La Maestra Del Amor

Tan caliente como el mismo verano

La doctora era  una mujer extrovertida,  una leona que me devoraba en la cama y solo sentir el calor de su cuerpo me hacía erizar la piel de una forma increíble.

Fue un noviazgo indescriptible, pero nunca fue amor.  Siempre sentí que la relación era basada en sexo.

Era sin duda una mujer agradable, pero que no llenaba mis expectativas. No era lo que me hacía sentir mi maestra.

Sus besos eran elixir, pero no me hacían sentir nada. En su exquisitez eran simples e insípidos y con el tiempo me di cuenta que todavía seguía enamorada de su pareja anterior. Además, aparte de mí mantenía otra relación. 

Aunque fue duro y me dolió aceptarlo; me di cuenta que nuestra relación nunca había sido real. Nuestros corazones nunca estuvieron conectados, solo teníamos sed de placer.

Decidimos terminar la relación, ¿Para qué seguir en algo donde ninguno de los dos se sentía bien?

Al final, como dice el dicho: “Un clavo saca a otro clavo.” pero esto no nos había funcionado a nosotros.

Después de mi doctora me tomé un tiempo, quería estar por un tiempo solo.




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