Sentí como se rompió mi interior, sentí como mi alma se salió, sentí como la vida se me iba, sentí la ausencia de tu presencia, sentí que moría mientras vivía, me sentí sin fuerzas, me sentí triste y angustiada, sentí que ya no valía nada. Todo sentí cuando te perdí.
La angustia la sentía incluso al dormir, estaba ahí cuando obligaba a mi mente a no sentir, quería escuchar tu voz, aunque no podía, necesitaba de tu calor, aunque ya no estabas conmigo. Necesitaba tanto de algo o alguien que me moría ante el silencio de mi tormento.
La comida que me encantaba me daba asco, la comida que me hacía feliz me sabía a nada, no sentía el sabor, ni siquiera podía darle un bocado y mucho menos podía terminar un plato. Mis raciones se fueron reduciendo cada día más y si me obligaba a comer, vomitaba.
Comencé a huir de los olores, comencé a atormentarme ante los perfumes de los hombres, me sentía en peligro y en alerta porque me recordaban a tu presencia. Comencé a odiar lo que tú amabas, comencé a ver fantasmas.
Me perdía en mi mente, en el pasado, en tus palabras, en tus acciones, en tus reacciones, en tus "tequieromuchomás", en tu silencio, en nuestros domingos, en nuestro nada, en nuestro todo, en nuestros abrazos, en nuestras noches, en nuestras mañanas, en nuestras comidas, en nuestros planes, en tus caricias, y sobre todo en nuestra última noche, en nuestro último abrazo, en nuestro adiós.
Busqué, busqué y busqué algún indicio, alguna pista, algo que me dijera que ya no me querías o que nunca lo hiciste. Quería algo, necesitaba algo para yo darle un fin, porque de ti solo recibí silencio aunque te implorara algún sonido. Pensé que estabas en peligro, por la advertencia de la última vez que pasamos juntos, sinceramente creí que estabas en peligro y me negaba a ver que solo te habías marchado sin decir adiós, como aquel ladrón que entra y se va llevando lo que quería conseguir.
La confusión me atormentaba, el silencio me mataba, y el alma me ardía. Hasta el día de hoy he podido comprender tal actuación, hasta hoy he podido saber por qué me mintió, pero comprendí que él no me amó. Acepté que se había ido y eso era un bien mayor, comencé a ver su maldad con bondad, me obligue a leer lo que había dicho sobre nosotros, como me hacía ver como la loca del circo, la que había vivido una fantasía sola, la que se había inventado un amor donde no existía nada, que había confundido las cosas por sus detalles, palabras, promesas y acciones.
Yo había sido la loca.
Lloré, lloré, lloré al leer lo que no debía leer, lo que me tenían escondido, lo que no me querían mostrar, pero lo leí de casualidad. Y tuve que aceptar que el hombre que yo amé no existió, las promesas eran mentiras, el cariño era...
Él me mintió, ese hombre me mintió y yo le creí. Ví la maldad a través de esas letras, vi el odio, la vergüenza, el rencor, la falta de respeto y acepté que él nunca existió y que todo fue parte de mi imaginación. Me culpé, me culpé, me culpé una y otra vez por él, porque yo nunca supe que para él lo nuestro nunca fue real.
Y acepté que yo no lo quería ver regresar.
26 de mayo 2025
Editado: 28.04.2026