La lycoris que nació esa tarde de diciembre

EL DESTINO TIENE NOMBRE

Una voz familiar le estaba llamando a los lejos, era consciente de aquello, pero no era capaz de abrir los ojos. Siquiera recordaba haberse quedado dormida, solo tenía el libro entre sus manos, se puso a pensar en cosas innecesarias y era nuevamente esa voz, llamándola por su nombre.

Sintió un leve toque en su mejilla y alcanzó a tomar la mano de la otra persona. Pudo abrir sus ojos y se encontró con la mirada penetrante y casi imperturbable de Kahé.

Su cuerpo dio un brinco al sentir la respiración de aquel hombre contra su rostro, Kahé reaccionó casi de inmediato, apartando la mano de Sonia y retrocediendo un par de pasos.

 

Miró alrededor encontrándose nuevamente en ese campo nostálgico. Para Sonia, lo único malo es que la única persona con la podía compartirlo era Kahé y no era que fuera mucho de su agrado. La brisa le invitaba a no levantarse del césped, parecía que este hubiese sido recién regado, podía sentir la frialdad y la humedad de sus hojas.

Le dio la espalda a Kahé, se percató que el libro ya no estaba entre sus brazos, pero al menos, conservaba la pulsera en su mano.

 

Ninguno dijo palabra alguna, pero Sonia no se sentía cómoda, poco después terminó girando su cuerpo y frunció el ceño antes de sentarse. El hombre imperturbable a su lado terminó por reírse ante la expresión de enojo y molestia que tenía ella.

«¿Qué te causa tanta gracia, idiota…?»

Él ladeó la cabeza antes de sentarse frente a ella y esbozo una suave sonrisa. Eso sorprendió a Sonia, era la primera vez que sentía que estaba siendo amable.

—Tu expresiones son graciosas. Como te imaginarás, no tengo muchas visitas y tú eres una visita especial.

Con aquello confirmaba que había llegado a ese lugar más veces de las que podía recordar, por ende, ese sujeto sabía más de lo que ella sabía de si misma. Extendió sus piernas y se percató que no tenía el yeso puesto, llevó sus manos a su pierna para estar completamente segura.

Lo dudó un poco antes de confrontarlo.

—¿Por qué puedo estar en tu...mundo?

—Al principio…Me preguntaba lo mismo. Se suponía que no deberías ser capaz de ver tras el telón—la expresión de desconcierto de Sonia hizo que Kahé solo asintiera y le tomó de la barbilla—. La vida es una gran obra de teatro…Como sabrás, hay muchos géneros y muchos actores, cada uno tiene su papel protagónico. Puedes considerar que esto es… “tras bastidores”. Llegué a la conclusión de que desde el primer momento en que estuviste en ese bucle de tiempo una parte de su existencia se aferraba a este lugar.

 

Los ojos se Sonia se abrieron más de lo normal, tal vez al ver como ese sujeto se acercaba cada vez más a su rostro. Otra vez podía sentir la respiración de Kahé sobre su piel, ella se apoyó en el césped, inclinando un poco su cuerpo hacia atrás.

—Entonces…¿cómo me metí a este bucle de tiempo…?

Kahé le soltó de inmediato y volvió a su lugar, antes de soltar una suave carcajada, mirando a otro lado.

—No lo sé, solo te estoy diciendo mis hipótesis.

Ella volvió poco a poco a su lugar, aunque poco después se levantó y sacudió un poco su ropa. Dudó un poco en dar un paso, creía que perdería el equilibrio por lo de su accidente, pero para su suerte nada resulto tan mal.

—Incluso tú, que eres quien vive en este lugar, no tiene idea de lo que sucede. Entonces, ¿no hay algo que puedas hacer para que se detenga? Es cansado tener que morir y vivir, yo ya no estoy segura de nada…En mi mente hay tantos recuerdos confusos…Siento que me están llevando a un abismo.

—Suena doloroso…Pero tal vez tiene una razón de ser.

Ella percibió tristeza en esas palabras, se acercó a él y se acuclilló para mirarle fijamente. Eran los mismos ojos azabache y profundos como la noche, lucían cansados como si estuvieran experimentando algún tipo de pena.

—¿Tú también estás en el bucle?

Un suspiro escapó de los labios de aquel chico antes de que se levantara y empezara a caminar, alejándose de ellos. Esa era una de las preguntas que no contestaría. Ella fue tras él, no tenía intención de abordarlo con preguntas, pero tal vez si ganaba su confianza podría descubrir algo, o simplemente sería perder el tiempo. Pero como estaban las cosas, parecía que lo que más tenía era tiempo.

 

No estaba segura sobre que tanto se habían alejado, no hasta que se giró por curiosidad y el gran jacarandá ahora solo parecía un punto en el horizonte. Realmente parecía un lugar sin límite, tan vasto como el cielo, aunque solitario.

Se detuvo de golpe al chocar con la espalda de Kahé, por un momento sus miradas se cruzaron antes de que ella las bajara, avergonzada, aunque no sabía de qué, porque después de todo el que se detuvo de la nada, era él.

—En lugar de hacer preguntas, deberías vivir tu presente—Kahé le sonrió—. El pasado es historia y el futuro es incierto.

—¿Eres capaz de ver como vivo mi vida?

Vio una sonrisa burlona de parte de Kahé y de brazos, eso realmente era incómodo y vergonzoso.

—No es que me pase el día espiándote, tengo más cosas que hacer… Solo que cuando me animo a ver un poco tu día a día siempre estás reflexionando.

Sonia frunció levemente el ceño, ciertamente ese tipo sabía cómo sacarla de quicio.

—¡¿Y qué tiene de malo?! —se exaltó un poco—. Ojalá no pudiera recordar nada de mi vida anterior y de esa manera, sería más fácil vivir sin preocuparse del futuro. Yo…ni siquiera debería quejarme…tú estás encerrado aquí sin opción. Kahé… ¿existe alguna forma de que salgas?

La sorpresa se la llevó él. No esperaba que ella realmente pudiera desear algo así, pero una amarga realidad golpeó la memoria del sujeto.

—No. Hay una penitencia que debo pagar, pero…no soy tan desafortunado como te estás imaginando, todo lo contrario. Con solo verte unos pocos minutos, mi corazón encuentra paz—Kahé levantó la mirada hacia el cielo y cubrió un poco su rostro antes de mirarle nuevamente y sonrió un poco. Se acercó a ella y le tomó de las mejillas—. Ya es hora de que despiertes…Sonia.




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