La lycoris que nació esa tarde de diciembre

REINICIO

Abrió sus ojos de golpe, las luces del techo provocaron que su mirada viajara por toda la habitación en un intento de reconocer donde estaba. Intentaba recordar lo que había pasado y su primera reacción fue llevar sus manos a su estómago, no sintió dolor ni percibió alguna herida.

Casi por inercia llevó sus manos a su cabeza y a su nuca, pero fue el mismo resultado. No había nada, ni siquiera rastro de dolor. En su cuerpo solo había cansancio, una sensación de pesadez, eso explicaba porque no podía mantener sus ojos abiertos.

No entendía que hacía en un hospital si su cuerpo no presentaba ninguna herida, al menos visible.

Un suspiro escapó de sus labios mientras intentaba reincorporarse, pero sus brazos y apenas tenían fuerza. Se percató que tenía algo en la cara y logró sacarse la sonda de oxígeno, todo era un conjuntos de cables innecesarios que se terminaron enredando en su mano y su cabello.

«Maldita sea…»

Rodó los ojos y terminó por resignarse. Ni siquiera la televisión estaba encendida como para poder entretenerse, tampoco había alguien en el sofá esperando porque ella despertara. Irónicamente, todo se parecía a como eran las cosas al inicio.

Tanto le molestaba ver ese enredo en los cables que terminó escondiendo su mano. Examinó la cama para ver donde estaba el botón con el que se llamaba a la enfermera, pero estaba muy lejos para alcanzarlo. Maldijo de nuevo, parecía volverse una nueva costumbre.

Levantó su mano izquierda para ver sus dedos, estos parecían entumecidos y algo hinchados, le era muy difícil empuñar sus manos y solo dejó caer su mano.

¿Qué había pasado? No tenía la más mínima idea. Cerró sus ojos para intentar recordar, pero no sucedía nada, solo veía oscuro, incluso llegó a disfrutar de la suavidad de la cama, parecía que se inflaba poco a poco, debía ser solo su imaginación. Ni siquiera tuvo ánimo de volver a abrir los ojos.

 

Su cuerpo se sobresaltó al sentir ese plástico nuevamente en sus fosas nasales. Sujetó con fuerza la muñeca de la enfermera y sus miradas se cruzaron por un momento, hasta que la enfermera gritó.

Realmente era un sonido desagradable, hizo muecas e intentó cubrirse los oídos. Cuando menos se dio cuenta, la habitación estaba llena de personas y el doctor se acercó tanto a ella que intentó levantarse para bajarse de la cama.

Entre un par de enfermeros la sujetaron y la pusieron nuevamente en la cama. Se había aguantado las ganas de hablar mientras el doctor examinaba sus pupilas y una enfermera tomaba sus signos vitales. Ni siquiera iba a pelear o forcejear.

De todas las formas en que había despertado, esa era la peor.

 

—Localicen a los familiares de la paciente, de urgencia.

El doctor le pidió a una enfermera antes de echar a los que estaban de más y de curiosos de la habitación.

—No te fuerces a hablar, solo mueve ligeramente la cabeza o la mano, ¿entendido?

Ni sabía porque debía seguirle el juego, aunque era un poco difícil querer abrir la boca, solo terminó asintiendo.

—¿Recuerdas tu nombre?

Asintió y el hombre sonrió.

—¿Recuerdas porque estás aquí?

Recordaba cosas, pero no estaba segura de que los acontecimientos se hayan dado así, negó a su pregunta.

El hombre se sentó en una esquina de la cama y suspiró pesadamente. La enfermera regresó y le entregó unas hojas que llenaba, imaginaba que era mi planilla médica. Le pidió a la enfermera que me encendiera la televisión e inclinó un poco la cama, era lo más cerca de estar sentada que estaba.

Había entendido que la tendrían en observación y que hablaría con sus familiares, pero no sabía a quienes se refería. Ni siquiera sabía si en esa vida tendría el favor de su hermano o el de Alessia.

Era frustrante.

 

Se mordió el labio con fuerza al recordar lo acontecido en la bodega. Ahora era más consciente de lo último que sintió, seguramente era uno de esos contenedores refrigerantes, eso explicaría el ruido parecido al de una nevera y el frío que sintió antes de morir.

Recordaba el dolor que se había esparcido por todo su cuerpo, recordaba la expresión de desquiciado que tenía Damián y la muerte de Alessia.

Todo era como una versión distorsionada de su realidad, la única realidad que reconocía fue en la que su hermana fue asesinada, el resto solo parecía como rutas de un juego de decisiones en la que cada oportunidad se volvía más macabra y retorcida.

 

Por la condición en la que estaba su cuerpo podría intuir que había estado en coma, de forma natural o inducida. Además, la enfermera se había asustado por la forma en que había despertado, eso quería decir que no esperaban una mejoría de su parte.

Llevó su mano a la mejillas y empezó a darse masajes con la punta de sus dedos, sentía esa parte entumecida y tal vez, intentar algunos ejercicios de vocalización le ayudaría a abrir la boca de una vez por todas. Incluso bostezar se hizo más fácil.

Recordó los últimos sonidos que percibió, justamente era el sonido de la máquina que estaba junto a la cama, aun seguía retumbando en sus oídos. Esa había sido la transición entre vidas mas extraña de todas, incluso por la voz que recordó y que intentaba consolarla o disculparse, eso ni siquiera tenía sentido. Aquella voz le pidió despertar y ahora la dejaba sola en un nuevo intento por sobrevivir.

—Mierda…

Era gracioso que su primera palabra de prueba haya sido un insultó. No pudo evitar reírse, pero su pecho dolía un poco y su risa estaba un poco distorsionada, era como si voz estuviera ronca.

Aun sentía sueño, no había nada que pudiera hacer hasta que llegara alguno de sus familiares así que intentó girarse hacia su lado derecho, su cuerpo realmente estaba muy pesado. Intentó recoger sus piernas para ponerse en posición fetal pero su pierna derecha no respondía, ni siquiera se esforzó nuevamente. Parecía entender que algo le había pasado a su pierna.




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