La lycoris que nació esa tarde de diciembre

DE NUEVO, ¿MORÍ?

Las luces de la ambulancia irrumpieron en la puerta de emergencias y de ella bajó la camilla con los paramédicos que intentaban reanimar aquel cuerpo. Ya había sufrido un infarto en el camino y con un pulso tan bajo resolvieron hacer ejercicios cardiacos cada que la presión bajaba.

Todo el alboroto se perdió tras la puerta de emergencias.

 

Un alboroto volvió a armarse cuando aquella mujer entró preguntando por su cuñada, estaba alterada y nerviosa, se podía notar por su voz que ni siquiera sabía cómo había llegado sin que le diera una crisis nerviosa.

 

Preguntó por su cuñada, Sonia, pero nadie supo que decirle. Se vio obligada a esperar sentada, mirando el teléfono e intentando controlar a Vicente que exigía una respuesta y una explicación sobre lo sucedido.

 

Un par de horas fue suficiente para tener a ambos, alterador. No podían explicar lo que había sucedido si hasta donde sabían la salud de Sonia era perfecta dentro de lo que cabía, nunca hubo señales de algo que estuviera mal y de repente, ella estaba al borde morir.

 

Cuando por fin alguien se dignó en hablarles les informaron lo sucedido: un festín de medicamentos había provocado una sobredosis que la llevó al borde de la muerte. La sola idea de que Sonia haya querido suicidarse enloqueció a Vicente hasta el borde de querer matarla él mismo.

Su esposa intentó calmarlo porque le darían permiso de verla unos minutos cuando la llevaran a piso.

 

—Debe haber una explicación para eso…Cariño, ella nos necesita.

Intentó calmarlo mientras acariciaba su brazo, pero en la mirada de su esposo solo había ira.

—¿Acaso era tan difícil hablarnos…? ¿Acaso soy intransigente? Es una completa estupidez.

Sus palabras eran duras e hirientes, pero era lo que sentía, estaba en un estado de desesperación en el que no podía entender a su propia hermana, pero era comprensible. Él la había dejado sola hace mucho y aunque lo intentó siempre hubo una brecha entre ellos.

 

El muro era muy grande al igual que su desesperación, pero la de ella debía ser aun, peor. Se quedó sola con una familia desconocida cuando su madre murió, su propio padre la hizo a un lado para darle todo su cariño y atención a la hija que tuvo con su amante y luego un infierno cuando su padre murió.

Ella había creado una fortaleza tan grande que ya no supo salir de allí.

Vicente se sentía tan culpable que, incluso siendo un hombre de pocas palabras y gestos, no pudo contener las lágrimas.

En la habitación, no fue la excepción. Ella permanecía inconsciente, conectada por intravenosa y ese sonido irritante de la máquina ponía mas nervioso a su hermano.

 

Allí estaba su única familia, él y su esposa se mantuvieron en silencio esperando que ella dijera algo porque ni siquiera ellos se sentían capaces de preguntarle la razón de sus actos. Ni siquiera sabían cuando despertaría, pero esperar “unas horas” resultaba eterno.

 

La puerta se abrió y entró Kevin. Era la primera vez que se encontraban, aunque podían reconocer de quienes se trataban, Sonia le había mostrado una foto del matrimonio de su hermano hace mucho. Tenía buena memoria y se alegraba verlos allí pero no sabía cómo explicar que él había llamado a la ambulancia.

 

—Sucedió de la nada… Horas antes ella estaba bien.

Kevin pensó que era la mejor manera de empezar la conversación, aunque la mirada de Vicente intimidara un poco.

—¿Tú llamaste? —preguntó Vicente.

—Si. Llegamos a la casa y la vi desplomarse apenas entró.

—¿Quién eres?

—Soy Kevin, su compañero de clases. Ella no estaba bien…Pero no quería suicidarse.

Vicente no contestó más y solo se acercó a la ventana de la habitación para mirar al exterior, un suspiro empaño un pedazo del vidrio.

Su esposa se acercó y tomó la mano de Kevin, dio un ligero apretó y un ligero “gracias” murmuraron sus labios.

No era el mejor momento, pero era necesario, se sentía feliz que su cuñada no estuviera sola en momentos como ese.

 

Kevin no respondió, ni siquiera tenía algo más que decir, solo esperó un momento para salir de la habitación, no quería interrumpir el dolor y la incertidumbre que ellos sentía, él entendía ese sentimiento.

 

Su pensamiento fue interrumpido ante la presencia de Alessia. Sus miradas se cruzaron unos segundos, pero sabía que aquella que era tan baja como su amiga, no era de su agrado. Cuando Alessia intentó tomar la chapa de la puerta para ingresar, él la tomó primero y se aferró a ella.

 

—¿Cómo te atreves a venir?

Su tonó amable se volvió amargo con una mirada fría ante alguien a quien no había conocido en persona.

—¿Quién...Te crees que eres? —hizo una pausa ante su propia pregunta, su incertidumbre se desvaneció casi enseguida—. Eres Kevin, ¿no? Soy Ale-

—Ya sé quien eres—le interrumpió—­. Todo esto es tu maldita culpa. Seguramente vienes a hacer el papel de hermana sufrida para quedar bien… o tu novio te mandó a ver el resultado de su acoso.

Los ojos de Alessia parecían querer salir de sus orbes, aquello le tomó tan desprevenida que sus casi pierde el equilibrio. Su cabeza negó levemente y frunció sus labios, quería mandar a la mierda a ese atrevido, pero la mirada de Kevin parecía tan segura que incluso logró que ella dudara de sí misma.

—¿Qué tiene que ver mi prometido?

—¿Acaso no te contó? Que feo de su parte no contarte la forma en que acosa a Sonia hasta el punto de llevarla a la paranoia.

—Él no hace eso, deja de decir mentiras.

Murmuró entre dientes antes de empujar a Kevin para que se apartara de la puerta, pero solo provocaron que la chapa sonara. Él, en un arranque, tomó del brazo a Alessia llevándola contra la pared de enfrente.

—Se vieron el fin de semana, en un restaurante. Tu prometido tiene una forma muy sutil de amenazar a los demás para que no se acerquen a ti y no te metamos ideas raras. Vamos, ¿de qué tiene miedo? ¿Qué es lo que Sonia sabe que podría poner en peligro su relación? Aunque, ¿ella realmente te está metiendo ideas en la cabeza? Parece que esta desesperada por salvarte de algo hasta el punto de casi perder la cordura por alguien como tú. Pero ambos sabemos lo que supuestamente no deberías saber, ¿no?




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