Soy Almaia.
No suelo decir mi nombre en voz alta.
Me habito en silencio, como si al nombrarme pudiera romper algo frágil dentro de mí.
Vivo una vida sencilla.
Trabajo con lo que tengo a las manos y con lo que siento en el pecho.
No es un trabajo que deslumbre, pero me permite observar: a las personas, a los gestos pequeños, a los días que pasan sin dejar huella aparente.
Y es que el maquillaje es mi vida, poder ser yo, sin presiones de un jefe loco, o simplemente mejor que mi último empleo.
Mi familia es presencia constante, aunque no siempre cercana. Nos queremos a la manera en que se quieren quienes no saben decirlo del todo.
Hay amor, sí, pero también distancias suaves, esas que se aprenden con los años y se respetan para no herir.
Siempre he sido así: reservada, atenta, profundamente emocional por dentro.
No necesito grandes escenarios para sentir.
Me bastan los detalles: una canción baja, una mirada que se queda un segundo más,
el silencio compartido.
Amo con cuidado.
No porque ame poco, sino porque sé cuánto duele amar sin medida.
Aprendí temprano a no pedir demasiado, a conformarme con lo que llega sin exigirlo.
Tal vez por eso, cuando Lucien apareció, no lo vi como una promesa, sino como una posibilidad tranquila. No buscaba que se quedara, ni siquiera sabía que lo estaba esperando.
Solo sé que, en medio de mi rutina callada, su presencia iluminó algo que yo ya tenía, pero no había sabido mirar.
Y aunque todavía no lo acepto del todo, empiezo a entender que esta historia no va de quién se queda conmigo, sino de quién me enseña a mirarme con más ternura.
Hoy, por ejemplo, puedo decirte que es uno de esos días… en los que piensas en el porque de las cosas, hay muchas preguntas sin responder, y sin embargo sabes que fue lo mejor, y que claro, el corazón no está roto sino, esta en el proceso de entender que amar no es sufrir sino la manera más hermosa de aprender, de construir, de sonreír y de sentir.
Sin dudas un día de mucha reflexión, afortunadamente estar en casa ayuda un poco, y digo solo un poco, porque mamá se preguntará si estoy bien por estar encerrada y tumbada en la cama del cuarto sin querer hacer nada, y la verdad es que hoy no es un día para responder preguntas que no quiero, para obtener respuestas sin sentido y mucho menos respuestas que realmente me puedan llegar a herir.
Justo en el momento que voy a colocarme los audífonos ella grita mi nombre.
- ¡Almaia ¿Por qué no bajas a ayudarme un poco?!
- ¡Ya voy mamá!
Y justo en ese momento, mi día de descanso terminó.
En cuanto bajo y no veo a mi madre en la sala, la busco en la cocina, claro que la encuentro.
-Hija ¿Te encuentras bien? -Pregunta mi madre mientras corta verduras.
-Estoy bien mamá, solo cansada, ayer tuve trabajo y fue agotador-Respondo sinceramente.
Y es que el día anterior maquille a una novia para sus fotos de compromiso, y no solo a ella sino también a su madre y futura suegra.
-Bien, te voy a creer solo porque te vi acomodando tu material y lavando las brochas de maquillaje que usas para el trabajo-Respondió ella sin mirarme- Deberías de descansar un poco, yo me encargo de la comida.
- ¿Segura? Hace unos minutos me llamaste para que te ayudara.
-Segura mi niña, te ves cansada, y no es que vaya hacer el quehacer de la casa, así que ve a la cama.
-Ok-Respondí, y me fui al cuarto nuevamente.
Justo escucho la puerta de la casa, son mi papá y mi hermano llegando de algún lugar.
Así que hoy solo quiero dormir, y sí, esta soy yo.
Editado: 09.01.2026