La lycoris que nació esa tarde de diciembre

EL DESTINO NO ES CASUALIDAD

Mentalmente no estaba lista para sobrellevar todas esas sensaciones asfixiantes. Era realmente patético incluso para ella sentirse débil por algo tan simple que no tenía ni pizca de comparación con todo lo demás. Después de todo, solo necesitaba hacerse de tripas corazón para seguir.

Sus días no tenían nada de extraordinario, es más, todo era demasiado aburrido y volvió a sumergirse en las página de ese libro.

A esa altura, ya no tenía miedo de lo que iba a descubrir. Después de todo, el autor tenía razón.

 

El libro que tanto había aborrecido por días era una joya. El autor plasmó a la perfección el dolor de un hombre que había sido engañado por su esposa y la familia de esta. Haber estado al borde de la muerte y que una nueva mujer llegara a salvar su cuerpo y su alma, aun si en el camino perdía la suya.

El emperador, hasta el final continuó amando a su esposa. Su último suspiro fue para llamar su nombre y se disculpó con ella por no lograr salvarla. Debió ser doloroso para la mujer que apareció en la vida del emperador ya que nunca fue amada como ella lo amó. Su corazón nunca se corrompió. En el fondo, Sonia deseaba que el corazón de la emperatriz, de Noelle, jamás se hubiera corrompido.

 

El libro le dejó un gran vacío en su corazón, pero aun no entendía que era lo que había leído antes. Todo lo anterior que probablemente su mente se había imaginado era como si Noelle le contara la historia. Entonces, ella también era una víctima. Deseaba que la historia no tuviera un trasfondo tan horrible y doloroso.

 

Pero de vuelta a la realidad, solo faltaban cinco días para el matrimonio.

 

Había visto a Alessia entrar y salir de la casa con una serie de cajas y regalos, seguramente los habían mandado sus amistades. Porque si de algo se había dado cuenta era que Alessia tenía más personas a su alrededor de las que ella recordaba. Había escuchado tantos nombres en tan poco tiempo que apenas y los podía recordar. Pero era cierto que las novias se ponen más radiantes cuando se acerca el día de la boda.

 

Ahora se sentía como una de esas muñecas en las que practican los aprendices de belleza. De alguna manera se había dejado convencer por su hermana de ir al salón de belleza para la prueba de peinados y maquillaje, y con ellas irían las damas de honor. Si ya de por si era incómodo tener que salir con extrañas, el hecho que fueran quince personas extrañas era tenso.

Fue en ese momento en que notó la diferencia abismal que había entre ellas, Sonia siempre fue como la sombra de ella y de todo quien se acercara a ella. No es que fuese obligada a estar en la oscuridad, simplemente se sentía más cómoda allí.

De alguna manera estaba convencida que hacer algo que era alabado por los demás era lo mejor, aunque el crédito nunca era para ella, siempre era para alguien más. Aunque cuando Kevin apareció en su vida le dio un pequeño deseo de luchar por lo que realmente le pertenecía.

Ahora que el final de la historia le correspondía únicamente a ella, le causaba miedo y pánico, aunque el sentido de la responsabilidad lograba aplacarlo un poco. El destino no estaba escrito, ella era la única que podía definir lo que pasará en cinco días.

En su mente era fácil divagar, aunque en la realidad todo era un caos.

Las chicas iban de un lado a otro, viéndose en el espejo y opinando sobre los peinados que les estaban haciendo a casa uno, además de la manicura y el tratamiento en sus rostros. Ellas parecían estar acostumbradas a eso. Sonia solo las observaba desde una de la sillas, bebiendo un poco de té helado.

Si podía definirlas en una sola palabra, eran como vacas locas corriendo por el prado.

Asintió dándose la razón ante su propio pensamiento.

Solo esperaba que terminaran pronto, aunque uno de los empleados del lugar logró verla aislada de todos, con el cabello recogido en una cebolla y sin haber sido víctima de sus experimentos.

Su cabello tenía canas naturales a pesar de su corta edad, hace mucho no se lo había vuelto a tinturar así que el rojizo que alguna vez tuvo reveló sus imperfecciones y su baja autoestima. Su cabello estaba muy maltratado y siempre lo tenía recogido así que no tenía mucha esperanza de lo que pudieran hacer.

Pero Alessia había notado que nadie la había atendido y fue ella quien mandó a Sonia también recibiera el mismo trato.

Ninguna puso resistencia, solo se limitaba a ver su reflejo en el espejo y como algunos mechones de su cabello se caían debido a los daños, para ella era normal. Tener a alguien que se encargara de ella le hizo olvidarse de las damas de honor.

 

Todo parecía tan tranquilo, pero a ciencia cierta, solo era la calma antes de la tormenta.

No había aparecido aquel chico que la asesinó, ni había indicio de quien podría ser el asesino de su hermana.

Eso no tenía ningún sentido.

Pasaron horas antes de poder ver un cambio en ella, al menos en su cabello. Había dejado de ser negro para volverse rojizo o cobre, lo habían planchado y notó que era más largo de lo que ella recordaba , estaba incluso más abajo que sus omóplatos.

 

La hora de almuerzo había pasado, aunque habían pasado varios bocadillos entre todas las clientas así que decidió comer un poco en la silla donde estaba al inicio. Junto a ella se sentó una chica que se le hacía familiar, no estaba segura de dónde, pero ya que era amiga de Alessia decidió no escarbar más profundo.

—Eres…Sonia, ¿verdad?

Aquella chica a su lado le hizo girar, no entendía porque le hablaba, pero definitivamente no era una simple coincidencia.

—Lo soy… Nosotras nos conocemos, ¿verdad?

—Nos conocemos—rió—. Alessia y yo somos compañeras de clases, nos conocimos cuando ibas por ella al colegio… Soy Emily.

—Ah…Creo que sí. Lamento no recordar muy bien…

Intentó reírse muy bajo, para no fuese más incómodo ese momento.




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