La magia prohibida | libro I

♔ Capítulo I ♔

Dilitírio

La lluvia caía con una calma extraña, como si el cielo llorara en silencio sobre un bosque que parecía no tener fin. Los árboles se alzaban, mecidos por el viento y una luz tenue de color blanca vislumbraba entre ellos.

Helena caminaba descalza sobre la tierra húmeda y tropezó con sus propios pies cansados. Entonces lo vio.

Una figura emergió lentamente de la oscuridad. Era un muchacho alto, con su cabello negro empapado por la lluvia. Su cabeza estaba gacha y sus ojos estaban entrecerrados mientras avanzaba con una serenidad inquietante.

Un paso. Otro.

La lluvia fue perdiendo fuerza hasta convertirse en una fina llovizna. Entonces, entre las nubes desgarradas, un rayo de luna rozó su rostro y levantó la cabeza con suavidad. Solo en ese instante, Helena pudo distinguir sus ojos: de un marrón tan profundo que, por un instante, dudó que fueran reales. Él extendió su mano hacia ella, pero antes de darle tiempo a tomarla, se oyó un susurro entre el viento.

«Un joven mago devolverá el equilibrio al reino».

—Rhys.

Se levantó exaltada pronunciando aquel nombre tan extraño para sus labios.

—¿Mi lady? —Cassandra no dudó en acercarse a ella con total preocupación.

—¿Qué? —responde, agitada.

—¿Qué tiene?

—¿Por qué?

Las dos muchachas sometieron a la otra a interminables preguntas, pero ninguna era capaz de hallar la respuesta que estaba buscando.

Cassandra cerró los ojos por segundos muy efímeros y respiró profundamente—. Usted se despertó pronunciando el nombre de un muchacho. Rhys. No sé con exactitud si usted conoce a alguien con ese nombre porque jamás se ha dejado ver por el pueblo, entonces dudo que se trate de algún campesino, y tampoco hay alguien llamado así en el palacio.

La princesa Helena examinó a su doncella con un poco de recelo; dudaba en si debía confiar plenamente en ella o no, pero... se trataba de Cass. Su sirvienta y mejor amiga. Si no confiaba en ella, no podía confiar en nadie de este mundo.

Helena le contó su sueño con aquel guapo muchacho y le expresó su total desconcierto.

—Pero... ¿Está diciendo que jamás lo ha visto?

La princesa tomó sus manos y las apretó con suavidad.

—Escucha, Cass. Tú más que nadie sabes de mis pesadillas. Te ruego, te suplico que guardes el secreto. Mi padre sabe que suelo tenerlas, pero si llegara a descubrir que algunas veces se convierten en realidad...

Cassandra la abrazó con fuerza para ahuyentar sus miedos.

Si el rey Edmund llegaba a descubrir sus premoniciones, en ese mismo instante sería condenada como hechicera. Pues, después de la muerte de su amada esposa, la magia se ha convertido en su peor enemigo.

Al escuchar que alguien llamaba a la puerta la sirvienta no se demoró en abrir; sus ojos se alzaron hacia el príncipe, y en cuanto él la notó, ella no dudó en hacer una reverencia.

—Helena —llama a su hermana y entra sin pedir permiso. Cassandra deseaba gritarle en todos los idiomas posibles lo grosero y patán que había sido.

—¿Qué pasa?

—Quiero que me escuches con atención —ella asiente y se levanta de la cama con incomodidad. Una parte de sí misma creía haber sido descubierta—. No debes salir por nada del mundo del palacio. —La princesa frunció el ceño. De cierto modo sentía alivio pero también tenía cierta incertidumbre.

—¿Y eso por qué?

—Hay algo... —el príncipe Theodoro la obligó a sentarse de nuevo en la cama, puso una mano en su rodilla para evitar su preocupación—. Algo malo está acechando a Magoria. —Cassandra y Helena intercambiaron miradas.

—Se refiere...

—Así es. —Responde Theo—. Algo malo. Muy malo.

—¿Qué es exactamente? —Preguntó Cassandra con curiosidad, ganándose la mirada del futuro rey.

—No lo sé todavía. Pero es más seguro que permanezcan aquí.

Theodoro se despidió de ellas y caminó con preocupación hacia la sala de reuniones. Siempre había sido el caballero más confiable del rey. El único capaz de hacer y deshacer cuando creía que algo era incorrecto, aunque la orden haya venido directamente de su padre... Pero eso no quiere decir que lo cuestione frente a todos, porque en lo público jamás ha sido capaz de objetar.

—¿Tienes alguna noticia? —exigió el rey.

Theo negó apenas con la mirada en alto—. No. Pero con la ayuda de Quintus estamos tratando de averiguar qué es esta cosa y qué quiere.

—No importa las averiguaciones que hagas, insistiré hasta el día en el que muera, nada me quita de la cabeza que esto es obra de la hechicería. —Theo tenía sus propias dudas sobre eso, pero era incapaz de cuestionar las palabras de su padre.

—¿Tienes más novedades, Quintus? —le pregunta el príncipe una vez que el rey no estaba presente.

—Lo mismo, señor: la piel de la víctima queda en un tono grisáceo, todas tienen manchas oscuras en la piel y parece que sus venas son raíces negras que crecen debajo de la piel.

—¿Encontraste algo en esos libros? —Quintus niega—. Traje a una víctima que seguía con vida, ¿ya despertó?

—Sí, señor. Lo hizo, pero solo balbucea incoherencias. Hasta que no encontremos la cura no vamos a poder averiguar nada.

Theo sintió profunda decepción y no le quedó más remedio que ir e investigar personalmente qué estaba ocurriendo en el reino.

✦ ── ❈ ── ✦

Cassandra le insistió a su princesa que descansara debido a las pesadillas que había tenido la noche anterior, pero aún así, el tormento no se detuvo.

Helena se recostó sobre su cama y su sirvienta la preparó para que durmiera cómodamente. No podía negar su profunda preocupación por su ama, había demostrado ser una excelente persona y sobre todo la quería como una amiga. Cada vez que Helena le contaba sus pesadillas, Ingrid creía que eran aterradoras, incluso ella temía por lo que pudiera pasar.

Esta vez, la joven e inexperta princesa soñó con su hermano.




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