trata de cazos grandes o de personas con las que no nos podemos permitir dejar mal en el juzgado.

Cuando estoy terminando un informe que debo entregarle a mi papá a primera hora llaman a la puerta y cuando veo a Nate ahí sé que viene para que vayamos a cenar. Apago la laptop y la meto en mi bolso antes de salir.

Me hace una seña hacia el ascensor y comprendo que no quiere que diga una sola palabra hasta que estemos solos.

Cuando estamos en el auto a punto de salir del estacionamiento me digo que llegó el momento.

—Nate… perdón, por todo, por tratar de sacar excusas, por no aceptar la verdad, que es que no estoy bien, perdóname por intentar alejarte cuando eres a quién más deseo tener cerca, lo que me dijiste ese día en el parque, yo también lo siento Nate, eras, eres y siempre serás el amor de mi vida. Te amo y estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para recuperarte, para volver a conocerte, para saber quién eres ahora, para enamorarme aun mas de ti. Quiero que llegue el momento de despertar a tu lado cada mañana y que nos complementemos igual de bien a cómo nos complementamos hace ya tantos años, pero creeme que lo recuerdo como si fuera ayer, estoy tratando de trabajar en mi misma Nate.

>>Es oficial que me mudo a Durham, pero las condiciones de mi papá fueron que tenía que venir una semana por mes, y tu dijiste que estabas aquí una semana por mes y pasabas otra semana en Durham, la distancia no será un problema, en serio, no lo será, no dejaré que lo sea.

Nate detiene el auto y baja, abre la puerta del copiloto y me quito el cinturón sin comprender bien.

—Esto ya no será un juego ¿lo comprendes? No estoy dispuesto a empezar algo ahora y que cambies de opinión en unos días o un par de meses, si estás dispuesta a hacer esto me vas a dejar entrar. —Dice en cuanto bajo del auto. —Es verdad cada una de las palabras que te dije hace ya tantos días. Te amo, y quiero seguir amándote el resto de mi vida Victoria, pero yo ya no soy el Nate que está dispuesto a esperarte por más tiempo del que ya te he esperado, no puedo seguir atando mi vida a alguien que no quiere estar atada a la mía.

—Ya te lo dije Nate, quiero que llegue el día en el que despierte contigo cada día a mi lado, quiero ser la mujer de tu vida, esa que le trae felicidad a tus días y quiero que tu traigas felicidad a los míos, quiero amarte cada día del resto de mi vida. Pero si no estás seguro de eso quiero que lo digas ahora, porque quiero sanar y no puedo permitir que me vuelvan a destrozar después.

—Estoy dispuesto a todo por ti Vic, eso no lo dudes.

Se acerca un poco más a mi me besa. Ahora con toda la sinceridad del mundo puedo repetir que él era, es y siempre será el amor de mi vida y que yo soy el suyo.

Después de no ser capaz de dejar de besarnos terminamos por llegar a su departamento y si, nos demostramos todo el amor que sentimos el uno por él otro entre miles de caricias.

En algún momento antes de quedarnos dormidos después de cenar lo que habíamos pedido que nos trajeran a su departamento saco de mi bolso mi celular y le envio un mensaje a papá.

<<No llegaré a dormir, nos vemos en la mañana>>

—¿Con quién hablas? —pregunta Nate mientras me abraza jalandome para que quede bien acurruca a su lado.

—Le estaba avisando a papá que no iré a dormir.

Nate sonríe y me abraza.

—Vic, no quiero arruinar las cosas, en verdad pero, Madi me contó lo que pasó hace unos días en tu casa.

—Adivino, ¿soy la mala del cuento?

—No para mí, Vic nunca trate de juzgarte por no volver a llamarme o a contestar mis mensajes después de un par de días, podía entender que no querías a nadie cerca, entendía que tu dolor era demasiado grande para asimilarlo y que no podía esperar nada, y nunca espere nada, cuando fui a tu casa ese día esperando a que llegaras solo deseaba poder verte y abrazarte si me lo permitias.

Estaba predispuesto a eso, a que ni siquiera me permitieras acercarme, pero quería intentar estar ahí para ti a pesar de todo.

—Si te aleje fue porque no creí justo arrastrar a personas tan importantes junto conmigo a un hoyo de dolor y odio.

—He de aceptar que es difícil esto de dejarte entrar, aceptar y a una psicóloga después de todo el tiempo que me he estado negando a ello.

—Quiero estar aquí en cada momento del camino Victoria, quiero ser tu apoyo y tu fuerza cuando la necesites, quiero ser todo para ti como tu lo eres todo para mi.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.