La Luz Que No Se Quedo

El encuentro que no prometía nada...

Ella no lo estaba buscando.

Las cosas importantes casi nunca llegan cuando una las espera.

Apareció como aparecen las cosas pequeñas: sin ruido, sin aviso.

Una conversación ligera, una coincidencia que no parecía destinada a quedarse. No hubo chispas ni promesas, ni esa sensación inmediata de "esto es algo". Solo calma. Y eso fue extraño.

Él tenía la costumbre de mirar como si escuchara incluso lo que no se decía.

Ella, en cambio, estaba acostumbrada a guardarse las cosas bonitas por miedo a perderlas. Entre ambos se formó un espacio tibio, como una tarde nublada que no amenaza con lluvia, pero tampoco promete el sol.

Se encontraron varias veces en ese lugar invisible donde nada se define.

Hablaban de cosas simples: el cansancio, los días largos, lo que uno piensa antes de dormir. A veces el silencio se quedaba más tiempo que las palabras, y lejos de incomodar, se sentía correcto.

Ella empezó a notar los detalles: la forma en la que él bajaba la voz, como no interrumpía, cómo parecía quedarse incluso cuando ya se había ido.

Sin darse cuenta, comenzó a pensar en él en momentos pequeños: cuando el día se volvía pesado, cuando la noche era demasiado larga, cuando necesitaba recordar que aún existía la suavidad.

Pero ninguno dijo nada.

Porque algunas cosas, incluso cuando nacen, parecen saber que no tendrán futuro.

Y aún así... nacen.




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